Por Néstor Martínez
Editor Suplemento Eco-Lógico
2007 es el año en el cual los problemas ambientales en El Salvador salieron a la luz en toda su dimensión y repercusiones, al tiempo que el gobierno demostró no estar preparado para resolverlos bajo la óptica neoliberal, sino por la fuerza policial. Mientras tanto en el mundo, la respuesta que se dé al calentamiento de la Tierra y sus efectos en todos los ámbitos, sin lugar a dudas nos dará la medida del compromiso mundial para evitar o al menos paliar el desastre que se avecina.
La basura
Siguiendo una política económica basada en las coyunturas y no en la planificación, el gobierno aventurado ahora en la industria turística, decidió eliminar los basureros a cielo abierto instalados a lo largo y ancho en el país, y con ello creó otro problema: dónde instalar nuevos basureros que centralicen la recolección de basura sin tomar en cuenta los intereses de las comunidades.
El caso más representativo es el que se instalará en el cantón Cutumay Camones, Santa Ana, en una zona de mantos acuíferos, donde las comunidades tienen proyectos de abastecimiento de agua.
Esta lucha para evitar la contaminación de los acuíferos subterráneos ha llevado a las comunidades hasta a bloquear carreteras, sabotaje a los camiones constructores, a la denuncia por medios de comunicación, a la búsqueda del diálogo. Incluso tiene visos de corrupción y tráfico de influencias.
La respuesta del gobierno y de la Alcaldía de Santa Ana fue la represión policial, la desnaturalización de la lucha civil asociándola a sectores que antes denunció como “terroristas”, evitando su responsabilidad por los permisos que emitió el Ministerio del Medio Ambiente sin estudios técnicos, simplemente como un requisito para construir.
Al momento de redactar este resumen, la construcción se encontraba paralizada debido a problemas con la propiedad.
En la capital, el problema de la basura adquiere dimensiones colosales. Por un lado una organización bloqueando a los camiones recolectores para que la derecha le saque tajada política, y por otro, como en todo el país, sin dar una respuesta efectiva al tratamiento de la basura desde el punto de vista ecológico, como una fábrica de abono a partir de los desechos orgánicos que alcanzan hasta el 70% de la basura recolectada.
El gobierno central, por su parte, ha descargado toda responsabilidad en los gobiernos locales, que carecen de ayuda y planes para tratar con el problema de la basura.
Desde el punto de vista conciencia ambiental, tampoco se abona nada, ni en publicidad ni en leyes que eviten que los ciudadanos mantengan sucias sus comunidades, municipios y ciudades al lanzar la basura donde les venga en gana.
La minería
Con una campaña en que impulsa la incierta “minería verde”, dicha industria pretende convencer a las comunidades de los supuestos beneficios de romper el suelo para extraer oro. Sin embargo, la lucha contra la minería tiene que ver, no sólo con beneficios económicos, sino con la contaminación, la destrucción del medioambiente, y el desastre que dejarán luego de terminar la explotación minera.
Baste ver, como ejemplo extremo, la destrucción y pobreza en que quedó Bolivia, luego de la explotación durante siglos de las minas de plata en el cerro El Potosí. La historia, con diversas variantes, es la misma en este tipo de industria, en la que los beneficios se los llevan las transnacionales.
La Mesa contra la Minería, abarca desde activistas contra la minería, hasta a propietarios que se niegan a vender sus propiedades para la explotación minera. Al igual que en lucha por la basura, las comunidades enfrentan desde represión hasta una campaña en varios medios de comunicación que plantea las “bondades” de la “minería verde”, estandarizando realidades sociales de Cuba, Bolivia, Venezuela y El Salvador. Asimismo, algunos propietarios han denunciado presión legal o intimidaciones para que cedan sus propiedades para la explotación minera.
Un último intento de las transnacionales mineras es la introducción, por medio del Partido de Conciliación Nacional (PCN) de un anteproyecto de ley que favorece a las transnacionales, mientras que se dejó de lado el anteproyecto de las comunidades que saldrán afectadas.
El agua
El Salvador es el país en Centroamérica que tiene el menor abastecimiento per cápita de agua, y a pesar de ello este problema no tiene la atención que merece, por el contrario, se agrava ante el gran negocio que representa la venta del con justicia llamado “vital líquido”.
La mejor muestra de la falta de agua es la sed, y el que la venta de agua facture millones de dólares en ganancia, significa que este rubro ha sido guiado al comercio y no al abastecimiento domiciliar a costa de las demandas de la sociedad.
El problema del abastecimiento de agua está asociado a la deforestación, a la pésima administración, a la falta de planes para aprovechar el agua lluvia, al saneamiento, a la contaminación de los acuíferos, a la urbanización sin planes, a la autorización de negocios de venta de agua sin pensar antes en el bienestar común.
Agua significa desarrollo, no así la construcción de más carreteras que amenazan con la destrucción de muchas zonas que son reconocidas por la recarga acuífera de los mantos subterráneos. Tal es el caso del Cerro San Jacinto, que tiene pendiente la construcción de una carretera, por ahora detenida debido a las luchas de las comunidades de sus alrededores que perderán el abastecimiento de agua si es construida.
Esta escasez de agua y la contaminación de la existente, afecta además a la industria de todo tipo, y al desarrollo general del país.
El aire
Cuando se contempla la capital por las mañanas desde una altura, podrá observarse la nube café que se cierne sobre ella debido a las emanaciones de los vehículos, principalmente de los más de mil buses en mal estado que circulan en la capital.
Los diputados autorizaron la ampliación del plazo para que circulen buses y vehículos viejos, convirtiendo el aire salvadoreño de las ciudades en uno de los más insanos de la región centroamericana.
Y de nuevo está ausente la planificación. La respuesta a la “modernización” del sector transporte es la compra de más buses, y no el ordenamiento de las rutas cuya principal característica es el crecimiento desordenados de líneas a capricho y antojo de los buseros.
Este sector es el que más problemas ambientales crea en las capitales, como son la concentración de aire contaminado por las metas colocadas en vías de alta circulación humana y vehicular, donde los vehículos están estacionados con el motor encendido, como sucede en los alrededores de los hospitales de maternidad, tanto del gobierno como del Instituto del Seguro Social.
Otro tanto sucede con las pedreras cuyo polvo es arrastrado hasta las comunidades cercanas, padeciendo afecciones pulmonares.
El ruido
Cuando el sonido sobrepasa los límites permitidos es causante de graves desórdenes en la salud humana, especialmente en el sistema circulatorio, el sistema nervioso, el sistema auditivo, y la salud mental.
Y de nuevo nos encontramos con que el problema es llevado de la mano por microbuseros y buseros, cuyo alto volumen al interior de sus unidades, deja vulnerable a los pasajeros, que van desde niños y ancianos, enfermos, trabajadores cansados y descansados cuando van a sus trabajos, en fin el mismo pueblo que padece el capricho musical de estos energúmenos.
El volumen es tal que puede escucharse a muchos metros de distancia de la unidad de transporte, y hasta el momento el gobierno, por medio del Ministerio del Medio Ambiente, no ha movido un dedo por la salud de la población ene este aspecto.
Se suma a esta contaminación por sonido las trompetas de los buses, el ruido del tráfico, el alto volumen de los vendedores de discos y vídeos.
La deforestación
La mejor muestra de que la deforestación es indetenible son las inundaciones en la ciudad de La Unión. Las correntadas llevaban residuos de árboles talados en la parte alta, y fueron éstos los que hicieron colapsar el drenaje urbano.
Asimismo es inevitable el color café de los ríos en invierno lo que evidencia la pérdida de tierra por la deforestación.
A medida que se amplía la zona urbana se incrementan los riesgos por la falta de prevención. Las respuestas a los desastres son siempre reactivas y no preventivas.
La generación de energía
El Salvador es un país que dispone de muchas formas de generar energía limpia, lo último son los nuevos generadores instalados en Berlín para obtener energía del subsuelo.
Sin embargo, en La Unión, y bajo protesta ciudadana, se construye una planta generadora de energía que utilizará el carbón. Este tipo de planta, ya prohibida en otras latitudes del mundo, es la peor forma de generar energía ya que, además de ser altamente contaminante, origina los gases que calientan la Tierra. Otro problema de este tipo de energía es que hay que exportar carbón, por lo que no se obtiene energía barata.
El gobierno sigue con los planes de crear dos nuevas represas para obtener energía del agua, con el inconveniente de que ambos proyectos (El Chaparral y El Cimarrón) son impuestos e inconsultos, sin descontar la destrucción ecológica sobre los últimos vestigios que tiene El Salvador de paisaje natural.
La dependencia del petróleo es y seguirá siendo el gran problema de El Salvador, en especial para general energía eléctrica, ya que continúa en funcionamiento la planta en Nejapa, y no está previsto que con la construcción de nuevas formas de generar energía vaya a desaparecer.
El deterioro general
La población salvadoreña es una de las más vulnerables a las manifestaciones de la Naturaleza sean extremas o no. Cada año la población enfrenta periodos de enfermedades que son verdaderas pandemias como las que afectan el aparato digestivo y respiratorio, cuyo origen es, sin lugar a dudas, la alta contaminación tanto del agua como del aire. Y cada año, con la entrada del invierno, la población se prepara para los desastres.
Las calles de las ciudades son receptáculos de promontorios de basura, ya que por parte del gobierno no existe una política ambiental que vaya de la mano con las alcaldías, y esto debido a las rivalidades ideológicas.
Así, no es probable que en el futuro se busque el desarrollo sustentable, que en boca del Presidente de la República, Elías Antonio Saca, (“El Salvador está en el camino del desarrollo sustentable”), es simplemente un discurso ya que ni siquiera se van a cumplir con las metas de Desarrollo del Milenio, mucho menos con las del combate a la pobreza originada por el modelo implantado y que sigue a ciegas el partido ARENA.
De otra manera: El Salvador tiene seriamente comprometido su futuro.
El calentamiento global
En el ámbito mundial, el problema más serio que enfrenta la humanidad es el calentamiento global cuyo impacto es tan manifiesto que es imposible ignorarlo. Tanto China como los Estados Unidos y la India no quieren sacrificar el desarrollo a favor del grave desastre que enfrenta la humanidad, aunque ellos mismos están padeciendo los efectos del calentamiento global como son los cambios climáticos que afectan a dichos países en forma de tornados, huracanes, lluvias y tormentas de nieves intensas.
La evidencia científica ha puesto en primer plano este problema cuyos orígenes están, fuera de duda en la actividad humana.
A este problema El Salvador, por lo anterior escrito, como país del Tercer Mundo, hace una buena contribución, evidenciado en la alta dependencia del petróleo sin que se busquen alternativas ahora tan lejanas como vehículos híbridos que tanto caminan con baterías como con gasolina, que se muevan con combustible de hidrógeno, generación de energía eólica, y un largo etcétera de alternativas que se ya se aplica en Europa y los Estados Unidos.
La conciencia ambiental
Tanto gobernantes como gobernados deben asumir, desde cualquier ámbito que les toque, su responsabilidad en el deterioro ambiental local y mundial. No es posible seguir con proyectos económicos que, lejos de buscar el bienestar común, enriquezca a pocos en la falsa creencia que así mejorará el bienestar de la sociedad.
Basta ver a nuestro alrededor para darnos cuentas del fracaso absoluto del gobierno en todos sus planes y proyectos: basura acumulada, champas de lámina y cartón floreciendo, miles de gente emigrando, escasez de agua, población apática a sus propios problemas en los barrios, violencia, atascamientos de tráfico para cuya solución aún se propone la destrucción del Cerro San Jacinto, último bastión verde de la ciudad y generador de agua para las comunidades que viven al pie de él, violencia generalizada.
Es importante salir de este camino de locura que nos lleva al desastre cuyas primeras manifestaciones ya son palpables.
Lo lamentable de esta situación es que el próximo año será electoral, lo que significará un retroceso en todos los ámbitos que se quieran señalar, en especial por las altas probabilidades que tiene el partido en el poder.
Esperamos que el tema ambiental no sea parte de la agenda política, sino que sea LA AGENDA. Seguir tratando los problemas ambientales sin tomar en cuenta su dimensión en todos los ámbitos de la vida humana, es simplemente seguir la ruta del desastre.



