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El Salvador, Martes 22 de Mayo de 2012
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Martes, 31 de Julio de 2007 / 11:38 h

El descanso y la ética

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José M. Tojeira

Desde épocas muy antiguas el ocio creativo, es decir, aquellos momentos de descanso donde el ser humano podía dar rienda suelta a su imaginación y su creatividad, al tiempo que descansaba y se divertía, fue considerado como una base sólida de cultura. Justo es en ese sentido que en torno a las fiestas patronales de la capital y del propio país, que lleva el nombre de El Salvador, celebremos y descansemos estos días.

El descanso une con los amigos, anima y da confianza en la vida, alegra y hace tomar las dificultades de la vida diaria incluso con humor.

Un poco más de descanso, y un poco más de oportunidades de disfrutar sanamente el descanso son necesarios para vivir.

De hecho El Salvador es uno de los países centroamericanos con menos tiempo legal de vacaciones. Y aunque eso no sea la fuente de la agresividad de la que aveces nos quejamos, lo cierto es que unas vacaciones con capacidad de pasarlo bien, relajan y estimulan el buen humor.

Algo de lo que deben carecer nuestros políticos, porque rara vez he visto en las plataformas electorales, ni siquiera en las sindicales, aumentar el tiempo de vacaciones de los trabajadores.

Pero en El Salvador no valoramos algunas cosas. Incluso para pedir un poco más de tiempo de vacaciones habría que andar diciendo que el descanso estimula la productividad de los trabajadores.

Y mientras no lo digan con mucha fuerza los norteamericanos, que son nuestros gurús preferidos de la economía, o mientras no veamos a otros que producen más porque descansan un poco más, la ley de la ganancia y de lo tangible sigue mandando sobre las necesidades o las conveniencias del espíritu humano.

Aunque todas las culturas han señalado días de descanso, el judaísmo primero, y el cristianismo después, han sido determinantes en la creación de este espíritu de vacaciones que, aunque en muchos aspectos comenzó siendo patrimonio de las clases medias, se ha extendido en la cultura mundial. Descansar es una manera también de participar en la creación divina.

Es signo de que uno colabora con la creación de Dios.

Con la construcción de un mundo que tiene vocación fraterna, que aspira a la unidad dentro del respeto a su enorme diversidad. En el cristianismo el descanso ha caminado siempre junto a la reflexión y a la oración, a la alegría compartida de la comunidad y a la esperanza.

Cuando celebramos al El Salvador precisamente por su nombre en permanente referencia a nuestro Salvador Jesús, debíamos incluir en nuestro descanso algunos elementos de reflexión.

Las tensiones de la vida y la sociedad de consumo nos impulsan con demasiada fuerza hacia una diversión alocada, muchas veces riesgosa, y que en una indebida proporción termina en tragedia.

Ver la muerte, o rondarla, ya sea en carretera, o por el alcohol o la violencia, no es el modo de descansar que nos humaniza. Necesitamos compartir, necesitamos revisar nuestras vidas, necesitamos relajarnos y cobrar nuevas fuerzas. Descansar desde la amistad, desde la familia, desde el diálogo, desde la alegría que da la belleza de nuestra naturaleza, desde la bondad de nuestra gente, nos humaniza. Descansar desde el desahogo alcohólico, desde la risa que nos dan la estupideces que hacemos o decimos cuando estamos bebidos, desde los resentimientos que brotan cuando perdemos las inhibiciones, nos vuelve menos humanos.

El Salvador necesita personas nuevas para construir un El Salvador distinto. No podemos continuar con las terribles diferencias sociales, con la exclusión sistemática de tanta gente que se ve forzada a marcharse a Estados Unidos porque aquí no encuentra oportunidades.

No podemos seguir con la incapacidad de proteger a los más pobres de las plagas como el dengue, las neumonías, etc. No queremos depender de un sistema judicial donde los más ignorantes son los que deciden demasiadas cosas, ni de una Fiscalía demasiado prepotente y arbitraria desde su monopolio de la acción penal.
Necesitamos descansar de tanta corrupción, charlatanería, irresponsabilidad e indiferencia ante el dolor de los más pobres.

Descansar para tomar fuerzas, para solidarizarnos, para buscar un país que sea cada día más fraterno. Descansar para ser más y no para entretenernos creyendo que somos más porque tenemos capacidad de gasto e incluso de derroche. Descansar, en definitiva, para trabajar con mayor deseo para que nuestro país lleve con honra el nombre de El Salvador.

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