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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Lunes, 14 de Enero de 2008 / 11:50 h

Un amor que nunca se olvida

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La familia Cabrera, llega a recordar a “Marito y Esmeraldita” , quienes murieron el 13 de enero de 2001 en la Colonia Las Colinas, de Santa Tecla. Foto: Rosa Campos

La familia Cabrera, llega a recordar a “Marito y Esmeraldita” , quienes murieron el 13 de enero de 2001 en la Colonia Las Colinas, de Santa Tecla. Foto: Rosa Campos



Leonor Cárdenas
Redacción Diario Co Latino

«El amor de una madre nunca se olvida», manifestó Mauricio Córdoba, al momento de celebrarse la misa, ayer, en conmemoración de los siete años de acontecido el terremoto del 13 de enero de 2001, en la colonia Las Colinas, Santa Tecla, departamento de La Libertad.

Sólo en Las Colinas un promedio de 480 viviendas sucumbieron ante el desastre y las lágrimas en los ojos de familiares y amigos de las víctimas del terremoto de 2001, aún persisten, y es que ellos aseguran que aunque el tiempo pase, el recuerdo de sus seres queridos permanecerá vivo en sus mentes y corazones.

Para Mauricio, el 13 de enero es una fecha inolvidable, ya que ese día perdió a su madre Marta Palacios de Córdoba y a su hermano William Córdoba, quienes se encontraban dentro de la casa al momento de la tragedia, la cual quedó totalmente soterrada por el alud que cubrió la zona de Las Colinas.

Ese año dos sismos sacudieron el país. El primero fue en enero y el segundo el 13 de febrero.

El saldo que dejaron ambos fue de mil 200 personas muertas, un promedio de 200 mil casas destruidas y más del millón y medio de damnificados, lo que puso al descubierto la vulnerabilidad del país.

«Desde que pasó el terremoto de 2001, año con año nosotros visitamos el lugar en el que murieron mi madre y hermano, ya que aunque el tiempo pase, sus recuerdos siguen vivos en nosotros», manifestó Córdoba, con los labios temblorosos y sus ojos llenos de lágrimas.

Al igual que Mauricio, desde el 13 de enero de 2001, muchas familias se reunen en la zona para celebrar una misa y recordar a sus seres queridos en un acto religioso.

Y es que la huella que dejó el terremoto de 2001, en los corazones de los salvadoreños no es visible «pero sí sensible, ya que el dolor se lleva dentro y aunque pase el tiempo la herida permanecerá abierta», aseguró Córdoba.

Monseñor Rosa Chávez, ofició la misa en la que cantos y oraciones conmovieron el alma de los salvadoreños que aún recuerdan el llamado «sábado negro», en el que el luto y el dolor se sintió en todo el territorio nacional.

El sábado 13 de enero 2001, gran parte del territorio salvadoreño fue sacudido por un sismo de 7.5 grados Richter, el cual tuvo mayor impacto sobre el municipio de Santa Tecla, donde un alud de 150 mil metros cúbicos de tierra se desprendió de la Cordillera del Bálsamo, sepultando un aproximado de 300 casas.

Pero la tragedia no termina el 13 de enero, ya que un mes después, otro sismo destruyó gran parte del departamento de San Vicente, tanto el terremoto de enero como el de febrero, afectaron zonas diferentes del territorio salvadoreño, específicamente en el centro del país, por lo que el radio de destrucción fue mayor.

A la misa se hizo presente el alcalde del municipio Oscar Ortiz y el Ministro de Obras Públicas (MOP) quienes, aseguraron compartir el dolor de las personas que aún sufren por la pérdida de sus seres queridos.

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