La doctrina impulsada por Monseñor Óscar Arnulfo Romero fomentó el respeto a los Derechos Humanos y la convivencia armónica entre la población. Foto: Diario Co Latino/Beatriz Menjívar
Marielos Márquez
Redacción Diario Co Latino
Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue un maestro vanguardista al representar los derechos humanos de los salvadoreños ante las cortes y la justicia de El Salvador.
Así fue descrito el mártir por el Director ejecutivo del Instituto Interamericano de los Derechos Humanos (IIDH), Roberto Cuéllar.
Romero fue recordado este 24 de marzo, al conmemorarse los 28 años de ser asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la colonia Miramonte.
Romero recibió un impacto de bala en el corazón, por un francotirador, financiado por el fundador del partido ARENA, Roberto D’Abuisson, según la Comisión de la Verdad.
Para Cuéllar, Monseñor Romero fue pionero en la lucha por los derechos humanos en El Salvador.
«Cuando no habían servicios de derechos humanos en América Latina. Él hacía investigaciones de campo, de terreno, de las circunstancias mismas de los hechos», dijo.
«Él fue pionero en este trabajo porque exigió a sus abogados y a su equipo jurídico una certeza de los casos que sucedían, por eso ningún gobierno pudo decirle a Monseñor que alguno de los casos que denunció en sus homilías era falso o inventado», destaca el Director del IIDH.
«El servicio de Socorro Jurídico fue de los primeros, porque Romero lo respaldaba, y porque con visión de futuro visualizó que eran los derechos humanos en El Salvador cuando en aquella época no existían tratados, pactos o convenciones internacionales».
Cuéllar consideró que Monseñor fue precursor de la lucha y la defensa de los derechos humanos, ya que se ofreció a los pobres y desposeídos del país.
Además, «su iglesia se vio representada en él, a la muerte de sacerdotes, el asesinato de religiosos, catequistas, de celebradores de la palabra».
Durante un buen tiempo, en la oficina del Arzobispo de San Salvador, en el Seminario San José de la Montaña, se veía una fila enorme de personas que querían hablar con Monseñor Romero, él era quien recibía las denuncias de violaciones antes que nadie.
Cuéllar señaló que Romero era «exigente en las cuestiones legales, era riguroso en la certeza de los hechos», y fue así como llegó el momento en que el arzobispado decidió que todos los casos de violencia pasaran por la oficina de Socorro Jurídico.
Socorro Jurídico se organizó entre 1976 y 1977, con un grupo de abogados y estudiantes de derecho para defender y representar a la gente más pobre de El Salvador.
Éste estaba amparado por la Orden Jesuita del país. Al inicio, sus instalaciones estuvieron en el Externado San José.
Según Cuéllar, la mayoría de quienes conformaban el grupo eran ex alumnos de los padres jesuitas y tenían estudios en Ciencias Jurídicas, sus propios bufetes y despachos jurídicos, pero dedicaban un día de la semana para trabajar para atender a los pobres. Roberto Cuéllar formaba parte de ese equipo.
La cercanía de Socorro Jurídico con la iglesia católica había sido estrecha por el servicio que prestaban a la gente pobre.
Sin embargo, Cuéllar destacó que «cuando murió el padre Rutilio Grande, Romero se preguntó quién representaba a la iglesia y le respondieron que abogados muy jóvenes».
«Él se sorprendió al ver lo joven que éramos y que ya estábamos en esa actividad jurídica, en medio de las circunstancias tan críticas que vivía el país», cuenta Cuéllar.
A partir de ese momento pasaron a formar parte del equipo jurídico de Monseñor. «Nosotros lo acompañamos en su anuncio, en su denuncia, en su proclamación de la verdad de los derechos humanos de esa época», dijo y que Monseñor fue, para quienes conformaban el equipo, un amigo.
«El fue alguien que nos alentaba a seguir adelante cuando estábamos decepcionados del derecho en El Salvador», señaló Cuéllar y que en esa época se perdían todos los juicios frente a los jueces, las cámaras y los magistrados. «Era una justicia, no solamente, corrupta, impune, era una justicia venal, que no cumplía con los preceptos fundamentales de la constitución».



