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El Salvador, Jueves 24 de Mayo de 2012
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Martes, 27 de Mayo de 2008 / 10:35 h

Opinando sin política (484)

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Eduardo Badía Serra

En estos momentos todo el mundo habla aquí de las crisis. Ese es el tema de moda. Crisis de los combustibles, crisis de la energía eléctrica, crisis de los alimentos, crisis de justicia, crisis de institucionalidad, crisis….., crisis….., crisis….. Pero lo que verdaderamente hay en el país, además de una severa crisis de pensamiento, es una seria crisis de identidad. Queremos ser lo que no somos, aparentamos tener lo que no tenemos, y eso nos desvanece, nos desdibuja, y nos hace flotar confundidos como parte de una masa informe y gelatinosa sin sustancia ni esencia. Nos hemos negado a nosotros mismos como pueblo, e incluso como personas. Una especie de vanidad vulgar y altanera nos envuelve, impidiendo que nos identifiquemos. La Patria, el Estado, la República, la Soberanía, son conceptos vacíos, pseudoconceptos sin valor ni significado real. El honor, la dignidad, el orgullo, han escapado llanamente de nuestras personalidades. Y donde no hay ser, sólo queda la cosa, la nuda cosa. Eso somos, cosas, nudas cosas, una Patria-cosa, una Nación-cosa, una República-cosa, una Soberanía-cosa, hombres-cosa, mujeres-cosa, cosas- arrojadas-ahí, derelictando siempre, flotando, vegetando, pasando el tiempo, como si el tiempo simplemente pasara. Los salvadoreños, al mejor estilo animal, en lugar de proyectar nuestras vidas, como corresponde a los humanos, andamos por ahí resolviendo nuestras vidas, que es lo propio del león, del oso hormiguero, del caimán, del zopilote, del zanate o del guajolote.

Zubiri decía que el ser persona presupone una cuestión no sólo estructural sino también y fundamentalmente trascendental. La estructura del hombre se representa por su personeidad, pero lo trascendental del hombre está fundada en su personalidad. Se es persona si se tiene personalidad, porque la persona es una realidad formalmente suya. El hombre no sólo ejecuta actos sino también se los apropia, con lo cual le confiere contenido a dichos actos. Sólo así puede ser el hombre un ser estable y continuo. Pues bien, repito, esta personalidad, que constituye nuestra misma y específica identidad, es lo que hemos perdido y debemos recuperar.

E insisto: Tenemos soluciones. ¡Vuelta a la naturaleza! Abandonar un poco esa triste actitud de apariencia de grandeza, detener ese marco alienante que nos limita y coarta nuestras libertades como Nación y como personas, repensar la vida identificando bien su real significado, revalorar la familia, recomponer los círculos cercanos de fraternidad y amistad tan motivadores y tan sanos, ………  abrir el alma a la sencillez, dejar entrar en nuestros aposentos aires nuevos de espiritualidad ……… ¡Comamos, no sólo nos alimentemos!...... Seamos artesanos de nuestras propias necesidades vitales.

Antes que el lujo, una buena vivienda; antes que la codicia propia del avaro, un buen descanso; antes que la soberbia, un buen vestido; antes que la apariencia superficial y fatua, un buen concierto; antes que el celular impertinente, un buen libro; antes que el boato, un buen paseo; en el pasillo, fotos de los abuelos en blanco y negro; en el jardín, rosas y pericos para recordar a nuestros padres; en el corazón, el amor de Jesús; y en la mente, un buen sueño, un buen deseo. Cerremos las puertas a lo superficial y engañoso. Volvamos nuestras miradas hacia adentro, que aquí, en nuestra tierra, no lo tenemos todo, pero casi …….

El hombre ha nacido libre y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas. El mismo que se considera amo, no deja por eso de ser menos esclavo que los demás, decía Rousseau justo en el comienzo de El Contrato Social. Y agregaba: En tanto que un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo y lo sacude, obra mejor aún, pues recobrando su libertad con el mismo derecho con que le fue arrebatada, prueba que fue creado para disfrutar de ella. Pues bien, salvadoreños, ¡Sacudamos el yugo y demostremos al mundo que nacimos para ser libres! Y el yugo nuestro, aquí y ahora, es nuestra falta de pensamiento, nuestra falta de identidad, que nos han sido arrebatados. Cerremos nuestras ventanas, cual monadas leibnizianas, y veamos hacia nosotros mismos. Se los aseguro: Viviremos mejor. Se los aseguro.

Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡No votes! ¡Elije!
¿De política? ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooo oooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooo!
¿Para qué?

De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

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