Eustasio Rivera, de 54 años de edad, es pescador artesanal de la cooperativa camaronera El Obrador, en Puerto Parada, Usulután. Foto cortesía de Oikos-Solidaridad
Texto : Gloria Silvia Orellana
Fotos : Cortesía de Oikos Solidaridad
Redacción Diario Co Latino
El inclemente sol y las mareas, ponen a prueba la pericia de los pescadores artesanales, en Puerto Parada, Usulután, no obstante, los desafíos más considerables en el horizonte de estos es el retardamiento de la entrega de sus escrituras, la construcción de las bordas y la competencia de las empresas hoteleras de renombre, que pugnan por apropiarse de este destino turístico, son sus valladares a vencer.
Con la firma de los Acuerdos de Paz, que acallaron las armas, tras doce años de cruenta Guerra, en la década de los años ochenta, se conformaron nuevas entidades, (PDDH, PNC, CNJ y TSE), para allanar el camino a la construcción de una sociedad más democrática.
Asimismo, el histórico documento planteó, dar espacio a una república equitativa, atendiendo la problemática que planteaba los desmovilizados, lisiados y los exiliados de uno y otro bando.
La redistribución de la tierra, la reinserción social y la repoblación de estos salvadoreños y salvadoreñas, fue un el primer impulso de los firmantes y a manera de mitigar las causas, que llevaron al conflicto armado, se entregarían tierras ociosas.
A 16 años de los Acuerdos de Paz, que tenía entre uno de sus objetivos “Crear condiciones necesarias para mejorar el nivel de vida de la población, especialmente de aquellos que viven en la extrema pobreza”, es un eco del pasado, que se desdibuja en el tiempo.
Para Eustasio Martínez, miembro de la Cooperativa Pesquera El Obrador, la esencia de justicia social, ha dado un paso atrás, arrollada por la incertidumbre de cientos de familias que como años atrás, no gozaron de seguridad social y alimentaria.
“Aquí encontramos y tenemos la oportunidad de cultivar y pescar los camarones, las jaibas y los pescados… podemos ayudar a la misma comunidad, vendiéndole a la gente de aquí, para que ellos directamente vendan el producto en los mercados y les paguen algo más justo”, explicó.
Y es que, la oportunidad de evitar la especulación en la asignación de precios antojadizos de los “intermediarios”, es vendida estrictamente a las familias de la comunidad para favorecerles.
“Aquí pasan permanentemente 5 personas, (en la base), pero cuando se tiene que cocinar el camarón… se utiliza mucha gente, para que lo hierva y lo sale antes de ser vendido … y otros oficios acá, se dan muchos más empleos”, dijo.
Empleados de la empresa Eterrna realizan el trabajo de recostrucción de los 700 metros de borda en Cantón El Limón, Usulután. Foto Cortesía de Oikos-Solidaridad.
La vulnerabilidad del territorio se constituye también, como otra amenaza para los pescadores; la destrucción de 700 metros de borda en la comunidad del Capitán Lazo, Cantón El Limón, que reconstruye la empresa Eterrna, que ganó la adjudicación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, no está concluida.
Wilber Aristondo, encargado de la reconstrucción, afirmó que posiblemente la finalización del trabajo estaría terminada en 90 días, de no haber inconvenientes, antes que inicie la época de lluvias en el país.
“Vamos a levantar una borda de 700 metros de largo y 22 de ancho, pero vamos a construir en la base un gavión (una red de metal con rocas), para evitar el impacto de las aguas del río cuando aumenta el caudal”. Informó.
Aunado a estas preocupaciones, los pescadores esperan que el gobierno entregue de una vez, las escrituras que les reconoce como propietarios, ya que tienen conocimiento, de la incursión de cadenas hoteleras de renombre, que buscan explotar el destino turístico de Puerto Parada, lo que podría minar el sustento de sus familias.
“Sabemos que hay gente interesada en explotar turísticamente la zona, sin medir que van a afectar a nuestras familias, al querernos desalojar, esta comunidad lucha por salir adelante, tenemos más de 10 años de trabajar y vivir acá, tienen que respetarnos por eso queremos que nos entreguen nuestras escrituras”, expresó.
Asimismo, informó que la zona en que se encuentra afincada la cooperativa es estratégica, ya que ha servido como ruta de evacuación y refugio de los afectados, durante las últimas inundaciones en la zona baja de Puerto Parada.
La cooperativa cuenta con el apoyo de Oikos –Solidaridad , que impulsa el proyecto de sustentabilidad socio-ambiental, cuya visión se enmarca en desarrollar las capacidades locales con la incidencia y protección del medio ambiente, y a su vez, con propuestas de solución desde y para las comunidades.
Oikos –Solidaridad trabaja junto a INKOTA, organización que junto a la Red Ecuménica de Alemania, respaldan esos programas que permiten la formación de una ciudadanía activa, que integra la seguridad alimentaria y el manejo ecológico de riesgos.
Alexander Aguilar técnico Oikos – Solidaridad señaló, que se encuentran trabajando en los municipios de Jucuarán, Concepción Batres, Ereguayquín, Santa María, Santa Elena y Puerto Parada, sólo en el departamento de Usulután.
“Estamos trabajando con más de 80 (Usulután y San Miguel), comunidades con el fin de potenciar a la gente en su capacidad de demandar de políticas públicas y locales, que le permitan la injerencia en las obras, de su comunidad o municipio”, señaló.
La idea, según Aguilar, en buscar la participación de los actores locales y nacionales, para que estos a su vez, se conviertan en elementos transformadores capaces de “reivindicar” sus derechos e incrementen su autodeterminación.
Asimismo, trabajan en combinación con entidades gubernamentales como los ministerios de medio ambiente, agricultura y ganadería, Policía Nacional Civil y gobiernos locales y otras organizaciones no gubernamentales.
“Los huracanes, las tormentas tropicales, los terremotos, y la permanente vulnerabilidad económica y social de los y las pobladoras en la zona rural, ha generado que Oikos-Solidaridad y INKOTA impulsen proyectos dentro de las comunidades forjando su –incidencia política- , para que gestionen la mitigación de riesgos y la seguridad alimentaria”, opinó.
Mientras, Michael Krämer, de INKOTA, señaló que el apoyo a Oikos-Solidaridad, PROCOMES y la Red Ciudadana contra los Transgénicos en El Salvador, proyectan minimizar el riesgo en la que viven miles de familias de la zona.
“No podemos seguir viendo las vulnerabilidades por las catástrofes naturales, como puede ser una inundación o huracán, alejadas del escenario de la pobreza fuerte en que vive la gente.
Esto es la vulnerabilidad social y es por eso que queremos mejorar la vida de la gente, tratando de mitigar los riesgos en que vive de forma integral”, aseveró.
El manejo ecológico de riesgo es para Oikos-Solidaridad, el conocimiento de la información adecuada de las “situaciones de vulnerabilidad”, con el fin que los habitantes tomen sus propias decisiones para transformar esas amenazas en oportunidades de cambio de forma global.



