La Unión Europea se jacta de haber democratizado Iberoamérica, Europa Oriental, África y mucho del Asia. Empero, en una semana ha demostrado cuan limitada es su propia democracia.
Primero, porque trata de imponer un nuevo tratado de la unión sin consultar a sus electores y, cuando el 12 de junio la única nación que lo ha votado (Irlanda) lo ha hecho por el NO (y además con amplia participación y margen), varios líderes quieren desdeñar esa decisión y chantajear a dicha república para que vuelva a hacer otro referendo o para que sea marginada en la UE.
Segundo, porque el 18 de junio su parlamento continental adoptó dispositivos anti-inmigrantes que no tienen precedentes en un bloque de democracias modernas. En vez de darles derechos a más de 8 millones de indocumentados que hacen varios de los peores trabajos en sus sociedades, se ordena que desde el 2,010 se pueda encarcelar hasta por 18 meses a los indocumentados y que menores ‘sin papeles’ (aunque hayan nacido en algunos de sus países) puedan ser deportados sin estar acompañados de sus parientes.
La UE -que tantas guerras ha patrocinado contra las ‘limpiezas étnicas’ en la ex Yugoslavia o África- está haciendo una contra sus habitantes ‘irregulares’ cuyo número es similar o mayor al de la mitad de sus naciones componentes.



