No se escuchan voces que soliciten una docencia para la universidad salvadoreña.
La docencia actual, después de mas de siglo y medio de la presencia de los estudios superiores en El Salvador siguen los métodos tradicionales y hasta arcaicos en la enseñanza aprendizaje.
Métodos que no se adecuan a la realidad del país, entendida la realidad no como lo que el mercado demanda sino por lo que el salvadoreño necesita, para crecer como ser humano, como profesional al servicio de los demás, como ser que pertenece a una comunidad que también enferma.
Después de el aparecimiento de las escuelas positivistas en el viejo mundo, se empezó a ver al ser humano como centro de todo el interés del desarrollo. La misma Constitución de El Salvador lo subraya en su artículo uno: “el origen y el fin de la actividad del Estado” es la persona humana. Que más esperar si el mismo legislador lo plasma con tanta sabiduría y sensibilidad de hombre político.
La actual formación de los profesionales salvadoreños van con la tecnología pero no con el pensamiento humano, visto como el talón de Aquiles de la formación de los hombres y mujeres, responsabilidad que cae en los docentes, que no tienen una visión horizontal del formando.
Es necesaria la renovación de métodos concientemente, viendo al estudiante antes como persona que como estudiante, pues esa persona se forma con afectación constante de su entorno particular, entorno del que todos somos responsables, como ciudadanos.
Ese entorno particular de nuestro estudiante tiene elementos que le afectan, como el hecho de pertenecer a la clase laboral con sueldo mínimo, es de procedencia rural, de hogar desmembrado, viven en colonias bajo amenaza de la violencia, en casa carentes de servicios básicos, etc.
Con las credenciales mencionadas no es extraño que este estudiante nuestro tenga una moral baja y deserte de sus anhelos y sueños, una deserción que sigue siendo numerosa y preocupante.
¡Docente no puedes seguir evaluando como te evaluaron a ti!



