Víctor Hugo Mata Tobar
Las grandes distribuidoras estadounidenses de juguetes fabricados en China con pintura de plomo, han retirado millones de sus productos del mercado y han recogido los vendidos.
En El Salvador también ha ocurrido, se anunció la recogida de estos juguetes por cierto algunos sólo accesibles a las clases medias o altas del país.
La razón es muy simple: el plomo es un metal pesado altamente dañino para la salud humana, posibles secuelas: cáncer, pérdida de la memoria, desnutrición.
Nadie querría eso para sus seres queridos sobre todo niños y niñas ¿no? El Senado de los Estados Unidos habría anunciado la investigación de estas distribuidoras, muy bien, el gobierno y las empresas deben compartir esta preocupación.
Qué contraste lo que sucede en nuestro país con una situación mucho pero mucho más grave.
Toda una comunidad está sufriendo desde hace años, los efectos del plomo de una fábrica de baterías, esto comprobado por las autoridades de salud y medio ambiente del país, sin embargo continúa funcionando. Los niños y niñas del lugar tienen derecho a un trato especial, son el futuro del país.
El alcalde del lugar podría cerrar la fábrica, no digamos el Ministro de Salud Pública o de Medio Ambiente.
La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos es una resolución histórica muy valiente, dijo que esa fábrica debería cerrarse ¿qué esperan las autoridades para hacerlo? La impunidad ambiental es una faceta más de la sociedad salvadoreña, más bien de su gobierno, el problema del daño al medio ambiente no se ha tomado en serio, autoridades débiles, leyes poco precisas, olvido del clamor social y solapamiento del contaminador.
La Fiscalía tiene el caso desde hace semanas y hasta ahora todavía no se pronuncia, ¿cuándo nos sorprenderá con el requerimiento? Mientras tanto a los niños y niñas de las escuelas se les ha recomendado que se vayan de lugar, en vez de decirle a la fábrica que ella se vaya del Sitio del Niño, esa es una comunidad ancestral, posiblemente el lugar de un asentamiento indígena milenario.
Otro caso emblemático con un veneno muy peligroso el “tostafeno”, sucede desde hace años en el Cantón El Papalón de San Miguel, otra rayita del tigre de la ingobernabilidad ambiental.
Allí permanecen barriles contaminantes al aire libre, los niños y niñas juegan cerca, la gente del lugar no soporta el mal olor del veneno. Se ha anunciado que estarían por llevárselos una compañía francesa, después de casi diez año de martirio para la gente pobre del lugar.
¿Habrá justicia ambiental algún día? Si no ha habido justicia para los crímenes contra la humanidad y de guerra que aquí se han cometido, es poco probable que la haya para el medio ambiente.
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