La forma de justipreciar el conocimiento estudiantil actual es
anquilosada, prejui-ciosa, agresiva, imprecisa, inhumana, antiacadémica, anti formativa, antipatriótica, etc., etc.
Una preocupación docente en los países desarrollados es la forma de evaluación, y para qué sirve la misma.
¿Es la evaluación un número frío o una encuesta que tiene su propia lectura e interpretación? No es un concluyente resultado sino una diagnosis de la marcha de la enseñanza.
¿Preocupa a las universidades (y al MINED en el caso de la básica y la media) los resultados de la evaluación que hace el docente en el aula?
¿Porque medir con un número algo tan subjetivo, como el rendimiento académico? ¿Porquè esas precisiones matemáticas de 2.33, 3.35, 8.14? Eso raya en lo guasón y vetusto de la enseñanza salvadoreña.
¿El examen es una prueba de qué y para qué? ¿Es una prueba de quién y para quién? ¿Mide al examinado o al examinador, o a ambos?
Es una encuesta que señala algo. ¿Cómo interpretar sus resultados y que ajustes realizar a partir de los mismos?
El resultado no es un acabose, es el inicio de cambios. Cambiar de método de enseñanza, de evaluación. ¿Realmente están pasando los que asimilan?
El examen es un llamado a la conciencia de ambos, pero el docente es el responsable de hacer el alto para la toma de una decisión. Un número puede engañador, como el caso de los estudiantes que obtienen un ocho o hasta un diez en inglés sin por ello dominar el idioma o por lo menos el área evaluada. Una nota puede ser un abuso del que finge ser docente, pues, se da el caso de docentes inquisitivos con el examinado e ignorantes de la redacción básica o la elemental ortografía.
La medición precisa es mas una limitación crítica del examinador que del examinado.
La evaluación actual fue parida en la Universidad de El Salvador en los años 30 y el docente actual es incapaz de concienciar su arcaísmo.
El docente actual, la universidad en El Salvador y el Ministerio como ente rector, están obligados a revisar las repercusiones de retardar este rubro tan substancial para la vida del país: son responsables por conciencia, por ética, por moral, por compromiso de educadores o formadores a cambiar y persistir en la tutoría hasta que el estudiante encomendado aprenda lo que debe. Evadir, es de tiranos. Demorarlo es de ignaros. Rehusarse es de necios e inconcientes. Ocupémonos, es la única elección.



