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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Jueves, 06 de Septiembre de 2007 / 10:05 h

Hambre en El Salvador, estampas del ayer y del presente

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Rómulo L. Leal

En la vieja Santa Ana de los años 30, era costumbre, en los mercados, comercios, tiendas ,talleres y casas particulares, dar limosna a los pordioseros los sábados y se tenían reservas de comida o dinero para repartirlo. Los pordioseros eran, la mayoría, conocidos, y recuerdo que no eran muchos.

Abundaban los árboles frutales plantados a la vera de los caminos polvorientos, sobre todo mangos, naranjos, zapotillos, sunzas. Esta es una costumbre de los mayas, quienes los sembraban para que comieran los que iban de paso.

Había fincas donde por 15 centavos de colón se podía entran a cortar mangos y comer todo lo que se pudiera. Si se pagaban 25 centavos, se podía llevar un saco, llenarlo y llevarlo a casa.

Los tiempos han cambiado, el número de pobres, ahora es infinito.

El sistema capitalista ha hecho que el dinero se encuentre en muy pocas manos. La mayoría de las personas que circulan a pie por San Salvador sólo cargan unas pocas “coras” en sus bolsillos, para cubrir el pasaje del bus. Los pordioseros piden todas los días y nos conmueven tanto, que sentimos la obligación moral de darles, hasta donde nuestra posibilidad alcance.

Los viejos tiempos fueron mejores, menos codiciosos los ricos, mas elevado el concepto de amistad y de solidaridad humana.

Ahora es una multitud de pedigüeños en las esquinas, en las paradas de buses, otros que limpian el parabrisas del carro o que al estacionarlo, piden propina para cuidarlo. En fin, gente sin trabajo ni oportunidades, excluida, sin conocimientos ni habilidades para optar por un empleo y por toda herramienta cuentan sólo con su fuerza muscular.

Me decía un ilustre colega, amigo mío: Son haraganes.

No, le repliqué, no son. Son los derrotados por el sistema y que han perdido toda esperanza.
Leímos un cuento que decía que un hombre desesperado pedía a Dios, a gritos, enviara ayuda para resolver la situación de hambre en la Tierra.

Dios le contestó: Ya envié... te envié a ti.

La reflexión nos dice: ¿Qué he hecho yo para solucionar la terrible situación del hambre en El Salvador?

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