Lunes, 18 de Octubre de 2004 / 17:07 h
Los tesoros póstumos de Fernando Pessoa

Título: Homenaje a Fernando Pessoa
Autor: Luis Badosa
Técnica: Óleo sobre tela
Ilustración tomada de www.ehu.es
Por Alfonso Carvajal*
Prensa LatinaUn baúl lleno de gente, de Antonio Tabucchi, resume el misterio literario de uno de los más grandes poetas del siglo XX, o quizás el mayor: el lusitano Fernando Pessoa. El título de su libro es la llave que abre el umbral de una de las personalidades más herméticas y excitantes de la literatura contemporánea.
En 1942, siete años después de la muerte del poeta, quien en vida sólo había publicado Mensagem, un pequeño volumen de poesía, comienza a develarse el secreto. De un baúl rescatado del olvido, abigarrado de manuscritos, empiezan a desfilar ante los ojos incrédulos de filólogos, editores y literatos, nombres como Alvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Bernardo Soares, y otros heterónimos, cuyo único padre verdadero era Fernando Antonio Nogueira Pessoa.
La leyenda dio paso a la realidad. Detrás del gris oficinista que traducía cartas comerciales, del hombrecito delgado que murió de una crisis hepática, producida por el alcohol y las noches de escribiente solitario y a la deriva, se descubría una de las obras más asombrosas y revolucionarias del siglo XX.
Y Tabucchi en una prosa exaltada y de honda meditación, donde se combina la pasión y la inteligencia crítica, la experiencia propia y ajena, se acerca a los yoes del poeta portugués, a su increíble capacidad de ser otros y él mismo, al hombre que en un acto de locura o genialidad elaboró sistemáticamente al ser fragmentado, dislocado y escindido de nuestra época, y con extrema lucidez dice: “Pessoa es una múltiple, monstruosa y mala conciencia: la mía, la nuestra, la vuestra, la de todos los hombres de buena voluntad, sea la que sea la buena voluntad de que se trate... Pessoa es una concreción, una de esas criaturas que parecen ungidas por el destino para asumir para sí penas que pertenecen a los demás”.
Pero es en la voz de uno de sus hijos putativos, Alvaro de Campos, donde el portugués en una confesión poética da luces al misterio: “Me he multiplicado para sentir, /para sentirme, he debido sentirlo todo, /estoy desbordado... me he desnudado, me he dado, /y en cada rincón de mi alma hay un altar a un dios diferente”.
Un baúl lleno de gente, más que señalar conclusiones científicas y especulativas, ahonda en la línea tenue entre ficción y realidad, y entre otras cosas, hallamos la ternura y el vértigo de un hombre que le escribe a Ophélia Queiroz, el único amor de su existencia, que su vida gira exclusivamente en torno a la literatura y que lo demás es secundario.
O una carta que Pessoa le dirige a Adolfo Casais Montero, donde explica con inmensa sinceridad y delirio el origen de sus heterónimos: “El origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos, afortunadamente para mí y para los demás, se han mentalizado en mí; quiero decir que no se manifiestan en la vida práctica, exterior y de contacto y con los demás, explotan hacia el interior y yo los vivo sólo, conmigo mismo”.
Luego de leer estas páginas, de involucrarnos en el mundo de Pessoa, gracias a la mirada iluminada y erudita de Tabucchi, comprendemos entre el asombro y la perplejidad, que no hay nada escrito, pero que “la literatura, como todo arte, es la demostración de que la vida no basta”.
*Escritor y periodista colombiano.