Washington/dpa
El ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Alan Greenspan relativizó su afirmación de que el petróleo fue la principal razón para emprender la guerra de Irak, según cita hoy el «Washington Post».
Greenspan explicó al rotativo que no había oído ni al presidente George W. Bush ni al vicepresidente Dick Cheney decir: «Debemos proteger el suministro de petróleo en el mundo», pero que ése había sido su motivo personal para derrocar al ex dictador Saddam Hussein.
El banquero explicó que una interrupción del suministro de crudo de la región del golfo Pérsico habría elevado el precio del barril hasta los 120 dólares y desencadenado un caos en el mercado mundial. La intención, subrayó, no era dar la impresión de que Estados Unidos fue a la guerra para hacerse con el petróleo iraquí.
Greenspan, de 81 años, desató un considerable revuelo el fin de semana cuando se conocieron fragmentos de su libro de memorias «The Age of Turbulence: Adventures in a New World» en los que afirma: «Me apena que resulte políticamente incómodo aceptar lo que todo el mundo sabe: la guerra de Irak fue ante todo un asunto por el petróleo».
En el esfuerzo por relativizar esa opinión, Greenspan también afirma en una entrevista publicada hoy por el «Wall Street Journal» que en su momento consideró primordial derrocar a Saddam Hussein, y que en conversaciones con Cheney y con el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dejó bien clara su opinión de que Saddam quería controlar las principales vías de exportación de crudo del Golfo.
El hombre apodado «El Oráculo» narra su versión de la historia de cerca de dos décadas a la cabeza de una de las instituciones financieras más poderosas del mundo, sin ahorrarse ataques al gobierno de Bush.
Pero el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, aunque mostró su «respeto» por Greenspan, rechazó este domingo que haya sido la sed de petróleo la causa de la invasión a Irak dirigida por Estados Unidos en marzo de 2003, que consiguió deponer el gobierno de Saddam Hussdein.
«Sé que la misma imputación fue hecha cuando la Guerra del Golfo en 1991, y simplemente no creo que sea cierta», dijo Gates a la televisora ABC.
«Creo que se trata de la estabilidad en el Golfo. Es acerca de regímenes que tratan de desarrollar armas de destrucción masiva», aseveró.
El experto financiero acusa en su libro al presidente estadounidense, George W. Bush, de abandonar los principios económicos de su Partido Republicano.
Greenspan, con toda una vida como republicano, escribe que le sugirió a la Casa Blanca vetar algunas leyes para aminorar el gasto «fuera de control», cuando todavía sus colegas de partido dominaban el Congreso. Aseveró que al no haberlo hecho, Bush «cometió un error mayúsculo».
Los republicanos en el Congreso, escribe, «cambiaron principios por poder. Al final terminaron sin nada».
«Merecían perder» en las elecciones legislativas de 2006, que permitieron que los opositores demócratas tomaran el control de las dos cámaras del Congreso.
Greenspan ofrece su propia versión de los acontecimientos que rodearon el «crash» bursátil de 1987, el estallido de la burbuja de internet y la recesión que siguió a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.



