Por más que Obama gane nuevas contiendas dentro de los demócratas es
casi imposible que él llegue a la cifra de 2,025 delegados con lo cual
él asumiría la nominación de su partido. Aunque Clinton repita sus
triunfos hechos en Texas y Ohio en Pensilvania u otros Estados ella no
podría lograr tal meta o si quiera superar a su rival.
Los republicanos ya eligieron a su candidato (McCain) por que poseen un
sistema donde el que gana en ciertos Estados se queda con todos los
delegados de éste. Los demócratas tienen representación proporcional: un
sistema más ‘justo’ que también incentiva la lucha interna y podría
hacer que su presidenciable no sea electo por las decenas de millones de
sus afiliados sino por menos de 800 jefes del partido.
Si la pugna no se resuelve pronto los demócratas podrían repetir su
tragedia de 1980 cuando su Convención escogió a su candidato y eso
contribuyó a que Reagan arrasara en las elecciones.
Obama y Clinton podrían acabar como esas dos ardillas que de tanto
pelearse por una nuez fuesen devoradas por un lobo.



