Sonia Escobar
Redacción Diario Co Latino
Setenta y seis años han pasado desde que en Izalco, Sonsonate, miles de campesinos se alzaran en protesta por la situación social que se afrontaba en el país desde la década anterior a 1930, como lo fue la baja de los precios del café, el desempleo y la expropiación de tierras campesinas.
Según la historia, alrededor de la media noche del 22 de enero de 1932, en varias regiones del occidente del país, entre ellas el pueblo de Izalco, en Sonsonate, miles de campesinos iniciaron un levantamiento con el fin de luchar por sus derechos, situación que posteriormente se percibió como: “el primer alzamiento popular en Latinoamérica conducido por el comunismo internacional”.
En su intento por hacer valer sus derechos, los campesinos lucharon con machetes, como sus armas, contra militares armados de fusil, que intentaban por mantener el orden en el país, siendo los campesinos quienes sufrieron la mayor pérdida.
En el pueblo de Izalco, Sonsonate, fue Feliciano Ama, cacique de los indígenas izalqueños, uno de los principales líderes del levantamiento. Fue ejecutado en su tierra natal y hasta la fecha, para los izalqueños es considerado un “héroe”.
Sin embargo, hoy día, a pesar de la importancia histórica del levantamiento indígena y campesino, muchos salvadoreños desconocen de los acontecimientos que tuvieron lugar aquel 22 de enero de 1932.
“No tengo idea de lo que sucedió en 1932. No recuerdo que alguna vez me hayan hablado acerca de ninguna revolución indígena”, fue la respuesta de María Romero, de 52 años, ante la pregunta ¿conoce acerca del levantamiento ocurrido en 1932?.
Contrario a Romero, Isabel Ramírez, de 67 años de edad, originaria de Sonsonate, si recuerda lo que su madre y otros familiares le comentaron cuando era una niña, acerca de lo ocurrido hace 76 años.
“Mi mamá me contaba que en ese año (1932) bastantes campesinos y otros indígenas comenzaron a pelear con los soldados para evitar que les quitaran sus tierras, decía que en esas peleas a muchos campesinos los ponían en filas y les disparaban para que cayeran en unos hoyos que los soldados ya habían hecho en la tierra donde después los enterraban”, comenta Ramírez.
“No tengo idea de lo que haya pasado en 1932. Bueno, recuerdo que en la escuela me dijeron de algo al respecto pero no sé que era exactamente”, comentó entre risas Catherine González, una estudiante universitaria, de 20 años.
“Los que participaron en eso eran subversivos que siempre buscaban desestabilizar las cosas del país”, es la opinión de Julio Ramírez, de 70 años.




