Michael Krämer (al centro), dialoga con los miembros de las comunidades de Berlín, Usulután, y del lado Sur Oriente del Volcán Chaparrastique, San Miguel. Foto: Cortesía Oikos-Solidaridad
Texto : Gloria Silvia Orellana
Fotos : Oikos –Solidaridad
Redacción Diario Co Latino
A Susana Hernández no le importan los reclamos de su hija porque mantiene listas, en bolsitas de nylon, como “tesoro”, una muda de ropa, para cada uno de ellos, cerca de la puerta.
“A mí me ha dejado nerviosa el terremoto de enero 2001, recuerdo como levanté a mi hijita de 4 meses, de la hamaca y agarré a la otra de la mano… corrimos, y nos caía la ceniza del volcán”, Recordó.
Y no era para menos, Susana, junto a otro centenar de familias conviven en la parte Sur Oriente del Volcán Chaparrastique, que se eleva a mil 100 metros sobre el nivel del mar, considerado uno de los volcanes más activos del país, (se han registrado más de 26 erupciones en los últimos 304 años), la última en enero de 2002.
El “Coloso de Oriente” pertenece a la cordillera volcánica del país, clasificado de formación cónica y simétrica, con un cráter circular en la cima que alcanza los 800 metros de diámetro, está ubicado a 11 kilómetros, al occidente de la ciudad de San Miguel, y a 132 kilómetros de San Salvador.
Los estudios realizados por el ministerio de medio ambiente (MARN), La Unión Europea, FORGAES y el SNET, así como, el trabajo en las comunidades desde las Ong´s Oikos-Solidaridad y PROCOMES, que cuentan con el apoyo internacional de TROCAIRE e INKOTA, ha servido para que muchos de sus habitantes fortalezcan la prevención de riesgos y la construcción de obras de mitigación para minimizar la vulnerabilidad del área.
“Estaba el año pasado pepenando café …cuando cayeron unas garubas (gotas gruesas de agua), lo primero que se vino a la mente fue otro terromoto y digo para abajo, buscando a mis hijos, porque recordaba el fracaso de todos con el terremoto de enero… lo bueno es que ahora, tenemos una alerta en la comunidad y nos ayuda”, dijo Susana.
Las comunidades Piedra Azul (abajo, centro y arriba), y la Piedrona, trabajan constantemente en un “Plan de Alerta Temprana”, que permite a los habitantes de la zona, contar con información valiosa para enfrentar la inestabilidad de deslizamientos o erupciones volcánicas.
Guillermo Rivera, de Oikos –Solidaridad, explicó que además se impulsan programas de Manejo Sustentables de los Recursos Hídricos y Suelos; Sistema Agroecológicas de Producción; apoyo a Productores y Comerciantes, Gestión Ecológica de Riesgos y el Programa de Ecología Urbana, permite a los involucrados, tomar decisiones de beneficio.
“Hemos implementado este intercambio de conocimientos entre las comunidades y los proyectos que impulsa PROCOMES (que trabajan en Berlín, Usulután), a manera de lograr la transferencia de experiencias y que sean reproducidas en sus zonas de trabajo, con el fin de fortalecerlas y generar la autosostenibilidad”, aseguró.
La implementación de una base de radio que cuenta con 8 metros de altura, les permite obtener información sobre el comportamiento del volcán, y cubre un área de 2.5 kilómetros, a su alrededor.
El objetivo, como explicaron los técnicos de Oikos-Solidaridad, consiste en contribuir a mejorar las condiciones socioeconómicas y ecológicas, mediante un plan integrado de rehabilitación y manejo de cuencas (espacio limitado por las partes más de las montañas, laderas y colinas) que disminuye la vulnerabilidad de riesgos.
Florentín Quintanilla, presidente de la ADESCO, de la zona, afirmó que contar con información previa, les permite tomar decisiones a nivel de comunidad.
“Sabemos que no vamos a detener el acontecimiento natural, pero la gente tendrá información precisa para salir y ponerse a salvo”, explicó Quintanilla.
“También se han hecho obras de mitigación para controlar la erosión de las cárcavas (huecos), que se han ido formando en las laderas del volcán”, afirmó.
Asimismo, han construido acequias (canaletas), terrazas, barreras vivas con la plantación de zacate Vetiver y muertas con rocas de la zona, que retardan la erosión.
El intercambio incluyó la implementación de silos bajo tierra, para conservar pasto para el ganado vacuno en época de verano, que según explicó don Mauricio Campos, permite con menor costo mantener a las reses con un peso adecuado.
“Envuelven en una carpeta el zacate picado (maicillo o maíz), luego le ponen la sal mineral y sal (común), y se apelmaza bien la tierra (enterrar), eso hace que conserve humedad y se mantenga bueno para el forraje de las bestias y se acabó el ganado peche”, explicó.
La diversidad de plantaciones, en un manzana de terreno, fue presentada por Carlos Chávez, que junto a un grupo de 30 mujeres, impulsan la diversidad de plantaciones, así como, módulos aviares y el cultivo de las tilapias.
“Aquí tenemos cultivos de limones, papayas, tomates, aguacates, guayabas, pepinos, camotes y flor de jamaica en pequeñas áreas, tendremos viveros de plantas forestales y de poca altura”, señaló.
Michael Krämer, de INKOTA, agregó, todos los proyectos impulsados en la zona pretenden generar una nueva realidad para la gente.
“Lo que esperamos es generar mejores condiciones económicas y de diversificación de la producción, el cambio climático es un hecho y debemos construir alternativas concretas , frente a las catástrofes naturales”, puntualizó.



