El Sacerdote Jon Sobrino, en la Cripta de Catedral, durante su ponencia sobre la vida del mártir Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Foto: Diario Co Latino/Beatriz Menjívar
Marielos Márquez
Redacción Diario Co Latino
A 28 años de su asesinato, Monseñor Oscar Arnulfo Romero es descrito, por quienes lo conocieron, como «profeta, mártir y pastor» de la Iglesia Católica de El Salvador.
Jon Sobrino, sacerdote jesuita y teólogo, señala que Monseñor Romero tenía razones para ser llamado profeta. Una que se le atribuye a Romero es «decir siempre la verdad».
Y es que según el sacerdote jesuita, esta razón sigue vigente hoy en día, sin embargo, los medios de comunicación, que son llamados a decir la verdad, no la cumplen. «Ellos sacan en primera página los lunes lo que les parece importante, sin embargo, esa no es la verdad de El Salvador», agrega.
«Decir verdades importantes, no querer inventar nosotros la realidad o lo que es importante», dijo Sobrino, para quien los medios de comunicación están llamados a informar sobre los actos de violación de derechos humanos.
Además, sobre las principales necesidades que tiene el país, están llamados a denunciar la corrupción que hay en el sistema judicial y no lo hacen.
Jon Sobrino señaló que hay que decir la verdad por compasión, pues al esconderla nos deshumanizamos.
Monseñor no callaba las violaciones de derechos humanos que se producían en el país, en aquella época.
«Monseñor Romero fundó la memoria histórica en el país, porque en cada una de sus homilías hacía memoria de todos y cada una de las víctimas que habían llegado a su despacho», dijo.
No importaba la cantidad de denuncias «el sabía los nombres de todos y los decía... recordaba y señalaba a los grupos que cometían las masacres y crímenes si era la Fuerza Armada o la guerrilla igual lo decía», agregó Sobrino.
En la actualidad, sigue vigente esta razón, ya que «no se pueden ocultar las agresiones a los derechos humanos que se producen en el país, no se puede obviar la corrupción que se produce en el país.
Y para dar solución a esta situación es necesario revertir la historia, un cambio radical, esto es lo que nos proponen los profetas».
El sacerdote también se refirió a que nadie debe quedar en el anonimato, porque se debe poner el nombre por dignidad. Eso lo sabía Monseñor, agrega Sobrino.
Él no dejó a nadie sin nombre en cuanto pudo. Para Sobrino esta característica es importante, ya que brindaba a las madres de las víctimas, apoyo y las reconfortaba. «Romero fue un hombre de Dios que tuvo la mirada limpia para ver la verdad y tuvo la convicción de que Dios le llamaba», señala.
Para el teólogo, Romero fue, es y seguirá siendo un profeta que denunció el pecado, dijo la verdad y proclamó el evangelio para un pueblo que necesitaba consuelo en una época en la que las esperanzas eran pocas. Romero dio voz a aquellos que sufrían atropellos, abusos por parte de los grupos de presión.
Apoyó a los movimientos sociales que surgieron en esos años, sin embargo, destaca que no solo les brindó el apoyo, también los corrigió cuando perdían el rumbo y se llenaban de sentimientos de autosuficiencia por pertenecer a algún movimiento social.



