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El Salvador, Jueves 02 de Octubre de 2014
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Jueves, 06 de Marzo de 2008 / 08:56 h

La Masacre de Tenango y Guadalupe

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Iván C. Montecinos

El pasado sábado 23 de febrero, en la comunidad de Tenango, del municipio de Suchitoto, se realizó una conmemoración muy especial, se recordó a más de 250 víctimas que murieron en una masacre que realizó el ejército hace 25 años.

La conmemoración se realizó en el mismo lugar donde ocurrieron los sangrientos hechos, un 28 de febrero de 1983, aquí se hicieron presentes más de 400 personas, entre las que se encontraban familiares, amigos de las víctimas, sobrevivientes, miembros de comunidades religiosas y estudiantes de la Universidad de El Salvador.

En el acto se escucharon dolorosos testimonios de los sobrevivientes, se pasaron unos videos y hubo participación de grupos musicales, ya entrada la noche se realizó una procesión de farolitos por los alrededores de la comunidad y posteriormente se realizó una misa oficiada por el sacerdote Rutilio Sánchez, mejor conocido como Padre Tilo, luego se continuó con una vigilia.

De esta manera se recordó lo ocurrido aquel 28 de febrero de 1983, cuando el ejército, en el marco de una gran operación militar llamada “Guazapa 10” asesinó a más de 250 personas entre los que habían niños, mujeres y ancianos.

Una parte de los asesinados procedían de las zonas del cerro de Guazapa y otros eran residentes del lugar de Tenango y Guadalupe. Esto sucedió cuando estos civiles trataban de huir del operativo con rumbo a una zona del departamento de Cabañas.

En el operativo militar participaban  diferentes unidades del ejército, entre las que se encontraba el tenebroso Batallón Atlacatl, especialista en operaciones de contrainsurgencia, conocidas como “tierra arrasada” y que en años pasados había participado en este tipo de acciones como la masacre del Mozote, ocurrida en Morazán, el 11 de diciembre de 1981.

Según relatos de los sobrevivientes de Tenango y Guadalupe, esta operación militar fue dirigida específicamente contra la población civil indefensa cuya tabla de salvación era llegar hasta la zona de Cinquera, conocida en aquella época como “Radiola”, pero en la huida fueron detectadas aquellos cientos de personas que en un primer momento fueron atacados con fuego de artillería y posteriormente sufrieron un bombardeo aéreo.

Para el 28 de febrero, los soldados cercaron las filas de civiles que huían y comenzaron a dispararles a los que se corrían, muchos fueron capturados y posteriormente asesinados a sangre fría.

La joven Yanira Reinado, es una de las sobrevivientes de la masacre Tenango y Guadalupe, en aquel tiempo ella tenía apenas cinco años, pero tiene fresca en su memoria muchos de lo que sufrieron, sus padres y dos hermanos, aquel fatídico día.

Yanira cuenta que ellos vivían en Tenango y recuerda haber visto la gran cantidad de personas que llegaban de otros lugares y que iban en “guinda” huyendo de los soldados.

Ella y su familia se sumaron a los centenares de campesinos que huían y tiene muy viva en su memoria cuando los aviones les bombardeaban y su madre se tiraba sobre el cuerpecito de su hija de nueve meses para protegerla y evitar fuera alcanzada por las esquirlas de las bombas.

En un momento de calma el padre de Yanira, separó a la familia  del grupo de gente que corría horrorizada y así lograron salvar la vida, ya que dice los bombazos caían donde se encontraba las grandes concentraciones de personas.

Yanira rememora que andaba sin zapatos y en la angustiante carrera no sentía las piedras y espinas del camino.

Esta joven superviviente recuerda que llegaron a lo alto del cerro Guadalupe y de ahí podían ver como los aviones “vomitaban fuego” sobre los indefensos campesinos, luego siguieron camino hacia Radiola encontrándose con personas que en improvisadas hamacas llevan a niños heridos y quemados.

Lograron sobrevivir gracias a la astucia del padre de apartarse de las grandes concentraciones de personas.

Después de este dramático episodio, Yanira y su familia se fueron a la conflictiva zona de Chalatenango, donde vivieron muchos años en una forma nómada huyendo de los operativos militares, hasta que se asentaron en una de las repoblaciones de la zona donde aún viven su familiares

Yanira ha logrado superar los traumas de la guerra, estudió hasta donde pudo en su lugar de residencia y actualmente cursa la carrera de arquitectura en la Universidad  Centroamericana José Simeón Cañas(UCA).

Ella, al igual que muchos sobrevivientes regresaron el 23 de febrero a Tenango para rendir tributo a sus mártires  y recordar esos momentos tristes y dolorosos de un pueblo que no olvida y que espera pacientemente porque algún día en el país haya una verdadera paz, pero con justicia.

Esta es la importancia de la memoria histórica, recordar para que estos trágicos y sangrientos hechos no vuelvan a ocurrir jamás.


“Y ahora escribe” Iván C. Montecinos, periodista colaborador de Raices y Diario Co Latino.

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