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Martes 07 de Junio de 2005
San Salvador, El Salvador. C.A.

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Martes, 07 de Junio de 2005 / 14:59 h

Katya Miranda: un ángel con alas rotas…

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Roberto Hugo Preza
Especial para
Diario Co Latino

(California, junio 5). El viento golpea con fuerza los ariscos de la desértica región del sur de California… a lo lejos blancos pináculos se levantan. Son los picos de las nevadas montañas, que hoy se entremezclan con un cielo gris… hoy el sol está oculto.
Reviso meticulosamente un compendio del expediente “Katya Miranda”. Han pasado 6 años. El o los criminales están libres y su madre huyó del país, huyó de la injusticia y de la impunidad.
Es un exclusivo complejo residencial, rodeado de un envidiable clima fresco, una exhuberante belleza natural y una relajante quietud… aquí vive la familia Jiménez.
Hilda Jiménez, se ve físicamente recuperada, la pequeña Marcela, aquella tierna niña cuya imagen quedó grabada en video e impresa en los periódicos, durante la reconstrucción del crimen de su hermana, en aquel predio costero, hoy es una linda adolescente.
Una vela encendida en un dorado estante de la sala, custodia la fotografía de katya… en el dormitorio principal, un dibujo elaborado por un pintor salvadoreño engalana la pared y junto a el, una estampa de Monseñor Romero.
Las lágrimas bañan el rostro de Hilda Jiménez, al recordar la impotencia que la arrojó de El Salvador, luego de que los presuntos asesinos fueron liberados.
“ Todavía me acuerdo de la despedida. Doña Glorita García Prieto me fue a dejar al aeropuerto. Mis guardaespaldas no sabían nada. Sólo me vine con una maleta y mi hija en short y sandalias. Nos venimos, así como estábamos y el vuelo salía en menos de una hora, no hubo chance de preparar nada”, nos dice.
Acaricia las fotos de su hija y muestra una recopilación de artículos, de uno de los más sonados casos, que aún sigue en el misterio.
Hay entrevistas, relatos, testimonios, fotografías y sendos artículos que han dado la vuelta al mundo.
De un cofre delicadamente cubierto, Hilda saca varios videos caseros, allí está la inquieta y traviesa Katya. Con sus ojos expresivos y su rostro de ángel. Juega, salta, ríe… canta “madrecita querida, pedacito de cielo, tu eres toda mi vida, tu eres todo mi anhelo”. y la voz de su madre se ahoga, fluyen las lágrimas y se atenaza su corazón.
“ No los veo porque me destroza el alma”, dice Hilda con voz entrecortada; mientras la imagen de la pequeña Katya llena la pantalla. Juega en el cementerio jardines del recuerdo, en el lugar donde descansa su abuela materna… allí mismo donde su frágil cuerpo, sería depositado tiempo después.
El gobierno nortemearicano le ha brindo asilo político, porque su abogada, Meredith Brown, una prominente jurista de California, pudo comprobar que su vida y la de su hija Marcela, estaban en riesgo, por el simple hechos de exigir justicia.
Empero, la sombra de la inseguridad persigue a Hilda Jiménez, aún en este país. Edwin Miranda, su ex esposo y padre de Katya, también es un inmigrante aquí.
“ Sé que está en Washington y que trabaja en una fábrica y la verdad, es que tengo miedo que intente hacerme algo, recuerde que fui yo quien pedí públicamente que los investigara a él y a su papá”, dice la ex esposa, de quien fuera un influyente militar, bajo cuya responsabilidad estuvo la seguridad del ex presidente, Armando Calderón Sol.
“ No sé porqué los tres estamos en este país… yo me vine huyendo del dolor, de la impunidad, de ese cerco de silencio que la justicia no pudo romper… pero él de qué, o de quienes???”, se pregunta.
“ Hace más de un mes, mi hija cumplió otro año de su martirio y me duele no poder ir a su tumba a dejarle una flor… es un dolor que punza mi corazón y llena mi alma de impotencia y coraje ”, lamenta Hilda , mientras limpia con una suave franela, el retrato de su hija, vestida impecablemente con el uniforme blanco y cuello celeste del colegio Sagrado Corazón.
Hilda Jiménez, parece haber recobrado fuerzas y ahora junto a su abogada, busca allanar nuevos caminos en aras de una reapertura del caso, que aporte nuevos elementos que puedan traspasar esa barrera de misterio que rompan el código de silencio y que descubran pistas para seguir las huellas de él o los asesinos de Katya, ese ángel de alas rotas… se trata de buscar la verdad para que la historia no se repita. Y en El Salvador, no haya más ángeles con alas rotas.



(LEA MAÑANA…UN MENSAJE A LA JUSTICIA)



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