Isaac Bigio
A 14 años de que Mandela se convirtiera en el primer presidente negro de Sudáfrica, Obama quiere ser electo como el primer hijo de africano que gobierne alguna potencia o uno de los grandes países de las Américas.
Obama, a diferencia de Mandela, no representa a una mayoría racial (los afro-americanos son solo 1/8 de la población de EEUU) ni tampoco ha sido un izquierdista, un insurgente o un perseguido. El, mas bien, es un acomodado demócrata ligado a inversionistas blancos.
El quiere ser junto a Mandela el siguiente líder negro más popular del mundo, y alguien que también promueva la reconciliación entre razas y clases y una nueva imagen para su país.
Obama es un buen componedor. A los negros les ofrece reivindicarlos y a los blancos el cambio. El atrae a los ‘ilegales’ ofreciéndoles darles brevetes y a los anti-inmigración votando en pro de un muro con México. A los pacifistas les dice que él nunca quiso entrar a Iraq y que quiere ir eliminando las armas nucleares, y a los militaristas que él incrementará las FFAA y que aplastará a Al Qaeda.



