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El Salvador, Miércoles 23 de Mayo de 2012
Última actualización : 4/09:29 h.

Martes, 19 de Febrero de 2008 / 09:04 h

La Fundación donde se valora la sonrisa de niños y niñas

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Primero a la izquierda, César Artiga, Administrador; extrema derecha Cecilia González, Directora de Educación, y de rodillas camiseta blanca  Erick Jiménez Coordinador del Programa Cultural. Al centro David Scheidegger.

Primero a la izquierda, César Artiga, Administrador; extrema derecha Cecilia González, Directora de Educación, y de rodillas camiseta blanca Erick Jiménez Coordinador del Programa Cultural. Al centro David Scheidegger.



Texto y fotografía Néstor Martínez
Editor Trazos Culturales
Diario Co Latino

Dilcia Esmeralda Quinteros, vive en los llamados barrios en situación de riesgo, allí donde niños y niñas, y jóvenes, están aun paso de ser delincuentes o prostitutas, esos barrios, como los nacidos alrededor de la línea férrea, que son la mejor muestra del fracaso del gobierno en todas las áreas.

Pero este año empieza un milagro: Dilcia Esmeralda ha ingresado a la Universidad de El Salvador, pese a que sus padres no creen en el largo camino de la superación.

Pero ella tiene la tenacidad que desde muy pequeña aprendió en la Fundación Nueva Vida Pro Niño de la Calle, y además, como otros niños y jóvenes (ya van cuatro universitarios, dos de ellos graduados) tienen el apoyo de la organización Mira – Mira con sede en Suiza, y gracias a ellos todas las tardes la casa de la Fundación se llena con la algarabía de los niños y niñas, y jóvenes (la mayoría becados por la Fundación) que luego de sus estudios se reúnen para aprender arte, computación, hacer sus tareas en un ambiente mejor que el de su casa, reforzar sus conocimientos en una pequeña biblioteca o jugar el fútbol (hasta tienen un grupo musical folclórico), bajo la vigilancia maternal y paternal de César Artiga (Administrador), Cecilia González (Directora de Educación) y Erick Jiménez )Coordinador del Programa Cultural).

La semana pasada estuvo en El Salvador, David Scheidegger, uno de los responsables de los milagros en la Fundación.

David se dedica a recolectar fondos desde la organización Mira – Mira y pudo comprobar que, como él dice, “es una alegría que se puede hacer con tan poco tanta cosa por la gente”.

Dilcia Esmeralda Quinteros, enseñando a leer y escribir.

Dilcia Esmeralda Quinteros, enseñando a leer y escribir.



Hace veinte años atrás, David “quería ver más el mundo”, y llegó a México, donde trabajó en una casa de la Orden de la Madre Teresa donde se atendían niños de la calle. Conoció a un salvadoreño, José Carrillo. Este regresó a El Salvador y empezó a trabajar con los niños de la calle.

Le escribió a David quien vino a verlo, gustándole el trabajo y empezaron a unir esfuerzos.

“El trabajaba con los niños y yo buscaba fondos para su trabajo. Cada año lográbamos un poquito más. En el 95 con la cooperación de la Cooperación Austríaca para el Desarrollo, la familia Lugger de Feldkirch y la organización Mira - Mira, compramos esta casa”, recuerda.

Pero luego de tres años los austríacos se retiraron, y de nuevo a buscar fondos, “como pudimos”.

“Había tiempos muy difíciles por la distancia, por la falta de fondos, pero vale la pena luchar, de seguir y ahorita hay una base muy fuerte, un trabajo muy bonito, nos entendemos muy bien, y es muy bonito de ver que un trabajo de diecisiete años ha resultado en algo muy bueno”, agrega.
David casi olvida su español, tanto tiempo sin visitar el proyecto.

“Del grupo Mira-Mira, los que empezaron conmigo ahorita tiene niños, son casados, tienen su trabajo y por eso viajar es más difícil, y desde hace muchos años estábamos sin ver el trabajo con nuestros propios ojos, sin viaje, y vimos que era necesario ahorita para discutir algunas cosas, y vine por una semana, pero basta para darme cuenta y discutir lo más importante”.

- ¿Hay posibilidades de que haya más crecimiento para esta institución?

“Ellos tratan ahorita de utilizar más fondos internacionales, y tratamos de trabajar fuerte en tipos de proyectos de los que Mira – Mira paga la mitad. Muchas organizaciones internacionales no quieren empezar algo nuevo y tomar la responsabilidad para siempre, si no que les gusta ayudar en los sitios en que ya hay fondos, entonces nosotros pagamos la mitad y buscamos a otros para que paguen la otra mitad, así podemos crecer.

Empezamos con gente privada, algo así como cien personas, que contribuyen, hay iglesias que contribuyen con cantidades más grandes, pero no hay nadie con regularidad que diga ‘te voy a dar mil dólares al año’, si no que buscamos cada año de nuevo, es lo difícil, siempre es difícil encontrar algo tan seguro para unos años”.

“Suiza es un país bastante rico, y en comparación con la gente de aquí, la gente allá gana mucho, pero con los gastos en Suiza no queda nada al final, se va el dinero porque la vida es carísima, pero yo tengo niños, de seis y ocho años, y lo quieren todo, y no son más felices que los niños aquí por la noche, y es una alegría que se puede hacer con tan poco tanta cosa por la gente, que aprovechan, que vean que pueden cambiar su vida, ir a la universidad, a estudiar lo que sea, y eso ayuda mucho, ¿no?, da un poquito de felicidad, todos ganamos, como se dice “win – win”, ganar - ganar para todos”.

- ¿Por qué El Salvador?

“Por ese amigo de México, así es, y hemos visto que hay necesidades aquí, y que podemos hacer algo, y nos quedamos aquí”.

- Es decir, vale la pena la sonrisa de un niño…

“Sí, de veras, de veras…”

- ¿Qué es un niño para vos?
“Es lo más bonito que uno puede tener en la vida, mis propios niños son lo mejor, y además los niños pueden dar mucho, pero al ver la cara de los niños… ellos no se dan cuenta de donde están, como es, y de ver la alegría de los niños es el mejor regalo que hay”.

De su corto paso por El Salvador, dice: “En diez años, pasando por el centro de la ciudad, me parece que han construido muchas cosas, se ve que han mejorado la carretera, las colonias alrededor de la casa (de la Fundación) son las mismas, en la pobreza no veo gran diferencia de lo que he visto antes.

La gente es la misma, muy amable, me encanta, de veras. Los niños en todo el mundo son lo mismo.

El músico Víctor Tomasino, está tocando el saxofón en un acto preparado para David, quien con su cámara empieza a fotografiar a los niños y las niñas, además de regalar los famosos chocolates suizos.

Mientras ordeno mis apuntes, veo pasar frente a mí a una jovencita, su rostro inteligente dibuja una sonrisa, antes la vi enseñando a leer y escribir a un niño y a una niña.

Es Dilcia Esmeralda y le preguntó: ¿Qué va a estudiar en la Universidad? Sin vacilar responde: Derecho.

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