Los esposos Hernández Serpas piden andaderas para poder movilizarse, y colchonetas, ya que en las que duermen están en mal estado. Foto: Ricardo Chicas Segura
Leonor Cárdenas
Redacción Diario Co Latino
Una pequeña “champa” de lámina, es la que diariamente brinda abrigo y protección a Francisca Concepción Cruz, quien debido a la falta de trabajo, no puede darle una vivienda digna a sus tres hijas.
«Cada vez que me acuesto a dormir, miro al cielo por los hoyos del techo y trato de olvidar mi triste realidad, de una en una cuento las estrellas y poco a poco me quedo dormida», relata Cruz, desde la puerta de su humilde casa, madre soltera, que se suma a las cifras de mujeres desempleadas de El Salvador.
No es la única que en verano disfruta de las bondades del cielo y en invierno sufre las inclemencias de la naturaleza. Junto a ella viven sus tres pequeños tesoros, Ingrid de 11 años, Marina de 9 y Laura de 6 años de edad, quienes desde su nacimiento han tenido que vivir en un mundo de pobreza.
De uno en uno, se cuentan los «hoyos» que noche tras noche permiten la entrada de la de luz de la luna y los primeros rayos del sol.
La vivienda de Francisca está ubicada en el pasaje El Paraíso, Calle Principal, Labor 1, de la Colonia Amatepec, en el Municipio de Soyapango.
Sin embargo, no todo lo que entra por los huecos de la casa es bueno, ya que todos los años, al llegar el invierno, la «champa» en la que vive desde hace 14 años, se convierte en una pequeña catarata en la que tanto sus habitantes como los pocos recursos materiales que se encuentran dentro, son mojados por las gruesas gotas que sin pedir permiso entran a la humilde residencia.
La humilde «vivienda», en la que habita la joven madre y sus pequeñas, está a punto de caer, tanto así que da miedo hasta tocarla.
Con mucha tristeza comentó que desde el nacimiento de su primer hijo, Jonathan, ha tenido que enfrentar sola los desafíos de vivir en un país, en el que diariamente se agudizan las cifras de desempleo, pobreza, migración y alzas en los productos de la canasta básica y servicios públicos.
«Debido a la falta de un empleo permanente no puedo darle a mis hijas todo lo necesario para vivir, debido a la crítica situación económica en la que vivo, mi primer hijo se fue de la casa y se integró a las pandillas hoy vivo sola con mis tres hijas», comentó, con voz temblorosa al momento que se cubría el rostro para secarse las lágrimas.
Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), solo el 41.4% de las mujeres tienen participación dentro del mercado laboral «esto se debe a la marginación y desigualdad de género que existe», manifestó Raquel Caballero, Procuradora Adjunta para la Defensa de los derechos de la mujer y la familia de la PDDH.
«Un 58% de las mujeres salvadoreñas, no cuentan con un empleo remunerado de estas un 60% son jefas de hogar», agregó.
Por su parte, la directora ejecutiva de la Organización de Mujeres Salvadoreñas (ORMUSA), aseguró que el desempleo, es uno de los factores que agudiza la pobreza y migración de miles de salvadoreñas que luchan por sobrevivir y sacar adelante a sus familias.
Francisca Concepción Cruz, de 30 años de edad, vive en una situación de pobreza y pide ayuda a cualquier persona de buen corazón para mantener a sus tres hijos. Foto: Ricardo Chicas Segura
De estas cifras de madres solteras y desempleadas, forma parte Francisca, quien junto a sus cuatro hijos ha tenido que vivir rodeada de pobreza y hambre.
Dirigiendo su mirada al suelo y tocándose el pecho, Cruz dijo que le parece muy «doloroso ver a mis hijas tan pequeñas y yo sin un empleo seguro, ya que lo único que hago de vez en cuando es lavar y planchar, pero desde diciembre no me ha salido mucho trabajo».
La joven madre dice que gana tres dólares por lavada o planchada, pero «eso no me alcanza, para solventar las necesidades de mi hogar, ya que hay días en los que no tenemos ni para comer», comentó con voz suave y pausada.
Debido a la necesidad de esta familia, un grupo de jóvenes del Complejo Educativo Católico Fray Martín de Porres, ubicado en esa localidad, ayudó con víveres por unos cuantos meses a Francisca y sus pequeñas hijas. Sin embargo, esta ayuda ya no llega a la casa de Cruz, quien vive con la esperanza de encontrar un empleo y una vivienda digna que garantice la seguridad de sus tres pequeñas hija.
Pero no sólo las madres solteras sufren la falta de una vivienda digna y alimentación, ya que muchas personas de la tercera edad, también viven en el olvido, tanto de sus familias como del gobierno.
Ese es el caso de Esther Hernández, de 89 años de edad, y su esposo Humberto Serpas, dos ancianos que desde hace más de 20 años viven de la caridad de sus vecinos.
Una casa a punto de caerse, es la que desde hace más de 20 años brinda techo a Hernández y su esposo, quienes noche tras noche recuestan sus cansados cuerpos en camas en la que viejos resortes y unos pedazos de sábanas sirven como lecho.
Para Hernández, quien reside en la Colonia San Ramón, del Municipio de Ciudad Delgado, son pocos los días o años que podrá seguir viviendo, ya que tanto ella como su esposo, sufren diferentes enfermedades como derrame, gastritis y dificultades al caminar, las cuales debido a la falta de tratamiento, buena alimentación y cuido empeoran cada vez más.
Su mirada cansada y desoladora, muestran la tristeza y el dolor de vivir en un mundo rodeado de soledad.
Mucho se habla en el país de reducir la pobreza, el desempleo, migración, violencia y delincuencia, pero poco se hace por evitar cada uno de estos problemas que diariamente enfrentan miles de familias salvadoreñas.
Frases como “un gobierno con sentido humano”, «las únicas promesas que valen son las que se cumplen», son difundidas constantemente a través de los medios de comunicación, frases que prácticamente están escritas en papel muerto, ya que basta con recorrer algunas zonas del país, para ver la extrema pobreza en la que vive la mayor parte de la población, y la falta de aplicación de lo que anuncia la propaganda.
Durante los períodos electorales cada uno de los candidatos, sobre todo de derecha, han prometido cambiar las condiciones de vida de los salvadoreños, ofreciéndoles empleo, educación, salud, vivienda. Sin embargo, a 20 años de gobierno del partido de derecha (ARENA), la población sigue enfrentando constantes incrementos en los productos alimenticios, servicios públicos, desempleo, escasez de medicamentos en los hospitales, entre otros.
Según representantes del Bloque Popular Social (BPS), el problema de la pobreza, se ha incrementado con la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC), pues, hoy todo se importa, el país ya no produce para favorecer a las grandes mayorías, sino a un pequeño grupo exportador e importador.



