Marielos Márquez
Redacción Diario Co Latino
Los bajos intereses, las facilidades de pago, incluso la no presentación de prendas que garanticen el pago puntual de las cuotas son algunas de las “facilidades” que se le presentan a los posibles clientes. Sin embargo, la realidad, en algunas ocasiones, es diferente.
Jorge Alberto Ruiz, es motorista del transporte público. Con la visión de mejorar su calidad de vida, en 1998 solicitó un préstamo por 220 mil colones al Banco de América Central, antes CREDOMÁTIC, para adquirir un microbús nuevo, el cual estaría destinado al transporte colectivo entre Soyapango y San Salvador.
Una de las “ventajas” que tenía el crédito era que en lugar de dar una garantía, se presentó la figura de “firmas solidarias”, en otras palabras se propusieron fiadores, los cuales garantizarían el pago puntual y responsable del préstamo adquirido.
En 2001, Ruiz fue despojado del microbús que había adquirido con el préstamo. Empleados de CREDOMÁTIC se presentaron al punto de microbuses de la ruta 7-A, señalando que el crédito otorgado presentaba mora y que por tal razón le quitarían el microbús, “de forma arbitraria e ilegítima”.
De acuerdo a declaraciones dadas por Ruiz, el banco no procedió a entablar el juicio mercantil. Es por ello que Ruiz decide interponer una demanda en contra de la financiera por daños y perjuicios, en 2003. Luego de largos procesos, que incluyeron la deposición del juez 4º de lo Civil, el traspaso del proceso a la Cámara Segunda de lo Civil.
Esta última dictaminó, finalmente, que CREDOMÁ-TIC, ahora Banco de América Central, debe indemnizar al señor Jorge Alberto Ruiz, ya que se comprobó que el acto de despojo se realizó de forma ilegítima e ilegal.
Ahora, el señor Ruiz afirma que aunque parezca que hay luchas difíciles de ganar, siempre existe la posibilidad de ganarlas, ya que “la justicia tarda pero siempre llega”, concluye.



