Nuestro sistema educativo no tiene futuro al ritmo que lleva.
Es urgente que al sistema educativo nacional se le de carácter prioritario. Darle mas libertad al Ministerio de Educación, menos sometido al Gobierno en cuanto a operación, para ello un comité funcional, con poder y propuesta, sin sujeción a decisiones políticas, mas que con el propósito de elevar la calidad de la educación del pueblo salvadoreño y hacerlo competitivo a nivel mundial. Una educación que no dependa de las demandas del mercado , sino que marque ritmo en el progreso nacional. Debe ser una apuesta a verdaderas inversiones en el ser humano para alcanzar un verdadero desarrollo y una empresa competitiva a niveles internacionales, no hacer creer que una carretera es una gran inversión.
Lo dicen todos, la embajada estadounidense, el representante de la ONU, el periodista Openhaimer, la cúpula de ANEP, etc. si todos lo dicen, ¿Por qué el Gobierno se resiste? ¿Es qué faltan recursos? Pero como es posible que hayan a veces más de dos instituciones haciendo labor igual, dispersando presupuesto y esfuerzos: Ministerio de Salud, Secretaría Nacional de la Familia y Ministerio de Defensa, los tres hacen labores de salud, como si no existiera ya un a cartera responsable.
Casos como el mencionado dan razón para creer que el presupuesto no tienen racionalización a la hora de la distribución, la política sigue predominado sobre el interés nacional.
Así, el Ministerio de Educación no está respondiendo a las exigencias del siglo XXI, desprotegiendo a la familia en una necesidad urgida del presente, donde la publicidad nos somete, y los medios se dan cuenta de la escasa visión de progreso de la gente y contribuyen con la política de turno.
Reitero, la educación debe estar en manos de conocedores y comprometidos con la formación del pueblo, que tengan visión de país, más pasión y menos frialdad.
Se debe mejorar la red física y estructural para acercarnos a la competitividad tan mencionada en el discurso gubernamental.



