José Francisco Campos renueva el andas sobre la que se coloca la urna de Jesucristo de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Izalco. Foto: Daniel Trujillo
Daniel Trujillo
Redacción Diario Co Latino
No necesita más que sus manos y unos formones (herramienta de hierro largo y con filo) para darle diversidad de formas a la madera que toca.
Con los primeros toques, la dota de vida y en ella plasma figuras tal cuales de un artista profesional de Europa.
José Francisco Campos es uno de los pocos artesanos que entrega todo de sí para formar sobre la madera las más perfectas figuras.
Humilde, risueño y calzando unos peculiares tenis blancos, el artista afirma que vive por y para el arte, ya que con ello quiere aportar “algo” a la ciudad de Izalco, en el departamento de Sonsonate.
Dotar de formas a la madera lo trae en la sangre. Su difunto tío, Tito Campos, comenzó a sobresalir con este arte en la ciudad, allá por los años ochenta y noventa del siglo recién pasado.
Y como buen sobrino, sostiene, no quiere “dejar morir” la tradición que ha caracterizado a su familia.
No cabe duda que su tío Tito fue una fuente de inspiración para lograr lo que ha hecho hasta estos momentos.
“Desde pequeño empezó a formar en mi el arte, pero tuve que empezar desde abajo, porque mi tío sólo me decía que me fijara bien en lo que hacía”, explica el artista.
Como todo buen artesano comenzó lijando; y lijaba poco a poco, debido a que eso también es “arte”, señala.
Luego de aprender a lijar, su tío Tito le enseñó a afilar el hierro de los formones y demás herramientas de este oficio.
Pasaba días o mañanas completas tratando de afilar bien un formón, pero a veces su tío le decía que no estaba bien, volviendo a hacer el tedioso trabajo.
“Sí, afilar un hierro no es cosa fácil, porque también hacer eso es un arte”, explica Campos.
Cuando su tío estimó conveniente que ya era momento de soltar a José, el camino del joven artista empezó a formarse.
El trabajo que todavía lo inspira día a día es ver las catorce estaciones de la pasión de Jesucristo que elaboró su tío Tito, y que están en el interior de la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, de Izalco.
“Ese fue el primer trabajo de talla que hizo mi tío, pero es el que más me gusta”, comenta con sonrisa nostálgica.
El artesano José Francisco Campos con una de sus creaciones. Foto: Daniel Trujillo
Un artesano es una persona que realiza labores de artesanía (arte y obra de estas personas).
Contrariamente a los comerciantes, no se dedica a la reventa de artículos, sino que los hace él mismo o les agrega algún valor.
También, un artesano realiza este oficio solo o con la ayuda de algún familiar o amigo.
Y en el caso de José, lo ayuda su primo Rodolfo Campos, y sus compañeros Alberto Shupan y Enrique Cañas.
Trabajo en el taller
El trabajo realizado en el taller de José es variado. Muchos son las figuras que nacen con el pasar de los días en ese lugar. Bustos, columpios y comedores con detalles mayas, aves, retratos con relieves, entre otros, son algunas de sus obras.
Por el momento se encuentra restaurando el andas donde se traslada la urna de Jesucristo de la iglesia de la localidad.
Él reconoce que es un trabajo en el que se debe de armar de paciencia para concretarlo con éxito y tener detalles singulares.
“Esta andas (la toca y se recuesta en ella) estará restaurada en unos tres meses aproximadamente. Porque se tiene que quitar la capa que esta encima y dejar la capa que está debajo del barniz”, explica el artesano.
Con cada capa de madera vieja que quita del andas que restaura, el olor a Cedro es perceptible en el ambiente.
“Los Colochos” de finas capas de la madera se dejan ver en el piso del taller de José, lo que denota su ardua labor en la reparación del mueble religioso.
Los artesanos, como José, se caracterizan por usar materiales típicos de su zona de origen para fabricar sus productos.
Cada una con materiales diferentes y que identifican el entorno de cada exponente: maderas específicas, conchas marinas, cuarzo, entre otras.
De esta manera, la artesanía refleja la identidad de cada región y promueve la cultura de cada pueblo viajando alrededor del mundo, Izalco, por supuesto, no es la excepción.
Trabajo que pasa las fronteras
Uno de los mayores logros de José es que muchos de sus trabajos han pasado las fronteras salvadoreñas.
Países como Estados Unidos, México, Alemania, Francia, China, Japón, entre otros, son los que figuran en su lista.
“Uno de los trabajos que más piden los extranjeros son los calendarios mayas.
A los españoles les gusta mucho esas cosas”, manifestó sonriente.
Pero, el trabajo que más le ha llenado de satisfacción fueron dos escudos de las Naciones Unidas que elaboró especialmente para delegados de la Organización de las Naciones Unidas en el Salvador (ONUSAL), recién concluida la guerra civil.
“Me sentí orgulloso de hacerlos. No creí que ellos me buscaran para hacer un trabajo así”, comenta el artesano.
Ese fue uno de sus primeros trabajos de talla internacional y espera que más personas, en especial jóvenes, se sumen a aprender el arte de tallar en madera.
“Yo quiero decirles a los jóvenes que les gusta este oficio, que se acerquen al taller donde yo trabajo, porque yo lo quiero compartir y, así, hacer algo por Izalco”, sostiene.



