
Al amparo de la noche, las esquinas son los sitios donde esperan a sus clientes.
Fotos: Giovanni Cuadra
Roxana Córdova
Redacción Diario Co Latino
Durante el día su vida transcurre en una maquila donde se dedica a realizar varias tareas, sin embargo, llegada la noche su apariencia es trasformada con una peluca rubia, tacones y atuendos provocativos.
Daniela, como la conocen, es un travesti que se dedica a comercializar su cuerpo en una de las esquinas del centro de Santa Tecla.
Este travesti asegura que debe dedicarse por las noches a esta labor para poder cubrir sus necesidades y las de su familia, ya que el salario que obtiene en la fábrica es insuficiente.
Este hombre de origen guatemalteco y que aún mantiene la imagen masculina ante su familia, asegura que lo más difícil es sobrellevar la discriminación y los señalamientos de las personas, sobre todo si estos vienen de personas más cercanas.
“Tenés que seguir, aún sabiendo que la gente piensa y te mira como la lacra de la sociedad, sin tan siquiera saber o querer reconocer que somos personas como cualquier otra y que sentimos y tenemos sueños”, manifiesta una de las amigas de Daniela, llamada Paola, que permanece todas las noches en la misma esquina.
Paola, quien también se dedica, desde los 16 años, a comercializar su cuerpo, asegura que después de soportar los reproches y negativas de su madre y hermanos por su profesión, ha logrado ser aceptado por su familia. Sin embargo, los malestares que le causó el desprecio de sus seres queridos aún lo resienten.
“Yo vivía en San Miguel y desde pequeño tenía inclinaciones raras, por eso mis tíos me despreciaban y me trataban mal, eso es muy duro, pero ni así pude componerme”, dice, mientras se ríe y asegura que continuará en las calles.
Paola recuerda que desde niño utilizaba las faldas y tacones de su madre, por lo que recibía “grandes tundas”, pero luego de llorar por varias horas volvía a vestirse como toda una mujer.
“Recuerdo que la primera vez que salí a las calles a vender mi cuerpo tenía mucho miedo de lo que me podría pasar… las primeras veces muchos clientes no me pagaron, me golpearon y me robaron el dinero y los tacones, pero regresaba a casa y volvía a vestirme y a salir nuevamente a las calles”, afirma.
Paola, un travesti muy cotizado en la zona, debido a su apariencia, asegura que ha tenido épocas de oro, en las cuales “los clientes han hecho lo que yo he querido”.
Agrega que mantiene una relación “con un hombre que ama” desde hace muchos años, pero que ni esto la sacará del trabajo en las calles.
“Las calles son mi vida”
Pese al miedo que sienten al salir a las calles a comercializarse, porque “podrían encontrar la muerte en manos de un sicópata”, aseguran que nunca las dejarán, porque son parte de sus vidas.
Paola, Daniela y Tamara son tres travestis que comparten no solo una de las esquinas del centro de Santa Tecla, donde esperan a sus clientes todas las noches, sino también parte de sus sueños y frustraciones. En la vida de Paola siempre han estado presentes los desprecios y señalamientos por ser diferente, así como los abusos por parte de varias personas. “Cuando niño fui violado por un amigo de la familia y eso terminó de definir mi vida y me convertí en lo que soy y aunque la gente me señale por ser diferente yo seguiré con mi vida”, dijo.
Agrega que actualmente el peligro mayor son los maltratos que les generan los agentes del CAM, quienes los hostigan constantemente “y luego de remitirnos a las bartolinas nos quieren obligar a tener sexo”, manifiestan.

“Pamela”, (nombre ficticio), ofrece sus servicios desde las ocho de la noche, hora en que comienza su jornada en las calles de Santa Tecla.
El SIDA no les preocupa, porque siguen al pie de la letra las precauciones y aunque para muchos suene contradictorio confían en que “Dios siempre las mantendrá a salvo, porque no abandona a sus hijos”.
Las vidas de estas tres personas, son diferentes, pero están marcadas con los mismos señalamientos y prejuicios sociales: Ser “la lacra de la sociedad”, y mientras la exclusión y la marginación de la que son objeto les impida insertarse en la vida social y productividad del país, con otros estándares, estarán obligadas a permanecer en las calles comercializando su cuerpo. “Antes de esto, (la prostitución) hemos estado en otros lugares, fábricas o empresas, en donde por ser gays nos han tratado mal y nos han marginado”, señalan.
Por el momento, las esquinas de las calles donde cotizan entre los mejores postores los placeres que pueden brindar a través de su cuerpo, son la única posibilidad que tienen para solventar sus necesidades y la de los suyos.
Pero lo que se desconoce es que tras estos hombres disfrazados de mujeres, permanecen ocultos seres humanos con sueños, ilusiones y problemas que son solventados a través de la oscuridad de las noches.

La noche ofrece muchos peligros, ya que de acuerdo a los travestis, son visitados por toda clase de personas.



