
Carlos Azucena, del Club de Motorizados Rebeldes comparte alegría con Ricardo Morales, en las instalaciones del asilo.
Fotos: Rosalía Guido
María Juana Henríquez
Redacción Diario Co Latino
El Divino Salvador del Mundo, en estas fiestas en su honor, se refleja en los rostros de 17 “abuelitos y abuelitas”, que han encontrado refugio en un hogar que lleva el nombre del patrono de la ciudad.
El Refugio, como es conocido, fue concebido por Marta Martínez, una salvadoreña que reside en Canadá, quien decidió crear un espacio en donde se pudiera dar atención a los ancianos.
Fue el 16 de marzo de este año que se funda la
Asociación Salvadoreña para Atención de Drogadictos y Ancianos Abandonados “El Divino Salvador”.
Los huéspedes en su mayoría son personas de escasos recursos que han sido abandonados por sus familias o incomprendidos por la sociedad y que deambulaban en las calles y parques de San Salvador.
Martínez tuvo sólo una razón para ayudar y es que le conmovió ver tanto abandono, tanta soledad, enfermedades y sobre todo ver la tristeza de estas persona a diario.
En este esfuerzo también hay otras dos personas ayudando, Andrés Martínez y Dora Angélica de Martínez, hijo y nuera respectivamente de doña Marta.
Andrés y Dora se han convertido en los ángeles guardianes de los albergados a quienes bañan, visten, los llevan al hospital y dan alimentación.
“El Divino Salvador” comenzó su tarea de amor con las personas mayores, cuyos fondos eran patrocinados por Marta, sin embargo, los 3 mil dólares destinados se fueron en un mes, ya que pagaban médico, enfermeras, personal de limpieza y alquiler. Ahora están pidiendo que el gobierno o alguna institución altruista les ayude.

Llegó la alegría con el Club de Motorizados Rebeldes a la Asociación Salvadoreña para Atención de Niños Drogadictos y Ancianos Abandonados “Divino Salvador”
“Padecemos de muchas necesidades como la falta de detergentes, desinfectantes, medicinas, alimentos y ropa”, dijo Andrés, director de la asociación.
Además, agregó que las necesidades del hogar son grandes. “Necesitamos camas ( muchas de las que tenemos no son aptas para que ellos duerman, son de hierro)”, dijo.
A esto se suman otras necesidades como falta de pañales desechables para adultos, ropa de adulto, cobertores, entre otras cosas.
Las carencias son muchas, pero en el camino hay esperanza como la que les dan sus “padrinos”, quienes forman parte del “ Club Rebelde Motorizado” y “Club de Motociclistas Panteras”, hombres y mujeres que aman la velocidad.
Ellos están pendientes de velar por el bienestar de los mayores y llevarles un poco de alegría, además de apoyar en las labores de limpieza y aseo diario de los abuelitos, como una de las esposas de Las Panteras, que llevó una lavadora para la asociación después de ver la cantidad de ropa que tienen que lavar diariamente.
Otros motorizados alegran su jornada de visita bailando con algunas de las señoras que al ritmo de La Sonora Matancera se mueven con soltura, olvidándose por un momento de los males óseos que padecen.
Dentro de la casa donde habitan los abuelitos se escuchan diferentes historias algunas alegres, otras divertidas y algunas muy tristes.
Dolores Blanco de Mulato, de 88 años de edad, asegura ser una de las primeras en llegar al hogar. ”Yo vine recomendada por un señor. Vengo de San José Villanueva. Las necesidades que padecemos en el hogar son de víveres, ropa de cama y detergente, porque eso es lo que más se ocupa. Pedimos que venga a vernos un médico para que los compañeros que no se pueden mover de sus camas no dejen de recibir ayuda médica. Le pido al Señor Presidente de la República que nos brinde una manita (ayuda) para sobrevivir” mientras que otros internos pedían que los “sacaran a pasear”.
Feliciana Beltrán tiene noventa años, y afirma tener tres meses de estar conviviendo en el “ Divino Salvador”.
“Vivía cerca del Modelo, con mi hija. A veces me viene a ver” recuerda, mientras que en su corazón guarda la tierna esperanza que pronto vendrá su “niña” que un día cuidó con tanto cariño y esmero, sin imaginar que la persona que tanto amó y cuidó, ahora no está con ella.
Dentro del recinto Feliciana y Dolores se han vuelto muy amigas, parecen dos colegialas, siempre juntas, a veces agarradas de las manos, de vez en cuando confesándose algún secreto, quizás de amor (porque Dolores tiene su esposo don Marcelino, quien también es residente del hogar) pero Marcelino ya no es el mismo de antes, ya no puede valerse por sí solo, a sus 101 años está sordo y ciego, necesita de los demás para su cuido. “Es el más mimado” aseguran celosamente algunos internos.
El hogar tiene las puertas abiertas para recibir cualquier tipo de ayuda. Si desea colaborar y ser uno de los protectores de estos alegres e indefensos abuelitos puede hacerlo visitándolos en Colonia Providencia, calle Sevilla #347 San salvador tel. 2100-9165.

Herculano Martínez, muestra la niñez que lleva dentro simulando tocar un instrumento en su cama.
Foto: Rosalía Guido.



