Elder Gómez*
Antes de escribir en este espacio, Lafitte Fernández, estuve meditando si valía la pena responder a la racha de mentiras que Ud. ha publicado en Diario El Mundo el 23 de febrero pasado en su columna “Desde la redacción”.
Que conste, no tengo nada en contra de ese matutino, ni de El Diario de Hoy, solo narraré lo sucedido durante su administración en ese último rotativo, principalmente las circunstancias que rodearon mi destitución por causas políticas.
Aunque sé que por ley tengo derecho de respuesta en la misma página y el mismo espacio de su columna, estoy seguro que Ud. no permitiría dar mi versión de lo que pasó en su periódico, por eso le respondo desde otro medio.
Le digo que estuve meditando el caso, porque tengo la fuerte sospecha que desde su espacio Ud. parece ser la punta del iceberg de una campaña de desprestigio contra mi persona maquiavélicamente planificada desde otras esferas de poder, con las que Ud., desde que huyó de su natal Costa Rica para afincarse en mi país, ha tenido vínculos muy estrechos y que temen que se destape una serie de atropellos contra la libertad de prensa – y contra los periodistas - en El Salvador, que han permanecido ocultos.
No sé por qué se dio por aludido por lo que apareció publicado en Diario Co Latino el 20 de febrero pasado, que retomó declaraciones mías que brindé durante un conversatorio patrocinado por la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) y el IDHUCA, el 19 de este mes, y en las que en ningún momento dije cosas negativas suyas y tampoco Ud. fue el centro de mi disertación.
Lo que mencioné, a siete años de haber sucedido los hechos, fue una parte ínfima de la charla privada que tuve con Ud. en su oficina de El Diario de Hoy, cuando yo era su subordinado, como Ud. bien lo menciona en su artículo, y me explicó lo que había pasado con la nota del “extravío” de 11 mil sacos de abono donado por Japón de bodegas del Banco de Fomento Agropecuario, destinado a campesinos salvadoreños pobres afectados por el huracán “Mitch”.
Ni en el conversatorio de la APES ni en ningún otro lugar, Lafitte, me he atribuido la investigación sobre ese bochornoso hecho, lo que he dicho, y lo seguiré diciendo siempre que pueda, es que me despidieron de El Diario de Hoy porque mencioné en una nota el nombre del ex presidente Alfredo Cristiani, como socio, mayoritario o no, de la empresa a la que fueron a parar los fertilizantes donados por Japón.
El dato lo retomé de la investigación que había iniciado Lourdes Méndez, una colega a la que guardo estima y respeto, quien sabe que soy incapaz de atribuirme cosas que yo no he hecho, porque trabajábamos en la misma sección, y que dejó a medias la investigación por cambiar de empleo, y que Ud. afirma en su artículo “apoyó y supervisó, personalmente”. Entonces, ¿Quién cometió la imprecisión de cómo había ocurrido el suceso, si es que la hubo, Lafitte?
La primer mentira suya, Lafitte, es que se atribuye haberme dado órdenes para que buscara reacciones de los diputados sobre el tema, cuando en realidad, y bajo amenazas, porque rehusé retomar el tema por lo escabroso del asunto, y él lo sabe bien, fue Rolando Monterrosa, el entonces editor de Política de El Diario de Hoy, y no Ud. quien me ordenó tomar las riendas del caso “porque sos el más indicado para hacerlo, y si no lo haces, te vas a atener a las consecuencias”.
La segunda mentira suya, Lafitte, es que asegura que interpuse una denuncia en la Procuraduría de Derechos Humanos por lo ocurrido en el matutino, lo cual es totalmente falso, y de ello le puede dar fe la Doctora Beatrice de Carrillo, de quien fui su asesor de Comunicaciones después que me despidieron del periódico y con quien, le aseguro, nunca toqué el tema de El Diario de Hoy.
Debería recordarse mejor que durante su administración en el matutino se montó una campaña planificada desde las altas esferas del poder para desprestigiar a la ex funcionaria en un caso falso de mala administración por el uso de combustible y vehículos de la institución humanitaria, justo cuando la Dra. De Carrillo responsabilizaba a la policía de haber sido la causante indirecta de una de las tantas matanzas en el penal de Mariona.
Para su conocimiento, Lafitte, ni siquiera ante el IDHUCA quise denunciar el hecho, pese a que me reuní en su momento con su director, Benjamín Cuéllar, porque quise evitarme una serie de problemas con el Estado, que me ha impuesto un bloqueo político-laboral desde 2005.
También me reuní, de manera privada, con un miembro del Servicio Informativo de la embajada de Estados Unidos acreditada en El Salvador, quien me convocó porque de la legación diplomática querían conocer de primera mano lo que había pasado en El Diario de Hoy, por si no lo sabía.
La tercera mentira suya, Lafitte, es que afirma que yo “de alguna manera” me las “ingenié” para publicar la nota, titulada, por si no se recuerda, “Bolproes implicada en entrega fraudulenta”, y hecha pública el jueves 14 de junio de 2001.
No había querido mencionar el nombre del editor que revisó y autorizó la publicación de la nota, porque fue quien me llevó a trabajar a El Diario de Hoy y es un amigo de años, a quien estimo y respeto mucho y porque estoy seguro de que él también desconocía los compromisos que Ud.
Lafitte había adquirido para no seguir mencionando el nombre del ex mandatario en el caso: es Mario González, él estaba de cierre de edición en esa ocasión y él calzó el original de esa nota con su firma. Búsque esa página.
Además, Mario González y Daysi Martínez, otra ex editora del periódico, intervinieron sin éxito ante los dueños del rotativo para que revirtieran mi despido, de carácter político, Lafitte.
La cuarta mentira suya, Lafitte, es que en su artículo insiste en que yo me he atribuido la investigación del “extravío” del abono donado por Japón, me extraña de Ud. que me acuse de una cosa tan baja como esa, y me extraña porque en el periódico laboré un poco más de cuatro años, tiempo suficiente para conocer el trabajo y la conducta profesional de una persona.
Le reitero, yo no he hecho lo que hizo conmigo uno de los españoles estrellas que trabajó en el periódico que, tras pedirme un fin de semana toda la información que tenía sobre el espionaje telefónico que llevaba acabo el Estado salvadoreño en 2001, publicó la nota el lunes de la siguiente únicamente con su nombre, y ni Ud. y ninguno de los jefes del diario dijo ni pío al respecto, aunque sí los colegas del rotativo que sabían que yo había realizado la investigación del caso.
Además, Lafitte, los funcionarios, ex funcionarios, políticos y ex políticos de toda la gama ideológica que hay en el país, presidentes de organizaciones sociales, de cualquier tendencia política, líderes comunales y otras personas a las que yo he entrevistado a lo largo de mis más de 24 años de experiencia profesional, como corresponsal de agencias extranjeras y periodista de medios locales, así como los colegas con los que he laborado, le pueden dar fe de mi trabajo periodístico profesional, honesto y limpio.
Nadie, absolutamente nadie, me puede señalar nada, ni de servir al Organismo de Inteligencia del Estado, ni de entregar paquetes de las salas de Redacción de los periódicos con información gráfica y escrita de personajes públicos y de periodistas al Ministerio de Seguridad, ni de montar campañas para denigrar a personas naturales o jurídicas. De nada, como se lo repito, de nada.
Yo sí tengo las manos limpias…!!!
Ah!!! Olvidaba decirle que lo único cierto de su artículo, y que he admitido siempre, es que por el excesivo trabajo que tenía en El Diario de Hoy, por no decir la explotación a la que estaba sometido, “ni siquiera”, retomando sus palabras, tuve tiempo ese día de leer el periódico donde “aclaraban” la situación del ex mandatario Cristiani en el caso del “extravío” del abono donado por Japón. Eso tampoco nunca lo he negado, Lafitte.
Cerraré este artículo, que para mí es el primero y el último sobre el tema, con la escueta conversación que tuvimos en aquella ocasión en su oficina, en privado, cuando Antonio Trujillo, el colombiano que estaba a cargo de la Sección de Economía y Negocios en el momento en que sucedió mi destitución, me encomendó que fuera a hablar con Ud., porque había pasado “algo malo” con mi nota:
Lafitte (L): - ¡Mire! ¡Hay problemas con su nota! –, me dijo, dando vueltas alrededor de su escritorio.
Elder (E): - ¡¿Cuál es el problema?! –
L: - ¡Que no ve que el hombre (Fabricio Altamirano) está que se lo lleva el diablo! ¡Ni se le intente acercar, está que revienta! – exclamó en un falso tono de preocupación, mirándome cabizbajo.
L: - ¡Que no ve que el martes (de la semana en que me destituyeron) hubo una reunión entre Fabricio, Cristiani y el “Pollo” Samayoa, en la que se acordó no seguir mencionando el nombre de Cristiani en las notas! –
E: - Y ¿Por qué no me informaron que había ese compromiso, sabiendo que yo estaba a cargo del tema? –
L: - ¡No es compromiso! –, espetó.
E: - ¡El acuerdo, pues! – Lafitte agachó su vista y luego la levantó para mirarme a los ojos.
L: - ¿Por qué no me envió la nota a mi, sino que a los editores? –
E: - ¡Ud. ya no estaba en su oficina! -
L: - ¡Que no vio la aclaración que sacamos en el diario sobre el caso! –
E: - ¡No, no me quedó lugar de leer el periódico ayer! (el miércoles 13 de junio de 2001) –
E: - ¡Mire, lo que le voy a pedir es que me den la indemnización y todas las prestaciones que me corresponden hoy mismo, no quiero regresar al diario y suplicar por algo a lo que tengo derecho por ley! –
L: - ¡Se le dará todo, no se preocupe! - , me dijo en tono calmado.
E: - ¡Lafitte, le voy a pedir el favor de que me de una recomendación, porque con lo que ha pasado,
no creo que me den empleo en ningún lado ¡ -
L: - ¡No se preocupe, se la daré! –
Aún sigo esperando la carta de recomendación, Lafitte.
L: - ¡Vaya a Personal, allí le darán su cheque! – Le di la mano y me despedí de él de manera amable y respetuosa, como siempre lo traté, y luego pasé a la Sala de Redacción a despedirme de mis compañeros y compañeras, quienes se fundieron conmigo en un sinfín de abrazos y dándome buenos augurios.
Inmediatamente abandoné las instalaciones del periódico, Lafitte convocó a una reunión a todo el personal de Redacción para explicarle sus razones de mi despido, y las que ha pregonado su grupo de periodistas serviles, a los que hace alusión en su artículo: de que yo había violentado los canales correspondientes para la publicación de la nota y que había cometido “imprecisiones” en el artículo.
Al mes después de haber sido cesado del rotativo, individuos desconocidos que me perseguían me ametrallaron - el 7 de agosto de 2001- en la zona de Intipucá, departamento de La Unión.
Resulté ileso.
La nota la publicó La Prensa Gráfica en esa fecha.
Las informaciones en la web del rotativo sobre la “pérdida” del abono japonés donde se menciona el nombre del ex mandatario, han sido retiradas.
Desde inicios de 2005, el actual gobierno me ha impuesto un bloqueo político-laboral. No soy yo el que quiere convertirse en mártir, Lafitte, aunque sí el que abandere una lucha por un periodismo libre, honesto y transparente, sin atropellos y desprecios a una profesión tan noble y digna, ensuciada por algunos malos comunicadores, nacionales y extranjeros.
*Periodista



