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El Salvador, Miércoles 23 de Abril de 2014
Última actualización : 16/12:29 h.

Jueves, 25 de Mayo de 2006 / 14:00 h

De las aulas a uno de los campos de batalla

Un viaje de campo a diferentes lugares del departamento de Morazán realicé recientemente con estudiantes de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador. ">   Versión para Imprimir


Universitarios en la cima del Cerro Perquín.


Texto: Cecilia Gloribel Cabrera Martínez (Docente de la UES)

Un viaje de campo a diferentes lugares del departamento de Morazán realicé recientemente con estudiantes de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador. Dicha actividad está orientada a estudiar los temas de la realidad salvadoreña no solo de una forma teórica sino también práctica, ya que visitamos varios lugares narrados en la obra La Terquedad del Izote del escritor y periodista Carlos Henríquez Consalvi (Santiago).
Los estudiantes que asistieron a esta actividad los días 13 y 14 de mayo elaborarán un ensayo para la asignatura de Movimientos Sociales en El Salvador II la cual está a cargo de los profesores: José Vicente Cuchilla Melara y mi persona Cecilia Gloribel Cabrera Martínez. Además dichos trabajos se verán aún más enriquecidos con la visita que recientemente realizó a la cátedra Henríquez Consalvi.
El viaje fue financiado por las autoridades de la Facultad de Ciencias y Humanidades, quienes consideraron de suma importancia la actividad extracurricular cuyo fin está orientada a realizar un análisis exhaustivo de la historia de El Salvador.

Estuvimos en la Segundo Montes.
El primer lugar que visitamos fue la Radio Segundo Montes, donde la subdirectora María Elena Romero nos explicó detalladamente el origen de este medio de comunicación; y nos mostró las instalaciones de la radioemisora que hoy cuenta con un estudio de primera calidad, cuya potencia se ha ampliado y le permite cubrir un amplio territorio nacional y parte de Honduras. Estudiantes de la UES aprovecharon el momento para enviar mensajes en vivo a la audiencia, y no faltaron los aficionados universitarios del Vista Hermosa: “¡Que viva el campeón del fútbol nacional, Arriba el Vista Hermosa!, locutaron a todo pulmón.
Mirando fijamente un retrato del padre Segundo Montes que luce en la pared principal de la radio como dando la bienvenida a todos los visitantes; la subdirectora enfáticamente dijo: “Nos sentimos orgullosos de que nuestra comunidad y la radio lleven el nombre de quien luchó por nuestra repatriación, cuando solo representábamos un estorbo para el régimen quien nos vinculaba al FMLN, y además, nos consideraba una amenaza para sus intereses”. Por otra parte, también se refirió detalladamente a los miles de salvadoreños que durante los años más crudos de la guerra, de forma forzada, tuvieron que abandonar el país y refugiarse en Colomoncagua Honduras, pero que ahora son parte de esta comunidad.
El padre Segundo Montes junto con otros cinco jesuitas entre ellos el rector de la UCA, Ignacio Ellacuría, fueron asesinados con lujo de barbarie por un escuadrón del extinto Batallón Atlacatl en el marco de la ofensiva de 1989 “Hasta el Tope”, los masacraron junto a la empleada de éstos: Elba y su hija Celina 15 de años de edad. Ahora su nombre no solo vibra constantemente en las hondas herzianas de la radio que lleva su nombre; sino también en los más de 10 mil salvadoreños que viven en la Comunidad Segundo Montes.

Inolvidable experiencia la del Museo de la Revolución.
Luego de la rica experiencia vivida aquí nos trasladamos a Perquín, lugar conocido en los años de guerra como La Capital Guerrillera; precisamente visitamos el “Museo de la Revolución Salvadoreña Testimonio Vivo de la Memoria Colectiva”, donde fuimos recibidos por el guía José Leonardo Pérez Benítez, quien después de una elocuente exposición respondió a interrogantes de los estudiantes; los cuales le preguntaron, entre otra cosas, si había sido combatiente, a lo que él respondió categóricamente que sí, y manifestó que su seudónimo de guerra era “Payín”. Inmediatamente todos los que lo escuchábamos nos encogimos de hombros, completamente sorprendidos dijimos al unísono: “Payín…”. Indiscutiblemente satisfechos por habernos encontrado con el mismo personaje al que hace referencia la obra La Terquedad del Izote.
Las instalaciones del museo encierran una doble riqueza cultural; no solo porque en su interior se encuentra una galería de fotografías, aeronaves reducidas a chatarra como en la que murió el Coronel Monterrosa, el vehículo que utilizó la Comandancia del FMLN en México y que finalmente le perteneció a Schafik Jorge Handal; sino también porque esa casa ahora convertida en museo fue en varias oportunidades uno de los lugares desde donde transmitió la clandestina Radio Venceremos.
Una máquina de escribir, radios y micrófonos yacen sobre una mesa que se encuentra en un cuarto forrado completamente con cartones de huevos sobre los cuales resalta con pintura roja el siguiente texto: RV 11 Años y Seguiremos, 100.5 FM. y 6.9 FW. “Con este equipo fuimos el único medio de comunicación que denunciamos ante el mundo entero la masacre de El Mozote; pese a que el gobierno salvadoreño y la administración Reagan siempre lo negaron”, recordó Payín. Quien nos mostró también un cráter que se encuentra a un costado del inmueble con una lectura que dice “Bomba de 500 Libras”. Su potente carga explosiva es capaz de destruir hierro y acero, y “de estas nos lanzaba a nosotros y a la población civil el ejército”, dijo el guía.
El primer día de gira concluyó con la visita al cerro Perquín conocido también como cerro El Mirador. Su bello paraje dejó cautivos a varios universitarios quienes no vacilaron en pasar la noche bajo las alturas, la tormenta y el templado clima. Otros más preferimos descansar en el museo y prepararnos para salir rumbo a El Mozote.

Rumbo a El Mozote y después
al río Sapo.
En el trayecto le dimos ray a dos originarios de El Mozote a quienes les interesó el motivo de nuestro viaje, y en todo el camino se refirieron a la masacre. Uno de ellos, un joven quien nos narró la conmovedora historia de sus ancestros maternos quienes se encuentran entre las víctimas: “Tenían entre los 60 y 70 años cuando los mató el ejército, mi bisabuela era parapléjica hacía poco le había dado derrame”, nos comentó evidentemente triste.
Mientras que Ana María Domínguez nos narró que ella de milagro se salvó, ya que días antes había huido del lugar. Sin embargo durante el camino aprovechó para señalarnos algunos lugares específicos donde dice que cayeron bombas de 500 libras; las perforaciones sobre la tierra son evidentes y más de una pudimos verla detalladamente gracias a la lentitud con que se conducía el vehículo sobre la carretera resbalosa y húmeda por la fuerte lluvia que cayó una noche antes. La charla con esta septuagenaria mujer resultó tan amena que Carlos Castillo se levantó de su asiento alzó su voz y dijo: “¿Compañeros qué les parece si le damos un dólar a la señora?”, todos en medio de aplausos confirmamos que la decisión estaba bien hecha.
Al llegar a El Mozote y acercarnos al monumento en honor a los más de 400 niños masacrados, inmediatamente unos adolescentes oriundos del lugar que no superan los 15 años comenzaron a narrarnos con toda propiedad lo que en diciembre de 1981 sucedió en ese lugar y sus alrededores.
Hablan con tanta certeza como si hubieran sido testigos visuales de esa masacre: “Aquí fue el Coronel Domingo Monterrosa Barrios, del batallón Atlacatl el que ordenó la matanza. Engañaron a la gente y le dijeron que les iban a dar comida y todos venían corriendo sin saber lo que les iba a pasar, a los niños los hacían explotar con sus bayonetas, a las muchachas las llevaron aquel cerro”, señalan con su dedo; “ahí las violaron y las extrangularon. A los hombres los reunieron en la iglesia y después los mataron…”. Los testimonios son interminables y aumentan en la medida que se hace el recorrido por la zona.
“En ese palo se escondió Rufina Amaya, la única que se salvó, y se fue gateando por este lugar hasta que se les escapó a los soldados”, explicó detalladamente Brenda Chicas Márquez, una niña de 12 años quien recorre con su mirada todo el lugar haciendo gestos de desprecio ante el hecho: “El Atlacatl fue quien vino a matar a la gente con el plan Tierra Arrasada, según ellos era para quitarle agua al pez”. Todos los de la UES nos quedamos sorprendidos de escuchar la seguridad con que esta pequeña habla del tema; y como muestra de agradecimientos recogimos un buen número de monedas y se las entregamos.
Posteriormente, en el recorrido a pie Brenda junto con su pequeño hermano nos iban señalando las respectivas viviendas de las familias masacradas, así como las huellas de bombas y balas en diferentes paredes. Y cuando llegamos al monumento donde se recogen algunos nombres de los mas de mil asesinados; ambos señalando con sus dedos índice nos dijeron: “Miren, ahí están los Márquez, la familia de mi mamá, y allá los Cruz la familia de papá”.
En el libro La Terquedad de Izote el autor nos narra que la masacre de El Mozote se dio en el marco de la operación denominada “Yunque y Martillo” y que en la misma fueron asesinados el 11, 12 y 13 diciembre de 1981 más de mil campesinos de los cantones: Rancherías, Los Toriles, La Joya, Poza Honda, El Rincón, el Potrero, Yancolo, Flor de Muerto y Cerro Pando. Además transcribe un texto que asegura se encontró escrito con carbón sobre una tabla: el cual dice de la siguiente manera: “Aquí estuvo el Atlacalt, el papá de los subversivos segunda compañía, aquí la cagaron los hijos de puta, y si todavía huevos les hacen falta pídalos por correspondencia al Batallón Atlacatl”. Otros mensajes similares se encontraron dentro de la ermita, precisamente en el confesionario.
Eran las 10 de la mañana del domingo 14 de mayo cuando nos marchamos de El Mozote con una gran satisfacción por haber cumplido con una actividad académica que desde inicios de ciclo planificamos; pero que a veces parecía se nos escapaba de las manos. Sin embargo, esta conquista académica también nos llenó de nostalgia, y la tristeza terminó cerrando nuestras gargantas; porque no es fácil escuchar testimonios tan desgarradores y pasearse por los lugares que hace 25 años fueron escenario de una barbarie donde cientos de familias terminaron masacradas por la simple sospecha de ser afines a la insurgencia.
Cuando íbamos camino a bañarnos a las frescas aguas del río Sapo se acercó hasta mi asiento Walter Santamaría y me interrogó: “¿Se fijó que yo mejor preferí apartarme del grupo? ¡Sí, lo note!, le respondí. “La verdad es que sentí que iba a llorar escuchando a esa pobre gente”, continuó.
En términos similares se expresó el motorista quien nos condujo por estos lugares. “Sentí una tremenda tristeza y solo di gracias a Dios porque no me tocó nacer aquí, pronunció con tremendo pesar.
¿Cuántos testimonios desgarradores se encierran en este lugar?, quién sabe. ¿Cuántos vidas arrebató aquí el “especialista en guerra contrainsurgente” Batallón Atlacatl?; quizá nunca se sepa, aunque se maneja como dato promedio mil personas.
Lo cierto es que el operativo como bien dice su nombre “Tierra Arrasada” no perdonó en Meanguera y Joateca; edades, raza, ni sexo. 25 años después es un compromiso social como estudiantes de la UES abordar esta triste historia y luchar para que hechos como este no se repitan; sino que se cumpla lo que reza en el mural principal en honor a las víctimas donde se resume con gruesas letras: “¡El Mozote nunca mas!”.

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