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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Miércoles, 26 de Marzo de 2008 / 11:54 h

Misión Milagro en El Salvador (I)

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Ricardo Martínez Martínez
Especial para Diario Co Latino

“Había escuchado a otras personas que recuperaron su visibilidad completa después de ser operadas en Venezuela, las veía yo misma y me parecía ser un sueño, pero ahora estoy viviendo directamente la experiencia gracias a los esfuerzos de un pueblo hermano que extendió su apoyo y solidaridad para curarme”, expresa Iris Elina Delgado de 62 años y originaria de Apopa.

La Misión Milagro, programa de operaciones de la vista, “me devuelve las esperanzas que había perdido y me alegra que pronto recuperaré el pedazo de vida que perdí por años”, apunta.

Una evaluación ocular por un especialista y un examen médico que acredite condiciones para ser operada, permitieron que Iris Elina fuera beneficiada de la Misión, iniciativa humanitaria de Venezuela en El Salvador desde el año 2005 para personas con problemas de Pterigión y Cataratas.

Es también un programa de asistencia social del proyecto regional la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), integrado por los países Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Nació a iniciativa de los presidentes de Venezuela y Cuba, quienes en agosto de 2005 firmaron el Acuerdo de Sandino para alcanzar la meta de 6 millones de personas del continente americano atendidas por males de los ojos en un lapso de 10 años.

Ecuador, Colombia, Perú y El Salvador son algunos de los países beneficiados y que han recibido a doctores especialistas de los países promotores.

La atención a la señora Delgado, como a más de dos mil salvadoreños, es resultado de los compromisos de solidaridad adquiridos con la gente humilde del país que por su condición carecen de asistencia de salud integral.

Al tiempo que hace fila a las afueras del Aeropuerto Internacional para chequear sus documentos personales y realizar el viaje para la operación de su ojo izquierdo, la mujer madura muestra sentimientos encontrados: la alegría de recuperar la vista de uno de sus ojos, y el dejar a los suyos en la tierra propia como un breve palpitar de desarraigo, marcado con las lágrimas y el llanto de ella misma y de quienes deja atrás.

Pero Iris Elina sabe que el destino inmediato es curarse y poder ver con claridad los primeros destellos de la luz solar que, día a día, pintan multicolor el horizonte, tal como lo hacía antes de perder su trabajo al agudizarse “el mal de la pobreza” como lo llama. Su esperanza de una vida mejor depende de la operación que recibirá en el país sudamericano.

Para la señora, la vista parcial “es andar errante a medio camino, como el paso de los pobres de este país”.

Y es que en El Salvador sí existen las condiciones técnicas y humanas para realizar operaciones de la vista, pero a un costo económico alto que la mayoría de las familias no alcanzan a cubrir, mientras que las empresas y locatarios carecen de programas de asistencia social para sus trabajadores, aunque las leyes nacionales lo sentencien.

“Entre 1,500 a 2,000 dólares cuesta una operación de Cataratas y esperé el día en que podría ahorrar unos pesos para cumplir mi sueño, pero fue en vano, nunca logré ni siquiera juntar 10 dólares y regresar con el médico particular…”, rememora con amargura.

Iris Elina Delgado pertenece a una familia de 20 miembros, entre hijos, nueras y nietos, a los cuales debe aportar parte del sostén y apoyo económico.

En su calidad de desempleada crónica, se gana la vida en las calles vendiendo ropa, comida, dulces o lo que de mercancía tenga para subirse a los camiones o andar en las calles de San Salvador.

Algunas veces decide trabajar por las tardes y noches en las pupuserías de su colonia, con escasos tres dólares de ingresos.

Cargada de emoción antes de tomar el avión, la señora Delgado deja escapar el sentimiento en diminutas gotas de agua que inundan sus ojos y multiplican los casos que detrás de ella, en la misma fila, aparecen con otras historias de desdichas y tristezas.

Mientras varios pacientes esperan imbuidos en sus penas y alegrías, grupos de personas de varios puntos y regiones del país, San Salvador, Bajo Lempa, Santa Rosa de Lima, van arribando a esta estación itinerante, de dos viajes o tres por mes.

Con sus pequeñas maletas y bolsas de mano, vestidos como un día cualquiera de su cotidianidad, haciéndose de amigos entre ellos y ellas, platicando sus temores por nunca haberse subido a un avión y mucho menos viajar a otro país, y con las experiencias que han escuchado sobre las operaciones de los ojos en Cuba y Venezuela, los pacientes marcan el clímax o suspensión de lo que podría ser un obra teatral: Viajeros con destino “Milagro”.

De diferentes edades, sobre todo ancianos y ancianas, pero también algunos jóvenes, se organizan con sus respectivos coordinadores para cruzar la línea divisoria y abordar el avión hacia Caracas. Y el telón se abre. Comienza la puesta en escena, la ida y el regreso, de la obscuridad a la luz, de la ceguera a la vista.

En la capital venezolana estarán por dos semanas para la operación y la recuperación. Regresarán al país y tras ser dados de alta, las personas pueden reintegrarse a su campo laboral o a sus actividades cotidianas con una nueva etapa de su vida que las marcará definitivamente. Más de 2000 salvadoreños y salvadoreñas lo constatan al ser beneficiados de manera directa.

Los preparativos médicos
Los pasajeros que vuelan en este viaje suman 98. Se trata del sexto envío de pacientes en este año y el número 29 desde que comenzó el programa humanitario en diciembre de 2005.

Coordinadores, técnicos, médicos y personal de la Embajada venezolana son los responsables de la movilización de los pacientes en tres fases: preparación, operación y post operación.

El doctor Juan José Vides explica en torno a la primera fase: “llevamos un proceso médico de preparación que conlleva la sensibilización de los pacientes.” En ese marco, lo primero es reconocer que “la gente tiene una enfermedad y que ella misma se sienta paciente atendida, no tratamos con enfermedades, sino con seres humanos.”

En ese sentido la salud es comunitaria y social, orientada a la prevención de enfermedades y, en este caso, a la curación de la gente y no a la desaparición de la enfermedad. “Se atiende a ‘José Pérez’ y no a una Catarata”, indica.

Primero se realiza la captación oftalmológica del paciente, segundo, se pasa a una evolución integral de su salud con un médico general y, tercero, cuando hay pacientes que tienen una enfermedad crónica que acompaña el mal de la vista o que las personas sobrepasan los 60 años se realiza una evaluación del funcionamiento del corazón.

De esta forma, a los pacientes se le trata de manera integral, se les hace un chequeo y se les ubican otros males que los aquejan para remitirlos con los especialistas y doctores competentes, y si se encuentran en condiciones óptimas para operarse son acreditados para ser beneficiarios de Misión Milagro.

Dentro de la atención integral existe la posibilidad de que en el viaje a Venezuela vaya un psicólogo acompañando a la gente, “porque muchos de ellos (los pacientes) nunca han viajado en un avión y eso conlleva cierto stress”.

Incluso, comenta Vides, que en algunos momentos “hasta dentistas han viajado para dar información sobre hábitos de higiene.”

Wladimir Ruiz Tirado, Encargado de Negocios de la República Bolivariana de Venezuela, explica que la Misión Milagro “es una misión absolutamente gratuita” y los doctores y médicos acompañantes no reciben ningún sueldo ni recompensa económica por sus servicios.

Lo que hay que tener claro, prosiguió, “es que es una misión humanitaria, es decir, que no rinde beneficios económicos a los médicos que participen de ello.”

Invitó a todos los médicos salvadoreños y especialistas en oftalmología “que tengan espíritu de solidaridad” a que participen con sus conocimientos y “destrezas por el bien común”.

El programa, que en poco tiempo sumará los 30 vuelos San Salvador- Caracas y así colocarse en el primer país, fuera de Cuba y Venezuela, con mayores intervenciones oculares, será permanente en El Salvador “hasta que las necesidades sociales así lo requieran”, concluyó Ruiz Tirado.

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