El Estado debe prometerse y comprometerse en la arquitectura del salvadoreño del futuro, en tendiéndose como futuro el salvadoreño de la nueva generación.
Han pasado muchos años y no se logra consolidar un plan de nación en donde se estime la formación de este individuo.
El perfil no se ha trabajado, y de hacerlo se desconoce, todo está a la deriva y, la culpabilidad es de el Estado y más en los gobiernos de turno que están interesados en cuestiones mercantilistas y no en fundar al hombre para un mejor país.
En este escenario, quien debe apropiarse esa responsabilidad es la universidad salvadoreña, instituyendo un profesional con originales características: ambicioso, creativo, cuestionador de su realidad, crítico social, con dudas racionales para responder a sus porqués, un salvadoreño creyente de y en su raza, afanoso e insaciable en la búsqueda de mejor destino personal y de nación, con carácter perseverante ante las diferentes barreras que le impiden su desarrollo y demoran el progreso del país. Se le debe crear temperamento firme, capaz de tomar decisiones, persistente en sus aspiraciones y sueños profesionales.
La universidad está en la obligación trabajar en la formación de este individuo, y el Ministerio de Educación debe pensar en eso, en el perfil del salvadoreño, exigirlo a los centros de estudios. Nada de pensar en un salvadoreño acomplejado, excesivo cristiano sumiso (QUE GRITE “PORQUE ME PEGAS”). Debe ser un salvadoreño terco en la conquista de sus sueños, obstinado en sus metas; en resumen un nacionalista, pero no que piense en una nación por pura simpleza, sino un nacionalista defensor de los más inflamados valores de ser patriota.
No más un ciudadano pasivo ante los abusos, con una autoestima de esclavo, con pocas ambiciones, mas bien resignado y permisivo al estatus quo. Un salvadoreño influenciable, moldeable, fácil de sugestionar y domar, mas bien domesticado por una serie de componentes subyugantes.
Por ahora, las universidades están sometidas a las leyes del mercado o del mercantilismo, y sus discursos insubstanciales rezan que forman profesionales para la demanda laboral. Entonces, cabe la pregunta ¿En dónde queda la oportunidad de proponer ideas? ¿Cómo se miden las necesidades y la demanda de la sociedad? Demanda que debe ser cubierta por los profesionales. En esa medida nunca tendremos historiadores porque el mercado no los demanda, un absurdo académico, asi no se hace patria.
Caminando al ritmo del mercado, siempre el salvadoreño estará a la cola, y dependerá y se someterá a un empleo, asi pernoctará como un animal: comer y defecar será su rutina.
Precisamos un profesional endiosado en sus aspiraciones, para lograr un salvadoreño con independencia, y que haga de El Salvador un gran país.



