Saira Maricela Rodríguez, víctima de supuesta mala praxis. Foto: Eduardo Toledo
Eduardo Toledo
Redacción Diario Co Latino
Uno de los máximos deseos de la mayoría de mujeres en la vida es el poder realizarse como madres. Y que al tener hijos, estos vengan sanos.
Para Saira Maricela Rodríguez, de 20 años, este deseo se cumplió, aunque tuvo sus consecuencias.El 13 de febrero del presente año, Rodríguez ingresa al Hospital Nacional “José Molina Martínez”, de Soyapan-go, para que se le atendiera su parto natural.
Pero después de practicarle los exámenes de rutina, determinan que hay que hacerle una cesárea, porque estaba en peligro la vida del niño. “Estuve en control prenatal en la clínica PRO FAMILIA de Soyapango, y nunca me dijeron que estaba propensa a una cesárea”, afirma Rodríguez.El 15 de febrero le dan el alta médica. Pero ese mismo día sintió fiebre alta y malestares abdominales, por lo que regresó al nosocomio nuevamente, donde le dijeron que se trataba de una infección en las amígdalas, y le recetaron medicinas.
Al siguiente día volvió al hospital, ya que los medicamentos no habían hecho efecto. Esta vez fue ingresada.En esta ocasión le diagnosticaron infección en las vías urinarias, pero aparte de los medicamentos para la infección, le recetaron una inyección, que sí no se la ponía en 24 horas, nunca más volvería a poder tener hijos.
El alta le fue dada el 17.“Compré la inyección, con un gran sacrificio, ya que costaba 175 dólares, y me la pusieron; al llegar a la casa se me reventaron los puntos de la cesárea, y me comenzó a salir agua sucia del estómago y sentía que el estómago se me iba a deshacer”, relata Rodríguez.Inmediatamente fue llevada al Hospital Nacional de Maternidad, después de hacerle los análisis, se dictaminó que la paciente presentaba una severa infección en la cavidad abdominal por la cesárea. Y queda ingresada.
El 18 de febrero le practican una operación en la cual se le extrae el útero, matriz y ovarios, ya que a raíz de la grave infección, estos órganos estaban comprometidos. “Nunca me pidieron mi parecer para que me quitaran mis órganos”, aclaró Rodríguez.A los 15 días se le practicó otra operación, por una parte, para limpiar la cavidad abdominal y remover las células muertas; por otra, para colocarle un malla y ayudarle a fijar el abdomen. Fue un mes el tiempo que ella estuvo internada.
Como consecuencia de este proceso, Rodríguez ha presentado efectos como: problemas en la vejiga, que derivan en inconvenientes al orinar, debido a la malla que ya se adhirió a la piel; además debe tomar estrógenos, hormonas y antibióticos; consultas con el dermatólogo, ya que al no producir de manera natural las hormonas, su piel está propensa a envejecer más rápido.
Incluso, no puede amamantar a su niño debido a los antibióticos. “El hospital no me da las medicinas, porque no tiene, por tanto, tengo que comprar todos los medicamentos”, externa Rodríguez.
Asimismo, Saira Rodríguez siente que se le realizó un mal procedimiento en el nosocomio de Soyapango. “Es duro y no es justo que por un error me pasó eso”, puntualizó.
Agregó que cuando estaba ingresada en el Hospital de Maternidad, conoció varios casos igual al de ella, y que provenían del Hospital de Soyapan-go, y que ella habló con las pacientes y que le dijeron que no dicen nada por miedo a represalias.
A raíz de esto, se interpuso una demanda en la Fiscalía General de la República, en la cual se solicita, entre otras cosas, consultar los expedientes clínicos de ambos hospitales, con el fin de conocer la causa real del padecimiento y que se ordene un reconocimiento médico al Instituto de Medicina Legal, orden que ya fue dada.



