Después de un cuarto de siglo de universidades privadas y más de un siglo y medio de la Universidad de El Salvador, es necesario que las autoridades universitarias y los docentes mismos tomen a buena disposición el nuevo perfil del estudiante salvadoreño, pues, el estudiante no ve el provecho que se le debe sacar a algo tan importante como es el estudio superior.
Al estudiante se le orienta hacia la dependencia, el empleo. Como si es este el fin para el que se prepara y pasa o pasará cinco o seis años en aula. No hay propuesta que lo vuelva agente de cambio real para su país, haciéndolo morir profesionalmente desde el primer día de clases, limitándole su campo de acción mental.
Con este tipo de orientación, se le castra la posibilidad de expansión, volviéndolo eunuco de su desarrollo y pernocta empleado cobrando salarios por debajo de lo que pudo lograr si hubiese recibido la orientación acertada.
Hay que iniciar ya, par no estar desprevenidos cuando venga la segunda y tercera globalización. ¿Que será lo primero? ¿Un foro universitario? ¿Un foro educativo para los próximos 25 años?
El timbre de salida sonó hace mucho rato, y ya salieron ticos, chapines, chochos, descontando mencionar a los del sur y los mexicanos. Los europeos y gringos ya están demasiado lejos. Y los salvadoreños, todavía ambicionando a nivelar el noveno año académico para el 2021, y si nos detenemos a discutir a que equivale ese noveno, ese es “otro pisto”.
Libertad de cátedra
La Constitución de la República ampara al profesor en su libertad de acción dentro del ejercicio docente, siempre que se cumpla con los contenidos; pero, los hay, docentes tan mediocres que no hacen nada sino es con el aval de sus superiores, esto para granjearse el beneplácito de su inmediato, pero en perjuicio del estudiante, y así van dando làstima a todo nivel.
Lo más seguro en estos casos, es que esa mediocridad manifiesta les ha acompañado siempre, desde su época de estudiante, son fáciles de acoplar al sistema, y carecen de la mínima creatividad.
Una de las más tristes acciones de estos individuos (no puede llamárseles docentes, menos catedráticos) es la dureza con que se comportan para ocultar su limitado “aporte” a la Universidad, ganándose motes de “yuca” y “paloma” en el caló estudiantil.
Agréguese a esa caricatura de pedestal mediocre, que esto fulanos leen, si es que lo hacen, un texto y lo vuelven “palabra de Dios”, se enamoran de ciertos autores que no ven a otro, menos crear un pensamiento propio para beneficio del ejercicio que el estudiante hoy y profesional mañana deberá enfrentar.
Donde raya lo fatal de su pequeñez es cuando se vuelven jueces implacables ante un minúsculo error de ortografía, tan inquisidores que cualquiera creería que son absolutos en la pureza de su reducción, perdón, redacción; y luego caer en su sonada liviandad, corrigen un error y ellos no se ven en el continente de ligerezas.
Pero en esto, mayúscula responsabilidad tienen los contratantes y los empleadores de estos contratantes… ¿Cuál es el criterio de ambas selecciones? La sabemos y la saben, pero… es el negocio.



