Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino
El proyecto de OICOS –Solidaridad y TROCAIRE, con la comunidad del Cantón Chambala, en el Municipio de Chinameca, San Miguel, pretenden la conservación de la biodiversidad del volcán Chaparrastique, en San Miguel, a través, de la producción agroecológica, minimizando la vulnerabilidad de la zona.
Miguel Ulloa, representante de 68 familias que viven en la comunidad, explicó que la zona se constituye en una de las principales áreas de recarga acuífera del Oriente del país, por su suelo franco-arenoso, que trabaja como un filtro natural, con nacimientos de agua potable.
Ulloa aseguró que, ante ese hecho, se encuentran trabajando para que toda la comunidad tome conciencia y cambie patrones de cultivo, conservando la biodiversidad de la zona, evitando la erosión de suelos y las descargas de las aguas lluvias en las laderas.
“Estamos a 600 metros sobre el nivel del mar, aquí hemos trabajado construyendo una docena de fosas de infiltración, que van de los 2.50 metros de ancho por 3 metros profundidad, que llamamos resumideros, para que el agua que baja se vaya por ahí al subsuelo, y evitamos así la erosión del suelo y la introducción de acequias y barreras de ladera para mitigar los riesgos de deslizamientos de las pendientes del volcán”, señaló.
Marta Estrada, encargada del proyecto de OICOS - TROCAIRE, explicó que al minimizar las amenazas de vulnerabilidad de los habitantes, se fortalece el autosostenimiento de las familias que se dedican a la producción agrícola en la zona.
“Estamos trabajando en una producción agroecológica y agricultura orgánica, con el fin de reducir su situación de vulnerabilidad y renovar los recursos de la zona con la meta de implementar un desarrollo sustentable”, explicó.
Entre los planes agroecológicos, se contempla la construcción de un centro de acopio, que permita a los miembros de la comunidad poder comercializar a buenos precios y conservar intacta la cosecha.
“Los productores han tenido que vender a precios muy bajos, por la inminente pérdida de la cosecha; aquí el cultivo de la cebolla es importante, entonces, se trabaja en venderla seca (sin tallo), como la venden los supermercados; también, se proyecta venderla por medio de encurtidos, que es otra fase y en ésta, se involucrarán las mujeres de la comunidad, que harán el proceso de preparación y embotellamiento del producto, queremos que ellos sean autores de su desarrollo”, aclaró.
Sobre el tratamiento de plagas y abonos, Estrada, señaló, que todo es orientado a insumos agrícolas orgánicos, preparados por la propia comunidad, con el fin de darle un valor agregado al carecer de componentes químicos.
Para Ulloa, las oportunidades de la comunidad están ligadas al cambio del patrón cultural en la siembra de los cultivos y en el manejo de los recursos naturales del suelo y el agua.
“Ya no debemos permitir deslaves por las descargas de aguas lluvias, en el volcán (Chaparrastique), es importante elaborar las barreras, las acequias, los resumideros, renovar los cultivos, pero debe ser un esfuerzo largo y cumpliendo estrictamente con la protección del medio ambiente, y esto significa no usar cosas extrañas como los transgénicos que además de no ser nativa, son caras, un saco de abono de esos cuesta 60 dólares, y es químico, es más contaminante”, señaló.
El proyecto que tiene una orientación socio económica de equidad, afirmó Marta Estrada, permitirá a mediano plazo, recuperar el área de la subcuenca que mide aproximadamente 39.6 kilómetros cuadrados, por una longitud de 18 kilómetros y una elevación máxima de 2 mil metros sobre el nivel del mar.
“Si ayudamos a conservar la microcuenca que da al río Grande de San Miguel, vamos a comenzar a evitarle problemas sociales, salud y de vida a las comunidades, ante el cese de desprendimientos de las laderas del volcán; se protegerá de manera adecuada el suelo natural y se hará junto a la comunidad bajo normas ecológicas y que la gente esté dispuesta porque lo ha interiorizado, ese ya es un logro”, puntualizó.



