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El Salvador, Jueves 24 de Mayo de 2012
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Viernes, 06 de Junio de 2008 / 09:25 h

Roque Dalton, No pronuncies mi nombre. Poesía completa II. Año 2008 Parte (2)

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Ramón Rivas

Como en la entrega de la semana pasada, lo recalco, Roque Dalton partía de que la literatura tenía un papel en la sociedad y era el de contribuir a su cambio. Roque hacía uso de su formación marxista para el enlace de su obra literaria.

Era un genio. En definitiva, se trata de una literatura política. Aunque él dijo que “la poesía fue la que lo llevó a la revolución y no la revolución a la poesía”. 

La cuestión es que la literatura se puede identificar con diversos elementos, diversas ramas: historia, política, religión; pero la literatura no es eso, esta parte de un concepto más grande, amplio, es todo.

Por ejemplo: literatura religiosa, literatura histórica, literatura antropológica, novelas, literatura psicológica, etc. Por ejemplo, el mexicano Carlos Calvais escribe sobre fenómenos sociales y lo hace en una forma literaria excelente.

Y lo mismo hace Eduardo Galeano con su célebre obra Las venas abiertas de América Latina, o Martínez Peláez con su libro La patria del criollo. Igual hizo Pablo Neruda.

Desde una perspectiva histórica no se puede catalogar la literatura de Roque como un panfleto, pero si como una literatura conformada en un período concreto que aún tiene validez.

Vivimos en un país, año 2008, en donde la trampa social y política es una herramienta de manipulación que ocurre a cada momento y a todo nivel y se constata a diario.

Es como que en nuestra sociedad impera ya la cultura del tramposo, del vividor, del mentiroso, y qué se yo qué más.

La pregunta es: ¿Por qué las sociedades llegan a tales extremos y por qué el individuo llega a la aceptación de eso y lo convierte como un hecho hasta cierto punto natural.

La cuestión es que la buena literatura no conoce tiempo.

La pregunta que muchos se hacen fuera de nuestras fronteras patrias es: ¿Por qué la obra de Roque aún tiene vigencia?  La respuesta es clara: porque los problemas a los que él se refería en sus ricos y jugosos monólogos traducidos a poemas aún siguen vigentes.

“Los guanacos hijos de la gran puta/…, los eternos indocumentados, Los hácelo todo/…, lo véndelotodo, los cómelotodo/…  los tristes más tristes del mundo…”.

Roque era un poeta incomprendido por su propia gente,  hasta el extremo de que sus propios colegas lo asesinaron.

Roque, no siendo un vidente, veía y escribía sobre la realidad y, aún hoy en día, los salvadoreños, nuestros compatriotas, se siguen pasando el río, se siguen yendo, como los retrató el poeta. 

Otro elemento del porqué Roque sigue actual es por el hecho de que no hay otro salvadoreño que lo haya superado. Me refiero a su eficacia, a su estilo y a su enorme producción. 

Roque Dalton era un intelectual refinado. Sobre la literatura de panfleto hay que tener cuidado, ya que es la que se usa en determinados momentos político-sociales.

Es ese tipo de literatura, pues también lo es, que tira un mensaje a medias y con un interés definido.

Roque Dalton conocía muy bien las fronteras entre este tipo de seudoliteratura y la suya.

Considero que hay algo muy importante de mencionar, ahora que tengo en mis manos este segundo tomo antológico de Roque editado por la DPI —que merece ser felicitada— ya que este tipo de libros nos llevan a reflexionar sobre muchos aspectos.

Por ejemplo: en el campo de la historiografía el aporte de nuestro poeta y escritor es que se refiere a la lucha de clases en la historia nacional  y destaca el elemento popular como parte de esa trama histórica salvadoreña desde Anastasio Aquino.

Debe de quedar claro que la forma en que Roque aborda la historia es acientífica, ya que usa la técnica literaria del  collage, el sarcasmo… lo bruto.

No utiliza un aporte crítico que sirva de referencia a lo que él señala; son meras conjeturas, no hay fuentes, no hay bibliografía, es decir, un documento que confirme sus aseveraciones.

En el momento actual, donde pareciera que en el país no existe un discurso único sobre la nación salvadoreña, asentada en una identidad decimonónica, la obra de Roque viene a plantearnos que es muy compleja, puesto que participan muchos actores, clases sociales, donde la explotación existe.

El discurso que Roque hilvana no permite formar un concepto de pertenencia nacional,  pues se fundamenta en la lucha de clases.

La gente ahora sigue alabando a Roque Dalton, pero yo estoy seguro de que si este hombre reviviera escupiría a diestra y siniestra y, a lo mejor pataleara, de desesperación, queriendo que en estos momentos hubiese alguien que lo superara.

Hay en este país muchos seudointelectuales que mencionan el nombre de Roque conscientes de que con su propio nombre nunca van a sobresalir, y escriben cualquier cosa sobre él. ¡Cuidado! Muchos nombran a Roque y se autodefinen conocedores de su obra, de su literatura. Esto yo lo veo con sospecha y a la vez con tristeza.

Esto se parece a la música, que es buena donde quiera que sea; pero hay diferentes estilos y gustos.

Algo que considero importante de mencionar es que se nota que en la literatura salvadoreña  seguimos —que tampoco es condenable— usando el vocabulario regional en nuestra literatura.

El peligro de eso es que nos quedamos solo en una región y la literatura tiene que ser universal.

Si se logra universalizar con lo autóctono, enhorabuena.

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