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El Salvador, Lunes 21 de Mayo de 2012
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Jueves, 11 de Enero de 2007 / 12:21 h

Nos robaron 80 mil

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El derroche no es suficiente para encubrir la bazofia que ensucia nuestro patio.
En un ambiente internacional convulso y con un imperio subyugando a fuego de armas inteligentes a cuantos no se someten a su voluntad. (Aun cuando florecen señales- y cada vez son más- querellantes como la de Hugo Chávez).
Con este cuadro patético no pinta anda bueno para un El Salvador que en manos de un grupo servil no sale de su pesadilla del subdesarrollo, aunque posea una riqueza poblacional, la cual medianamente conducida puede hacer un país prospero, decoroso para que vivan sus hijos.
¿Y qué espera un gobierno con sentido humano para darse cuenta de las necesidades de su país?
¿Qué señales espera ver todavía?
Han pasado quince años de los fanfarroneados acuerdos de paz, que, por más que se elogien, la población no recoge cosecha de dicho acontecimiento. El mercadeo lo tiene sumergido sin darle respiro. No se le da tiempo que analice los hechos y la información atiborrante que le llega día a día. Lo absorben los pensamientos de los medios alienantes.
¿Pero qué señales espera un gobierno par empezar a actuar con sentido humano? No humanoide. Si basta con salir a la calle un día cualquiera, en una hora cualquiera en un punto cualquiera, para darse cuenta de lo urgido de los planes humanos.
Olvídese del mercado amigo gobernante. Bástele, ver un joven pandillero o no pandillero, subiendo a un bus a pedir e intimidar a los pasajeros para que le sostengan vida y vicios.
Basta encontrarse ante el rojo de un semáforo con un niño ejecutando juegos malabáricos para llevar unos centavos a su familia. Que le baste observar un hombre surcando el gran San Salvador, vestido de payaso para hacerse el sustento del día.
Que le baste Señor Presidente, aunque se haga el desentendido, ver una mujer de más de sesenta años vendiendo “babosadas” a cora para su sostén. Un indigente basta para que usted caiga en la cuenta de las urgencias de sus gobernados, un indigente caricatura de persona (a quienes les prometió en su campaña sacarlos de su congoja) que recoge con ansias de animal un pedazo de pan empolvado.
¿Y cree usted insuficiente señal el pleito por un puesto para vender en la calle? ¿O cree qué no da “no se qué”, ver a un joven recorriendo las calles a las dos de la mañana husmeando en los basureros, buscando “algo valioso” en los promontorios de desechos?
¿Y le parece una minucia, como para no ocuparse, observar los niños en edad escolar vendiendo o en actividades degradantes en horas que otros estudian? ¿Y qué decir del empleado que se desnutre comiendo una torta mejicana por almuerzo? ¿Y del anciano que corta grama, o la mujer que se vende en el parque y los antros?
También es señal en rojo un hombre de treinta frente a una cantina en día y horario laborales.
Como es señal de alarma la proliferación de inversionistas en negocios de billar, cantinas, barras show y maquinitas, propias para concentración de vagos, un arca abierta para la perdición de un pueblo joven. Cada muchacho que se desperdicia en las divagaciones, que se le ofrecen impunemente, es el país el que pierde, y es por eso que el Estado no debe permitir que hayan demasiadas tentaciones que lo distraigan de su propio progreso individual.
Que baste Señor Presidente, ver a un joven atentando contra su salud con las comidas rápidas.
Que sea señal suficiente para repensar un gobierno, ver centenares de jóvenes peleando (manipulados si quiere) por un presupuesto universitario, en un país donde con una sorprendente irresponsabilidad no se ha abierto otra universidad nacional en más de 30 años.
Encontrarse año con año con la red estructural-educativa insuficiente para absorber la demanda estudiantil de básica, media y superior.
No se necesita un campanazo o un grito extranjero para darse cuenta de lo evidente. Existe un pueblo que demanda condiciones de desarrollo mínimos. Elevar la calidad de pueblo pasa por la educación y la salud, lo que se ha hecho es una cosa ínfima. Si no se le apuesta al desarrollo pleno nos estará pasando año con año, período tras período lo que le pasa al fútbol aquí mismo, pidiéndole peras a de los Cobos.
No se puede tener un país con supercarreteras para un pueblo de tercera, que aunque no le arrugue la cara al trabajo, lo que le pagan por ese trabajo no responde demandas necesarias.
No se puede ver con desprecio la emigración de las personas más calificadas y en la mejor de las edades de producción. Como no se puede inadvertir las señales de alarma que envían los hechos, cuando se ordena reprimir a gente del mismo pueblo con antimotines, sabedores que fue eso lo que nos arrinconó a una guerra de doce años de guerra, que si fue necesaria, no debe ser la medicina cada treinta años.
¿Cree usted y sus asesores que necesitar más cárceles para más salvadoreños que delinquen no es solución, y son muestra que algo grave se avecina?
¿Y cree que carecer de capacidad de aumentar el sueldo mínimo sustancialmente en un país que crece económicamente, y que espera un crecimiento de 4.2 puntos porcentuales para este 2007, no es una señal grave de lo crítica que está la situación nacional?
¿Si el gobierno no lo asume a quién se le deja tal empresa? ¿Permitiría para sus hijos las aberraciones que le ofrece el libre mercado, con medios o radios que le encadenan al perreo, reguetón y otras músicas y radios “guapachosas”?
Permitir que el mercado haga de las suyas con un pueblo muy poco formado es un crimen de lesa humanidad.
Usted pude hacerse el desentendido, desoír lo que señalamos, eso nos desespera, pero sabemos que hay que continuar.
Asuma Señor. Cada día la urgencia es mayor. ¡Haga patria! ¡Haga historia!

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