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domingo , 22 octubre 2017
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Es el capitalismo, estúpido (2)

@renemartinezpi
renemartezpi@yahoo.com*

Al estar, doctor las encuestas de opinión, subordinadas a intereses políticos –con conocimiento de causa o sin él, da igual- tanto la significación de la respuestas como el análisis frívolo de los resultados está condicionada por tales intereses y por eso no se analizan las contradicciones que manan del imaginario popular, tales como que: “más del 70% de las personas no confían en los partidos políticos ni en el Tribunal Electoral” y, sin embargo, como si fuera la penitencia inexorable y masoquista del ladino, siempre acuden a votar por aquellos en quienes no confían. De esa forma la encuesta de opinión pública –apoyada en la televisión capitalista que es la que fija cuál es la problemática- se convierte en un instrumento de acción política sofisticado y su función principal es imponer la ilusión de que existe una “opinión pública” independiente de la ideología y de los intereses económicos de la clase dominante.

Esa es la premisa a partir de la cual se vendió la falacia del “fin de la historia y la ideología” para desvirtuar la objetividad de la lucha de clases, falacia que pretende ser ratificada por los caballeros templarios del capitalismo (Sala de lo Constitucional) últimamente con resoluciones fatales que le lanzan migajas transgénicas de democracia al pueblo, tales como la del “voto cruzado” con el que supuestamente se va a elegir la Selección Nacional de Diputados, haciéndole creer al pueblo que los candidatos son tales en tanto individuos y no en tanto representantes de una clase. Hay que ser un estúpido, estúpido, para creer que los candidatos –ya como funcionarios- van a representar a la figura abstracta del “votante”, pues se olvida que éstos para ganarse el privilegio de ser candidatos deben ser fieles al partido que los postula y a la clase social que los patrocina para que, en las próximas elecciones, sean postulados de nuevo. Además, ¿realmente es posible que la gente común y corriente reconozca por fotos a los candidatos de tal forma que pueda hacer su propia alineación de la selección nacional si ni siquiera puede reconocer a los jugadores de fútbol playa que son mucho más conocidos y reconocidos? Los candidatos de los partidos de derecha son candidatos del capitalismo, estúpido (así como todos los candidatos son iguales entre sí y son presentados como honestos, capaces e identificados con el pueblo, porque esa es la envoltura de la mercancía llamada “político”), y por esa razón originaria van a comportarse como tales ya cuando sean funcionarios.

El objetivo ideológico de las encuestas de opinión –que, como todo en el capitalismo, se convirtieron en un negocio- es constituir la idea según la cual la opinión de la gente cuenta -aunque no sepa nada de lo que está opinando o se le pregunte sobre cosas intrascendentes- para legitimar una política capitalista, una mercancía (y la democracia y los políticos ya son tratados como tal hasta el punto en que los candidatos son licuadoras sin garantía) y reforzar las relaciones de poder que la sostienen. Pero en el capitalismo no se recurre a la opinión pública para consultar los aspectos esenciales del sistema, tales como: la privatización de los servicios públicos o el monto del salario mínimo, porque en tales casos dicha opinión no importa y no cuenta. Sería interesante como constructo moral básico, por ejemplo, que se sometiera a la sabia consideración de la opinión pública el salario mensual de los diputados, ministros y magistrados de la Sala de lo Constitucional, pues, de seguro, no se les pagaría más de dos salarios mínimos.

Sobre las encuestas de opinión pública -que son una opinión de clase, propia o ajena, inducida por los medios de comunicación- uno de los mecanismos que se utilizan para producir la sensación de que existe un consenso básico bien informado es ignorar a los que “no contestan” y no analizar las paradojas en las respuestas, porque son encuestas de acción: la respuesta a ¿por quién va a votar? dará resultados certeros, pero éstos –según las encuestadoras- no requieren ser analizados científicamente para no desbaratar el negocio, o sea que no se requiere conocer las razones de la decisión y, mucho menos, si estas razones son históricamente fundamentadas, lo cual es improbable si se carece de identidad y memoria histórica.

El simple análisis estadístico de los “no contestan” proporciona información sobre lo que significa la pregunta y lo que no significa; sobre la categoría considerada y la razón no considerada. La esencia del imaginario de los que “no contestan” está dada tanto por la probabilidad de tener una opinión como por la probabilidad condicional de tener una opinión a favor o en contra. Uno de los efectos más perniciosos de la encuesta consiste en conminar a la gente a responder a preguntas que no se han planteado de forma literal y a no responder lo que, igualmente, no está planteado de forma literal. En definitiva, las encuestas de opinión pública pretenden hacer de las respuestas “piezas o pedazos de la realidad” que jamás encajarán para armar el confuso rompecabezas social porque no son sus “piezas”.

Y es que las personas –al ser consultadas en la calle o por teléfono- producen la llamada opinión pública desde una posición privada –producen opinión sin ideología desde su ideología- a través de lo que los sociólogos llaman el “ethos de clase”, es decir un sistema de valores implícitos, interiorizados desde la infancia, a partir del cual se generan respuestas automáticas a toda clase de problemas y es la materia prima de toda clase de visiones de futuro, aun cuando esa visión de futuro sea una vuelta al pasado; o aun cuando esa visión de futuro no conozca su pasado ni su presente. En otras palabras, la esencia de las respuestas responden a una oposición entre dos principios de producción de opiniones: a) el principio específicamente político; y b) el principio ético definitivamente ideológico. Así, toda respuesta tiene a su base al capitalismo, por lo que se puede afirmar que tanto la problemática como la opinión sobre la misma responde al capitalismo, estúpido.

El efecto de imposición de problemática es buscar opiniones sobre un problema dado cuanto más interesado está la clase dominante por ese problema, por eso en la televisión capitalista nunca ocupará la primera plana lo exiguo del salario mínimo. La encuesta de opinión trata a la opinión pública como un agregado de opiniones cuando en realidad las opiniones son fuerzas y las relaciones entre opiniones son conflictos de fuerza entre grupos. Es el capitalismo, estúpido.

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