La crisis de valores es tanta, que parece tan natural el abuso, pues hasta las mismas iglesias son incompetentes ante la fuerza de la mentira, es más algunas hasta se unen al coro haciendo honor a Pavlov.
¿Cómo pueden medios de comunicación e instituciones de estado meterse en campañas atentatorias a los más caros intereses sociales como la educación, y la salud del espíritu?
¿Cómo han llegado a afinar sus instrumentos orquestales para someter a un pueblo que sigue teniendo voces disonantes? Que muchas veces se niega a reconocer los errores “bendecidos” por ministros religiosos. Se necesita un rescate de valores en serio, no por mera retórica mediática.
No por una “campaña política” de la mal parida MEUNO, que con espacios comerciales tele-novelescos “conmovió”, y que ante la aparición de un tan solo Belloso se quitaron el ropaje que les incomodaba y quedaron al desnudo como buitres, como carroñeros. Así no lograremos el cambio social que este país requiere. No por campechanos deseos del Presidente Saca amaneceremos más temprano.
Y no es que el Presidente y su orquesta ignoren que el rumbo del país es por el otro lado, lo que sucede es que está tan comprometido con los financistas de su campaña que es un imposible hacer algo semejante a lo que hacen los suramericanos y la misma Costa Rica. Su único camino a seguir es el de continuar consintiendo (esto, imaginando que tiene humanos propósitos).
El sistema, este inhumano gobierno, nos ha llevado a inutilizar el diálogo con los demás, no se tiene tiempo para pensar en valores, esos se enumeran sin efecto.
Todos estamos imbuidos en pensar en que desayunaremos mañana. Estamos sumergidos en la desconfianza hacia el vecino; hacia la persona que nos encontramos en la calle, hacia cada uno de los que suben al transporte público, etc.
Nadie cae en la cuenta que la ganancia por la ganancia es obra del diablo.
Estamos en un país de tierra sin nombre, donde cada día nos alejamos más de Dios, del valor del amor, de la solidaridad, de la misericordia, de la bondad, del sentir por los demás. Aquí, “si estoy bien todo está bien”. Parece una maldición la que no ha caído, la octava plaga, aquí parece que Samuel, el judío errante, se ha quedado para vivir.
Cabe decir, ¿quien puede ayudarnos, solo los valores? Desandemos el camino. No con campañas “estupidizantes”, dignas para analfabetas. Orientadas al espacio de la ignorancia y la inocencia. Elaboradas con la más sana de las perversidades.
Insistimos. ¿Y este pueblo hasta cuándo soportará? ¿Y nuestros académicos no tienen pluma? ¿Y nuestros intelectuales será que existen? No para que asesoren, sino para que se hagan responsables.



