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El Salvador, Martes 22 de Mayo de 2012
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Viernes, 21 de Septiembre de 2007 / 10:27 h

Una mirada histórica y antropológica a las migraciones y el caso de El Salvador (Parte 2)

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Ramón Rivas

Por qué en tiempos de paz la gente prefiere irse de este país? Y ¿Por qué cuando el gobierno habla de repunte económico es cuando más la gente también se va? El fenómeno de la migración, y un análisis de ello, es sumamente complejo pero en este país las causas del por qué la gente son cada vez más obvias y hasta el menos letrado las entiende.

Y es que, si nos fijamos, el planeta entero está cubierto de cicatrices que los seres humanos trazan para intentar separarse de sus semejantes. Hoy es Irak el centro de atención en donde, en nombre de la democracia, se mata y se destruyen sociedades y culturas. Pero los tambores suenan y se teme en otras partes del mundo por más invasiones, también para “defender y establecer democracia”.

Los costos humanos son grandes y los que sobreviven tienen que vivir en sociedades, digo yo, deformadas en todos sus aspectos.

Los motivos que se esgrimen para ello son sumamente variopintos, pero en todos ellos subyace el rechazo de lo diferente: hay que trazar fronteras para separarse de otros seres humanos que son de otros pueblos culturalmente diferenciados, nacionalidad, religión o ideología política distinta. Y la gente que sobrevive, o antes o, en medio del conflicto se va.

Pero la reacción de los países donde la gente emigra se deja sentir con todo, ya que vemos que el motivo más potente, más frecuente y más auténtico del rechazo al migrante es de índole mucho más materialista: pura y simplemente para impedir el acceso de seres humanos que son pobres y que aspiran a escapar de penurias y calamidades.

No hace mucho tiempo que fueron abatidos el muro de Berlín y el telón de acero que separaban los dos grandes bloques ideológicos durante la guerra fría, pero desde entonces se han levantado otros muros con longitudes muy superiores: miles y miles de kilómetros de nuevas separaciones físicas entre vecinos edificadas con la loca e infundada pretensión de ser infranqueables.

Se han levantando así nuevos muros, barricadas, vallas, verjas, fosos y trincheras en muchos lugares del planeta. Prácticamente, en todos los continentes: en Asia, América, África y hasta en Europa.

Con todo tipo de materiales: con piedras y arena, con metal y hormigón, con alambre rezor; y sin olvidar las tecnologías más avanzadas para el control fronterizo: cámaras de vídeo, sensores de calor, rayos láser, equipos de visión nocturna, helicópteros, aviones robotizados e incluso campos de minas.

Si la corriente humana empujada por la miseria y el hambre está ahí esperando, siempre, el que se va porque se muere de hambre, porque quiere superar la pobreza, acabará encontrando una vía de escape, aunque sea por otro lugar.

Esta lección no la debería olvidar ningún gobierno. Sin más, constatamos y nosotros como país hemos sido partícipes del mismo fenómeno, la realidad es que la migración se ha constituido en una situación constante y no circunstancial o coyuntural como se suponía.

Hoy que la expresión armada del conflicto terminó como resultado de los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de 1992, pero que algunas causas que lo generaron se mantienen, la ola migratoria continua vigente, y ya no en forma silenciosa como algunos años atrás, (naturalmente durante la guerra éramos testigos del constante flujo migratorio para cualquier parte, lo importante era irse de este calvario principalmente si eras joven) como responsabilidad y aventura personal, sin la mediación de las políticas de estado o la propaganda sutil existente para que la gente se marche.

El ser humano es en este país en producto de exportación número uno. Hoy en día el fenómeno se da más abiertamente y hasta pareciera costumbre, y hasta el gobierno en forma sutil lo promueve usando todo tipo de medios de comunicación, pero a la vez se captura y dicen que se persigue a todo aquel que es denunciado como “coyote”.

Cuidado con esta doble moral. La pregunta es: ¿Por qué en tiempos de paz se produce la inmigración? La explicación más objetiva está en las calamidades económicas a que se ve sometida la población y a ese deseo nato del ser humano de imitar lo que otros hacen, pero en este caso imitar para salir adelante, delante de la paupérrima situación en que se vive.

La cuestión es que paradójicamente los gobernantes dicen que hay mejoras en la sociedad y en nuestro país lo leemos y lo vemos en los medios que secundas esa farsa que por la forma en que se presenta ante una realidad palpable es más agravante que un insulto. Y así lo manifiesta la población.

En este país el costo de la vida y el desempleo crecen de la mano cada día y no creo que hay algún lector que se atreva a decir que no es verdad.

Pero hay algo curioso y llamativo del fenómeno, pues los inmigrantes actuales, constituyen un espectro de población, donde no todas son personas que proceden de los estratos más pobres; dentro del grupo los hay de procedencia campesina y urbana marginal –los que casi nunca pueden pasar- , pero también hay sectores de propietarios rurales, algunos de los cuales tienen capacidades para reunir hasta cinco mil dólares que les cobra un traficante de indocumentados popularmente conocido como “coyote”; también hay profesionales de nivel medio y técnico, con capacidad de reunir cierta cantidad de recursos para el traficante, por lo general puede pasar solo el que puede pagar.

Los bajos salarios, la falta de expectativas de vida, -aunque nadie entiende porqué los organismos internacionales secundan que esta es mejor que antes- ha experimentado mejorías en los últimos años, la escasez de oportunidades, el espíritu de aventura, aspiraciones y ambiciones personales y familiares el deseo de tener acceso a nivel de confort que produce el consumo en aquel país, pueden estar entre las múltiples razones que inducen a emigrar.

Naturalmente que desde la perspectiva del ser humano adulto, la aspiración esta en su legitimo derecho; el gran dilema radica en cómo lograr esas aspiraciones sin atropellar el derecho de los demás.

El retorno de los inmigrantes, incluye un drama familiar que constituye el hecho de que muchas familias se han desintegrado y se siguen desintegrando.

A causa de la violenta separación física de algunos de sus miembros, situación que se profundiza por la falta de certidumbre que el futuro inmediato provoca.

Pero también puede significar la reconstitución de familias, donde hay padres o madres que se fueron desde hace muchos años y no reto0rnaron.

En esto del retorno hay mucha tela que cortar, aún no hay estudios que hagan referencia al fenómeno pero ya se prevé que de cada diez migrantes salvadoreños tres regresarán y los otros siete se quedará hasta morir en el país que lo recibió y hasta el último día de su vida estarán pensando que algún día volverá.

Muchos de ellos hasta dejaron propiedades e inmuebles que dejaron construir precisamente con esa esperanza, la de algún día volver. Continuará…

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