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martes , 12 diciembre 2017
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En las calles y sin maestros (violencia social)

En las calles y sin maestros (violencia social)

Caralvá

Fundador

Suplemento Tres mil

 

En algunas ocasiones –o diariamente en la efímera realidad de justicia- si anotáramos textualmente nuestro pensamiento nos meten a la cárcel, cialis quizás porque nuestro ejercicio se refiere a la explícita violencia que vivimos en todos los niveles, stuff de tal forma que las palabras: “peligro” “sangre” “cadáveres” se convierte en sumatoria de episodios seriales, and en conclusión una verdadera calamidad de indiferencia.

Ahora en nuestra sociedad, el peligro aparece incluso en la rutina deportiva, al practicar ciclismo de noche los jóvenes son atropellados por conductores intolerantes, lo mismo son asaltados, de igual forma cuando dejan sus vehículos estacionados por largas horas, existe incertidumbre hasta verificar su estado completo; en otros deportes: aeróbics, motociclismo o automovilismo –conste que las carreras clandestinas son muy frecuentes- los autos son asociados con la velocidad extrema, los conductores apasionados intentan demostrar que resucitarán después de un impacto de 150 kms/h, las estadísticas dicen que no, pero ellos se aferran al “si”  y por el momento pierden con gran diferencia; vivimos esa violencia social.

Nuestro sentido de peligro, pasión, emoción, vértigo etc. es transformado de individual a social, ello es posible por historias en los canales de comunicación masiva, redes sociales, filmes, etc. que arrastran nuestras primitivas experiencias de supervivencia a nivel colectivo, de tal forma que una historia de ciencia ficción puede provocar el mismo “efecto de peligro” que la vida de un hombre que ha sobrevivido en el mar durante 13 meses a la deriva, es como si la ficción y la realidad compitieran por motivos comerciales, a pesar del reduccionismo “todo es por dinero”, la persona no importa, en ocasiones vale más muerta que viva, la violencia social es negocio.

Pero existe una disciplina que puede guiar a nuestra sociedad decadente denominada: “Historia”; los medios de comunicación y todas sus filiales al servicio de “poderosos intereses” se aferran a la mentira de la misma forma que las monarquías en tiempos de la Revolución Francesa, se muestran incondicionales a principios aberrantes como los nazis a su antisemitismo, pero como demuestra la Historia el bien terminará imponiéndose con un alto costo de inocentes.

Si usted no sabe el daño que produce un arma de fuego, si no ha observado el dolor de una persona herida, si no vivió la guerra civil donde todo se resolvía a balazos o por actos más crueles, debe estudiar los archivos de Tutela Legal, pero sin emoción alguna prefiero la solución política al baño de sangre que se anuncia, lo cual es lo mismo: arma por arma, sangre por sangre, situación decadente pero impuesta por sectores políticos y fanáticos a sueldo. En ocasiones pienso que el “condicionamiento a la violencia” tendrá como límites la poderosa clase social que la provoca, nuestra mejor escuela es la calle y los mejores maestros son los autores de tanto daño a la sociedad, a pesar de las buenas intenciones de algunas instituciones, el camino de la violencia individual abre las puertas a soluciones sociales armadas.

La literatura actual describe un lejano paraíso o un cercano infierno, exactamente como en la jungla, con soluciones individuales o sociales, como en la calle y sin maestros.

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