Carlos Girón S.
Vuelve a ser noticia, aunque no nueva, el caso de los bancos pillados con las manos en la masa, haciendo “cobros indebidos”, o sea robos descarados a los usuarios del sistema. Lo mismo cabe decir de las emisoras de tarjetas de crédito. A saber por qué al leer tales noticias la gente recuerda las sanguijuelas, que chupan la sangre a seres vivos. Y lo que nadie alcanza a entender es que tales cosas se den en entes que son de lo más representativo del sistema capitalista y de la tan alabada economía de mercado o de libre competencia.
Aunque en las informaciones periodísticas no se consignan los nombres de los bancos ni de los emisores del “dinero plástico”, eso para no dañar su imagen, su prestigio y honorabilidad, rápidamente el público los ha adivinado, sabiendo que son la mayoría, si no todos.
En su loable y noble labor, en su afán de proteger y defender de veras los intereses de la población, sabiendo cómo se halla expuesta a toda clase de estafas y engaños, la Defensoría del Consumidor se ha atrevido, con las leyes en la mano, a la par de la Superintendencia del Sistema Financiero, a penetrar con auditorías en las entrañas del monstruo de muchas cabezas. ¿Qué creen que han hallado? Otro cúmulo de sorpresas desagradables y bochornosas. Por ejemplo, hacer firmar a la gente “pagarés” en blanco, no entregarles copias de los contratos, cobros por mora o de intereses sobre intereses, etc., etc.
Al proseguir las pesquisas no será remoto que se descubran otras prácticas igualmente mañosas que Dios sabe desde cuándo vienen cometiendo estas entidades sobre las que una vez más caen el dedo acusador y sanciones legales a las que se hacen acreedoras, las cuales debe obligárseles a cumplir. Se ha dicho muchas veces que aquí la ley es pareja. Aguardemos, a ver si es cierto, y que sea pronto.
Como complemento de los chistes anteriores, apareció a la par la información del reintegro forzoso de más de 4 millones de dólares que CREDIFÁCIL ha estado haciendo por haber esquilmados a sus favorecedores que son los clientes.
El público considera que los mal llamados “cobros indebidos” constituyen delitos porque violan leyes de la República (Ley de Bancos y Ley de Protección al Consumidor), y deben ser juzgados en base a los códigos penales, con mayor razón por ser reincidencias.
Son reincidencias pues ya el Tribunal Sancionador de la Defensoría del Consumidor aplicó hace varios meses fuertes multas a varios bancos por cometer esta misma clase de fraudes, ordenándoles devolver a los usuarios los muchos miles de dólares esquilmados de diferentes maneras, igual que se ha vuelto a descubrir con las auditorías. Además de condenarlos a devolver lo que no era suyo, se les impusieron sanciones económicas de muchos miles de dólares.
Los bancos consideraron injustas las sanciones y buscaron amparo ante la Corte Suprema de Justicia. Curioso que no pidieran también recurso de Habeas Corpus. La opinión pública quedó pendiente de si se admitió o no el recurso de amparo, pues no se ha dicho nada. Mientras tanto, mientras no se conozca la resolución, los entes financieros siguen sacándole provecho a los millones cobrados de más. Con esa idea fue que buscaron el amparo, pues se sabe que los trámites judiciales llevan su tiempo, pero se espera que la Corte fallará luego a favor de los usuarios afectados. Sería insólito que se diera lo contrario.
Todos en estos momentos estamos sintiendo lo duro de la situación económica y social que vive el país. Todos sabemos también que la mejor manera de enfrentarla y seguir adelante es redoblando esfuerzos de trabajo y productividad a todos los niveles. Nadie puede quedar fuera de esta patriótica tarea dando su aporte, pequeño o grande. Y en lo posible, aunque difícil por la espiral creciente del encarecimiento del costo de vida con la generalidad de los bienes de consumo y de producción, tratar de ahorrar, ahorrar sobre todo parte de las remesas que envían a sus familias los hermanos que trabajan y viven en el extranjero, y no derrocharlas en la divierta y el consumismo innecesario y suntuario. Es cosa de resistir los halagos de la tentación –entiéndase el cañoneo de la publicidad. En todo ese esfuerzo que nos toca hacer a los salvadoreños es una grosería lo que hacen la banca y los emisores del dinero plástico que, en vez de contribuir a remontar la crisis, se dedican a esquilmar al pueblo trabajador, desalentando el hábito del ahorro y cobrando altos intereses por los créditos de trabajo. Eso no es hacer patria, pero se comprende dado que ahora, para mayor desgracia, los bancos son extranjeros y quizá por eso están cometiendo tantas sinvergüenzadas en contra de nuestro estoico pueblo.



