Los pueblos demandan lo más sentido para alcanzar su desarrollo, y no necesariamente lo harán mediante sufragio para elección de gobernantes y menos debe interpretarse como entrega de un cheque en blanco a favor del ganador, sino, el mandatario (no mandador) debe interpretar sabiamente la sensibilidad de esas mayorías en las diversas acciones que a diario se manifiestan en protestas como en esperanzas silenciosas.
Desde la Revolución Francesa y su declaración de los derechos del hombre, un quiebre de la interpretación de los pueblos, se marcó el destino de las culturas posteriores.
Los estados deben ser sensibles a los nervios sociales, atentos a las amenazas al tejido social, y así evitar el desequilibrio que provoque alguna desarmonía.
La educación superior, desde la Revolución Francesa se abrió a los pueblos, una educación vedada a las mayorías. En el presente no extraña ver a la mujer en el aula universitaria. Presencia conquistada.
Pero la sensibilidad gubernamental nuestra, históricamente, ha carecido de sensores dignos de la demanda, y los consejeros se limitan a ver en la represión la medicina para toda justa reacción de trabajadores y pueblo.
Sabemos que, mientras una demanda no es satisfecha, es cuestión de tiempo, y muy poco tiempo, para el brote de descontentos cada vez más soberbios e irreconciliables, por el nivel de desconfianza hacia quienes fallan al pueblo..
El número de personas aspirantes a la universidad cada vez es mayor, pero igual la frustración les crea posiciones resistentes hacia quienes se lo impiden.
A las aspiraciones negadas por la situación económica se suman: un mercado laboral de ridículas oportunidades, una empresa privada que priva de espacio a los sueños de sus trabajadores, un reducido espacio para competir en el área empresarial amañada por compra de voluntades, una política de universidades que no parece obedecer a naturalezas académicas y la sorda apertura de universidades de la red estatal (recuérdese que desde más de treinta y cinco años que se abrió la regional de San Miguel, El Salvador no abre una nueva Universidad Nacional)
Es una cuestión de lógica ordinaria el caer en la cuenta de esa petición, o de cumplir con el mandato presidencial, el velar por el bienestar de las mayorías y eso incluye la educación como punto excepcional de la agenda de política de Estado. Debe estar en prioridad en los tres poderes que dan forma a nuestro El Salvador.
El más importante insumo nacional es su población, y de sobra se conoce que la educación da coherencia a los individuos. La educación es un derecho. A nadie le come la ignorancia sin antes echar de menos la formación, aspiración imposible a medida que llegan los años y las responsabilidades. Antes de escuchar voces mañosas de sectores apatridas se debe cumplir con las demandas educativas de la vox populi (vox dei).
Entregarle poder al pueblo es hacer patria.
El gobierno, como manejador de la cosa pública debe y está obligado a encaminar la formación del salvadoreño para la mundializaciòn (conocida por globalización) y lo que conlleve de beneficios o perjuicios.
Lo social es la base de todo, ya lo dijo Lincoln, “hay que crear un modelo social para el pueblo y por el pueblo”, pues es el soberano, y como tal el mandatario se elige para servir no para servirse (o sirva a una clase que históricamente sabemos es provocación de conflictos)
En el 2007. Ya no es sabio hablar de superar los niveles de analfabetismo, se debe discutir sobre niveles de formación profesional, un noveno grado es de esclavos. Se debe apostar por un pueblo culto, poderoso, tecnificado, con criterio; como dijo el Obispo de Buenos Aires fustigando la campaña electoral argentina, “el pueblo no es una masa para manipular”, los políticos se deben al pueblo, y las campañas políticas son de engaño para un población marginada de educación mínima, que no comprende muchas cosas, que confunde desarrollo con una carretera.
Sólo que los gobernantes no tengan claro la búsqueda del bien común, o que sigan equivocando el interés por la cuestión económica como preocupación por los desposeídos. Si así se concibe una democracia, la democracia es perversa.
El salvadoreño es el fin señores legisladores, Señor Presidente.
La educación debe ser un deber del Estado en toda su extensión, el Estado es un medio para la gente no un fin, y apostar todo o casi todo a que la gente alcance los más altos niveles de conocimientos y destrezas es una inversión en la patria, que no se recogerán en cinco años.
Es asunto de fe en el proyecto, no es de debate es de combate, la mundialización se nos viene encima y…



