Luis Fernando Morales Núñez
Cada vez que se inicia un ciclo en la universidad, hay una gran expectación en los estudiantes acerca de quien les servirá tal o cual materia. Mentalmente o en corrillos suelen preguntarse: ¿Quién nos va a “dar” esta clase? ¿Será bueno ese maishtro? ¿Será mujer u hombre? ¿Joven o viejo?
Y comentan: ¡Ah... sí, ese licenciado es bueno! ¡Ese ingeniero es malito! A mí me “dio” tal materia hace dos ciclos... y no le entendimos nada. La mayoría llegaba a dormir.... y los comentarios siguen.
Entonces, ¿Qué quieren de un catedrático (a) los estudiantes?
En primer lugar, que sea bien presentado es decir, bien combinado su vestido, muy aseado y que no genere rechazo olfativo. Además de la buena presencia y presentación, esperan que el docente desarrolle los contenidos de la materia de manera interesante y práctica; sin tanta verborrea. “Que aterrice”, dicen ellos. Que enseñe cosas útiles, que le sirvan mañana en el ejercicio de su profesión. Ah! Que los contenidos estén adaptados y adaptables a la realidad de este país. Porque, en la mayoría de cátedras universitarias, especialmente en las de Ingeniería, Admón. de Empresas, Medicina, los docentes toman información de textos y tratados norteamericanos o europeos, que ya tienen treinta o más años de escritos y que han sido traducidos al español en años más o menos recientes. Dichos textos y tratados traducidos pertenecen y reflejan una cultura científica y una realidad laboral muy diferente a la salvadoreña. Por otra parte los programas de las asignaturas son, en la mayoría de los casos, copia del capitulado total o parcial de los textos de consulta del docente. No hay, pues, una adecuación de la información a las necesidades laborales y sociales del estudiante. Por eso, cuando a nuestros graduados se les nombra en un empleo o cargo directivo, no funciona efectivamente o su desempeño es mediocre. La razón es que el nuevo profesional lleva mucha teoría y ninguna o muy poca orientación practica, necesaria en nuestro mundo laboral y social.
En las universidades norteamericanas y europeas a los catedráticos se les exige redactar sus propios textos adecuados a la realidad del país.
De lo anterior se infiere que un docente universitario no debe exigir a los estudiantes memorización mecánica de los contenidos del programa, tal como se viene haciendo en el área básica y media.
En vez de memorización, los estudiantes de ahora exigen al docente que éste les ejecute otros procesos mentales como el análisis, inducción, deducción, crítica, comparación, síntesis, hermenéutica o interpretación y otras habilidades propias del logos humano.
Entonces, el aprendizaje en una universidad debe consistir en una reelaboración por el estudiante de los contenidos programáticos a partir de sus propias experiencias.
Un aprendizaje que no debe o puede ser medido mediante ítemes de falso y verdadero, de selección múltiple de pareamiento o de respuesta única, sino con actividades o tests de ensayo, resolución de casos, diálogos y exposiciones del educando.
También se pide al docente que, para impartir los contenidos no se ciña a un solo texto; consultar varias fuentes le da la capacidad de responder a cualquier consulta del estudiante y a tratar con extensión y profundidad un contenido. Como ya se expresó antes, cada docente debe elaborar el texto base de su materia, adaptado a las condiciones y necesidades de nuestra realidad.
Aparte de estos requisitos, los estudiantes piden que los docentes no sean severos y tiránicos; serios y nada amigables. Todo lo contrario, en su quehacer didáctico debe emplear la amistad y el buen humor; sin caer en la chabacanería o el chiste insulso. Un docente debe ser siempre fino y culto; pero firme en el ejercicio de su autoridad.
Deberá ser también magnánimo, perdonando los errores excusables de los estudiantes. Claro que la magnanimidad no quiere decir alcahuetería o disimulo con el estudiante irresponsable y haragán; y menos con el vulgar o malcriado.
Tampoco no es bueno que el docente sea ansioso. No se puede medir al alumno con los parámetros personales derivados de la edad y experiencia profesional. Se deberán tomar en cuenta las limitaciones en cada caso y persona.
En lo que respecta a la evaluación los estudiantes piden que no se les apliquen pruebas demasiado fáciles ni demasiado difíciles; ni aplican las pruebas cuando están sobrecargados con otras tareas y evaluaciones.
Además, el profesor debe ser flexible, aunque no veleta que la manejen a su antojo los alumnos.
Otra exigencia muy importante es que el docente no debe pensar que sólo su materia es importante.
En nuestro medio, por ejemplo, se viene creyendo que la matemática es la materia más importante de cada carrera o nivel. Y el docente de dicha disciplina suele creerse el Tarzán de la educación y se da tonos de que a él no le aprueban más que tres o cuatro de todo un curso.
Nada más errado; el buen maestro es aquél a quien le entiende y asimila la mayoría de estudiantes del grupo.
La matemática es como cualquier otra disciplina. Dadas las diferencias individuales, en cuanto ha habilidades y destrezas, un estudiante puede tener poco o mucho éxito en la matemática, pero ser exitoso en otras materias y destrezas.
La matemática es, pues, tan básica como la música, el lenguaje o las ciencias sociales; en fin, como la educación física y estética.
Otra expectativa más: el docente no debe juzgar o catalogar a los estudiantes de su curso por los pocos que no quieren aprender, por los indisciplinados o por los desmotivados, sino calificar su curso o grupo por los que quieren superarse, por los que están motivados.
En un país de América del Sur se corrió una encuesta a los alumnos del sistema educativo, investigando acerca de cuál es la más importante cualidad que debe tener un docente.
Las cualidades que mayor puntaje obtuvieron, según el criterio de los estudiantes fueron:
* justicia
* bondad
* delicadeza
* calma
* paciencia
* dominio de sí mismo
* sentido del humor
* inteligencia
* honestidad
* capacidad
* puntualidad
* flexibilidad
Estas, son sin duda, las cualidades que deberán ostentar los catedráticos de nuestras universidades ya que los estudiantes latinoamericanos tienen las mismas expectativas, dada la similitud de nuestras sociedades y culturas.
¿Cuáles de esas cualidades reúne Vd., señor catedrático universitario de El Salvador?



