Este está entre los dos colosos asiáticos (India y China). Es parte de China pero con su propia autonomía, lengua y cultura. Hasta los años cincuentas Tíbet era regido por una teocracia totalitaria (que se ligó a los nazis) y tenía una de las sociedades más oscurantistas, feudales y atrasadas del globo.
Mao repartió las tierras del clero e inició la industrialización y repoblación del Tíbet. También colocó a su propia autoridad religiosa (Pachen Lama) en contraposición al Dalai Lama exiliado en India y cortejado por Occidente.
Aprovechándose de la cercanía de las olimpiadas muchos sacerdotes budistas iniciaron marchas que se han extendido a Gansu, Qinghai y Sichuan, y que han generado saqueos a negocios chino-musulmanes. Pese a que el Dalai Lama habla de cien muertos, el único medio occidental allí presente (The Economist) duda de ello o de que haya una gran masacre tipo Tien Nam Men.
Moscú apoya a Beijing, pero Occidente quiere aprovechar los incidentes para presionar a que China ‘des-socialice’ su sistema económico y político.



