Luis Fernando Morales Núñez
Por todos es sabido que la enseñanza universitaria en El Salvador y en Latinoamérica es baja en calidad, se dice que no prepara al estudiante para la vida laboral y social. La gran preocupación de las universidades salvadoreñas es informar, informar e informar contenidos humanísticos; pero no desarrollan las competencias generales o básicas de un profesional y mucho menos las competencias específicas de cada profesión.
Entonces, ¿para qué sirve la universidad? ¿sólo para rellenar de datos el cerebro? ¿Para dar títulos? ¿Y la formación profesional? ¿Y la investigación?
Al leer la “misión” que se han trazado las universidades resulta estimulante lo que cada una propuso hacer, cuando el MINED le pidió que redactara la visión y la misión de cada entidad educativa. Pero, ¿la cumple cada una? Se confirma otra vez el dicho de que “el papel aguanta con lo que le ponen (escriben)”.
Si las universidades cumplieran sus misiones, ya habrían cambiado la sociedad salvadoreña.
Claro que esto no se le va a pedir a ciertos centros superiores que ya están agónicas. Algunas gestionan “paquetes” de matrícula con intenciones diversas, porque ya no les llegan estudiantes. Otras apenas les alcanzan las cuotas para pagar, a lo sumo, dos sueldos a los docentes por cada ciclo. Algunas tienen nombrado personal de planta ficticio. Y el MINED, ni cuenta se da de todo.
Pero la sociedad espera mucho de los graduados. Espera capacidad profesional. Algunos médicos por ejemplo, que no se han graduado en la UES, reaccionan alteradamente cuando se les pregunta que de cuál universidad son graduados. ¿Qué denota esta reacción? Usted puede colegir, estimado lector.
Además de la capacidad y eficiencia profesional, la sociedad exige de los graduados- y esto deben tenerlo muy presente las autoridades y los mediadores de todas las universidades salvadoreñas- las siguientes competencias y cualidades:
* Que sea un profesional democrático (en el verdadero significado de este término y no con el manoseado y falso sentido que le da la política oficial).
* Que tenga amplio criterio y visión crítica de la realidad.
* Elevada cultura, y no la seudocultura del periódico o la televisión de este país, tan pobre en este aspecto.
* Que sea solidario con la justicia, pues en la mayoría de casos, especialmente los abogados y periodistas, venden sus ideales de justicia a los dueños de los medios, a la clase oligárquica o al Gobierno.
* Que domine su especialidad profesional informándose de los avances recientes en su rama.
* Que venga a desempeñar con eficiencia , probidad y responsabilidad sus actividades laborales.
* Que sea respetuoso y tolerante en su trabajo y comunidad y no un engreído y petulante ciudadano.
* Que tenga gran sensibilidad humana y social.
* Que tenga criterios propios, y no se deje imponer dictados políticos y religiosos ajenos a su sentir y pensar.
* Que participe activamente en la vida económica, cultural y social de su comunidad y del país.
* Que ame con pasión la verdad, los derechos y la paz.
* Que se supere en todos los ámbitos de su personalidad y muy especialmente en el conocimiento de su especialidad.
* Que tenga una mentalidad abierta a cualquier situación nueva que se le presente.
En fin que el egresado y la egresada se desempeñe como un hombre o mujer que trasluzca su educación superior y no como un vulgar ladrón, estafador y mentiroso que avergüence su profesión, y que no sea un arribista o lameplatos de los políticos, que ascienden en las jerarquías oficiales y privadas a cambio de concesiones, ellos; y ellas, a cambio de favores amorosos como “a sato voce” se dice de señoras y señoritas profesionales.
Espero que el lector profesional vea en estas consideraciones la sana intención que los ha originado.



