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El Salvador, Martes 22 de Mayo de 2012
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Jueves, 13 de Septiembre de 2007 / 12:53 h

La universidad es una exigencia, el Estado debe asumirla

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La universidad es una exigencia que trasciende los sencillos intereses de formación académica, va más allá y se compromete con el futuro. Un futuro que es de identidad, de sensibilidad social, que no atropella.

La universidad es eso, un universo, un universo que se proyecta hacia el interior del ser, del Estado, porque no se concibe un Estado sin identidad, sin ese algo que lo haga ser único.

Un Estado tiene un idioma, tiene tradiciones, tiene una historia, tiene una esencia que lo difiere de los demás.

Hemos comenzado una nueva centuria de cambios veloces, que no esperan a nadie, como país entramos en desventaja, nos ha distraído el mercado, las políticas globali-zantes, los intereses económicos, la explosión de las comunicaciones, las ideas del mercado, y estamos más preocupados por mantenernos al ritmo de las economías que por darnos un lugar como individualidad.

Hemos entrado en un torbellino que no nos permite pensar, que no nos deja avanzar en la dirección de un destino pensado, nos lleva el viento sin velero atinado.

Urge un timonel que reoriente el rumbo: la universidad puede contribuir a ese enderezamiento, y posiblemente el camino se nos haga mas corto y menos azaroso.

Somos un país con muchas universidades y con pocas opciones para elegir una carrera universitaria.

Es tiempo que eso también se reoriente a favor de la gente que se propone una formación, la que además debe estar expuesta a formar profesionales para el futuro de una patria que se inserte en un mundo exigente en el que sólo sobreviven los que son lo que son (Europa lo ha tomado tan en serio que ya se unió, haciendo a un lado intereses de dominio y considerando que necesitamos un mundo mas interesado en el humano).

La universidad es esa exigencia que necesitamos para dar el paso que se necesita, pues trata con las personas y su entorno, la universidad no sólo forma, también transforma al elemento humano cuando este va creciendo y se desarrolla dentro de la familia, transformando la visión de sus miembros, si esta formación es deficiente o equívoca la familia se desorienta y el país entra en ostracismo, un mal para insertarse en la globalización del presente.

La universidad es y pide compromiso, la universidad está comprometida. El hacer académico es compromiso en la medida que es el humano su receptor, una persona entendida como el humano que además de poseer una dimensión racional e intelectual, funciona simultáneamente como una unidad psicológica, moral, espiritual y social.

Por eso, preparar a nuestros estudiantes solamente en el conocimiento y principios de una profesión sería traicionar la hermosa y exigente tradición con que nace la institución nos obliga, por tanto, a ir más allá del campo de una sólida preparación disciplinar para el ejercicio de las diversas licenciaturas y posgrados De modo que el permanente esfuerzo por mejorar nuestro nivel académico debe entenderse como un simple medio al servicio de un fin mayor: educar a la persona completa en la solidaridad para con el mundo real.

Así entendido, el papel que nos toca desempeñar ante la sociedad no consiste sólo en abastecerla de profesionales y técnicos competentes, sino que adicionalmente nos impulsa a educar personas con una comprensión crítica, bien informada y altamente responsable del mundo que les ha tocado vivir; siempre con la mira de aprovechar sus conocimientos y su potencial teórico, analítico y técnico para subsanar las diversas formas de la injusticia que todavía aquejan nuestras relaciones sociales.

Se debe trabajar para la formación del gobernante identificado con su tierra, su gente, su patria. Que sienta, que se responsa-bilice por una sociedad en desventaja con relación a las ya maduras y muy civilizadas.

Se debe trabajar para educar personas capaces de entender lúcidamente al mundo de hoy para, dentro sus circunstancias y posibilidades, incidir de la mejor manera en su paulatina transformación en un lugar más digno de ser vivido y convivido por todos.

La formación no será posible lograrla si nos limitamos a trabajar a nivel del individuo, manteniéndolo encapsulado en su confortable burbuja y ajeno al contacto con la realidad externa tal cual es.

El único camino consiste en dinamizar esa interacción entre la teoría científica, con la maravilla de sus instrumentos tecnológicos y el contacto social comprometido y solidario, que pone en juego no sólo la inteligencia del estudiante sino también su sensibilidad.

Sin ese contacto, activo y al mismo tiempo reflexivo, sería estéril tratar de formar licenciados, ingenieros, doctores y técnicos aptos, que sean al mismo tiempo personas comprometidas con su comunidad, consigo mismos y con su tiempo histórico.

“La Universidad es y debe ser una realidad histórica… es en cuanto está condicionada por lo que es la realidad en que se da… debe ser en cuanto se esfuerza en no ser arrastrada por lo que es su contexto histórico y en cuanto intenta contracondicionar y transformar ese contexto desde su propio carácter de universidad“. (Héctor Samour).

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