Isaac Bigio
Antes de las primarias demócratas del 22 de abril en Pensilvania los adversarios de los Clinton pedían ‘que gane Obama para que no siga el drama’. Empero, Hillary ganó por 10 puntos. Mientras Obama reclama que él es el precandidato que ha conseguido más votos, Estados y delegados, ella le retruca que si se reconociesen las internas anuladas de La Florida y Michigan ella estaría adelante en votantes.
A estas alturas resulta imposible que Obama o Clinton consigan los 2,050 delegados necesarios para ser proclamados. Esto conducirá a que quienes diriman sean los jefes partidarios y la convención demócrata que se dará dos meses antes de las presidenciales del 4 de noviembre; y que La Florida y Michigan quieran imponer sus resultados o que se llamen allí a nuevos comicios.
Obama, si bien penetra en sectores medios y votantes republicanos, no cala en la base tradicional u obrera de los demócratas. La pugna intra-demócrata beneficia a Bush quien, pese a ser impopular, puede esperanzarse en que con esa crisis su partido se quede en el poder.



