Hace 4 marzos EE.UU. y sus socios invadieron Irak. Las causas para ir a la guerra se demostraron falsas pues Saddam evidenció no tener armas de destrucción masivas ni lazos con Al Qaeda. Sin embargo, en 3 semanas de ofensiva los aliados capturaron Bagdad.
La guerra parecía rápidamente ganada. Los oficiales saddamistas prefirieron replegarse y diluirse en la población antes de ir a una batalla sangrienta final tipo Stalingrado, para así revitalizarse desde la oposición popular armada.
Con su invasión Bush quiso consolidar la hegemonía mundial de EE.UU. y la suya en su propio país, aunque ha terminado debilitándose. La tesis original era que tras la toma de Irak se consolidaría la victoria de Afganistán y se avanzaría sobre Irán. En los hechos ha ocurrido lo inverso. Irak está ingobernable, en Afganistán avanza la resistencia e Irán puede desafiar al mundo con plantas nucleares y ayudando a Hizbolá a ganar una guerra contra Israel.
Por Isaac Bigio
Analista internacional
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