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El Salvador, Miércoles 23 de Mayo de 2012
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Miércoles, 30 de Enero de 2008 / 10:10 h

Cuentan costillas a bancos y emisoras de “dinero plástico”

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Carlos Girón S.

Una de las buenas medidas adoptadas últimamente por el Gobierno ha sido decidirse, por fin, a fiscalizar, a contarle las costillas a los bancos mercantiles y a las empresas emisoras de tarjetas de crédito o “dinero plástico”, como le dicen.

La medida era necesaria desde hacía mucho tiempo ante los constantes abusos de tales entidades en la creencia de que dentro del libre mercado o libre competencia, el Estado tiene prohibido meter sus manos o siquiera dirigir miradas inquisitivas sobre cómo realizan sus transacciones bursátiles.

Por eso y por la pasividad y negligencia anterior de los gobiernos es que las susodichas entidades han venido haciendo su antojo con grave perjuicio del bolsillo y las economías familiares de los salvadoreños.

Lo cierto es que con los manejos turbios que hoy se propone cortar —ojalá que de raíz— la Defensoría del Consumidor, sale a relucir la mala fe, la codicia y deshonestidad de no pocos empresarios del sector privado.

No hace mucho la mencionada dependencia le puso el dedo también a varios supermercados por el engaño a los consumidores con productos con menor peso de su valor y otros con fechas de consumo ya vencidas. Igual ha sucedido con distribuidoras de combustibles y compañías de teléfonos celulares.

O sea que el robo no sólo ha andado en las calles y los suburbios, sino también en gabinetes y oficinas con aire acondicionado y pisos de lustrosa cerámica, así como en establecimientos con grandes anaqueles saturados de toda suerte de productos, importados en su mayor parte en grave detrimento de la industria y la economía nacionales.

Lástima que no se publicara en todos los medios la noticia de si se hicieron o no efectivas las fuertes multas impuestas a un par de bancos locales por persistir en los abusos y no hacer las reparaciones del caso a los usuarios afectados con cobros indebidos, como lo ordenó la Defensoría del Consumidor.

Hace pocos días casi en forma de ruego se pedía a los bancos y emisoras de tarjetas que bajaran las tasas de interés de las tarjetas de crédito por considerarse que son muy elevadas.

Algunas no sólo son elevadas, sino excesivas y exageradas pues llegan hasta ¡casi el 50 por ciento! Eso es peor que el agiotismo y la usura que se creía ya iban desapareciendo en nuestro medio, aunque queda mucho todavía, especialmente en los mercados con pobres vendedoras que a menudo no sacan ni para cubrir el interés, menos para comer con los hijos.

Con los bancos y los del “dinero plástico” también muchas familias se quedan sin comer.

Con la truculenta propaganda y las promociones engañosas de los establecimientos comerciales en general, especialmente en épocas como la que acaba de pasar, la gente incauta cae como las moscas sobre el panal a endeudarse con los “créditos fáciles” o con el “pague la prima hasta fin de siglo…”.

En estos momentos deben estar llenas las casas de empeño de gente buscando cómo pagar las tarjetas de crédito, o “abriendo otros hoyos” por otro lado porque los cobradores no les dan agua amenazando con embargos si no pagan dentro del plazo perentorio que les imponen.

Las autoridades deberían dejarse de tibiezas y proceder con el peso de lo que son y representan. Es hora de sentar precedentes: no sólo que se sancionaran con multas a los infractores que cometen abusos, sino amenazarlos con cierres temporales o definitivos, según la gravedad de los casos o la reincidencia, sea quien sea.

Si los empresarios quieren que se respete el principio del libre mercado o la libre competencia, que sean ellos los primeros en respetar tales principios y los intereses de aquellos a quienes dicen servirles y que son a la vez su razón de ser.

Lamentablemente, quizá eso sólo sea una quimera, algo posible allá donde haya soberanía e independencia. En otros lugares es prácticamente imposible. Sólo queda la resignación y la conformidad.

Por el momento hay que volver a aplaudir y reconocer la excelente labor de quien está al frente de la Defensoría del Consumidor y el personal de empleados que la respalda.

El pueblo le está muy agradecido y la felicita por su entereza, su valentía y su patriotismo. ¡Que Dios le ayude en su noble empeño!.

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