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sábado , 21 octubre 2017
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Un entorno  para los hombres

Un entorno para los hombres

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y coordinador Suplemento 3000

 

El sol estaba demasiado caliente, del agua brotaban burbujas que aceleradamente subían a la superficie. Lo humanos habitan bajo tierra en entornos artificiales diseñados a manera de burbujas con máquinas de aire acondicionado que producían oxigeno, hasta un día en que los científicos encontraron la forma para combinar los genes de reptiles y batracios con los de los humanos. Fue difícil que el mestizaje funcionara, pero al final fue todo un éxito, al fin podrían salir a la superficie sin necesidad de trajes o vehículos.
Lo probaron con un grupo de ocho voluntarios: la mitad hombres y la mitad mujeres para cada uno de los mestizajes, pues decidieron dividirlo en dos grupos, uno de batracios y otros de reptiles. Todo salió a la perfección y los humanoides salieron a explorar la tierra y los océanos.
Pronto el resto de seres humanos quisieron salir y ver las maravillas de las que hablaban los exploradores y un día la burbuja quedó vacía. Los reptiles homidos habitaron la tierra, se reproducieron, cultivaron plantas resistentes al calor, pero tuvieron un problema, les era dañino comer vegetales, cada vez que lo hacían enfermaban. Todos tuvieron problemas con su digestión.
En cambio los batracios homidos poblaron los lagos y el mar, se alimentaban de algas y de criaturas de las profundidades, adaptaron sus vidas tan bien que tuvieron buenas relaciones con las pocas ballenas y delfines que aún vivían.
Ambas razas habían pactado reuniones anuales para hablar de sus avances y problemas. Así lo hicieron por un tiempo hasta que los reptiles se arrojaron sobre los representantes de los batracios y los devoraron. No quedó uno solo.
Los demás batracios se dieron cuenta, pero decidieron dejar las cosas como estaban, para no correr riesgos, pues eran pacíficos y estaban en desigualdad de número y fuerza.
Con los años unos reptiles gigantescos y de distintas formas caminaban sobre la tierra devorándose entre ellos, mientras en el mar un homotracius explicaba a un grupo de jóvenes militares los peligros que encontrarían en la superficie seca, para que llevaran a la perfección su misión de empezar la cacería.

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